Brasil y sus escuelas dirigidas por militares

Las escuelas cívico-militares de Jair Bolsonaro en Brasil

Según investigadores brasileños, el incremento del número de las escuelas en donde los militares tienen participación viola la gestión democrática de los centros educativos, así como la libertad de cátedra y pensamiento.

En septiembre, el presidente Jair Bolsonaro lanzó un programa nacional de escuelas cívico-militares, con las que, dice, quiere “mejorar la educación”. / AP

Cumpliendo con su promesa de campaña, el presidente Jair Bolsonaro decidió ampliar el número de escuelas cívico-militares en Brasil. Se prevé la inauguración de 54 centros en el 2020.

El presupuesto asignado a cada centro podrá ser de aproximadamente US$240.000. El valor incluye la remodelación de las escuelas públicas y el pago de personal militar. El Distrito Federal y 16 estados brasileños ya adhirieron a este programa.

Brasil, a lo largo de los años ya había creado 203 escuelas cívico-militares. Sin embargo, se espera que en 2023 el país cuente con 216 centros más; es decir se duplicará el número de escuelas dirigidas por militares.

La decisión de ampliar estos centros se inserta en una de las metas del presidente Jair Bolsonaro, muy promocionada desde su campaña: disciplinar el sistema educativo público brasileño.

A los pocos días de su llegada al Palacio del Planalto, Bolsonaro firmó el decreto que creó la Subsecretaría de Fomento de las Escuelas Cívico-Militares, cuya administración estará bajo responsabilidad de las Fuerzas Armadas, pero se afirma que la enseñanza seguirá siendo impartida por los profesores actuales. Resta saber si esto realmente sucederá y hasta cuándo.

¿Cómo funcionan?

En un principio, se contará con el apoyo de militares de la reserva, pero en caso de que sea necesario, habrá participación de los bomberos y de la Policía Militar.

Según información del Ministerio de Educación, publicada en el periódico Carta Capital, “el valor anual por escuela será de un millón de reales, cifra que será destinada al pago de los militares. Una escuela de aproximadamente mil alumnos contaría con la participación de 18 militares: un oficial de gestión escolar (oficial superior), un oficial de gestión educacional (oficial subalterno-intermedio) y 16 monitores (sargento, suboficial o subalterno)”.

En estas escuelas, antes públicas y gratuitas, los estudiantes deberán pagar un valor correspondiente a la matrícula. Estas instituciones educativas también podrán contar con presupuesto del Ministerio de Educación, Fuerzas Armadas y Policía Militar.

Para que las escuelas públicas reciban este beneficio del gobierno deben tener mínimo 500 alumnos, entre 16 y 18 años.

El gobierno justifica su decisión en el excelente nivel académico de las escuelas cívico-militares. Sin embargo, una investigación hecha por el periódico la Folha de São Paulo demuestra que estudiantes provenientes de estas escuelas públicas, con niveles similares a las escuelas cívico-militares, obtuvieron resultados semejantes. Por medio de esta investigación se confirmó que el nivel de rendimiento de los estudiantes está fuertemente vinculado con su situación socioeconómica.

Para nadie es un secreto que existe una rigurosa disciplina en las escuelas cívico-militares tanto en lo que se refiere al comportamiento como a la presentación personal de los estudiantes. Le puede interesar: El ministro brasileño que admira a Pablo Escobar

Cuestionamientos

Mas allá de esto, ¿será que Brasil está realmente dispuesto a institucionalizar la obediencia ciega por medio de la cultura del miedo? Si bien el país ya contaba con un número significativo de escuelas cívico-militares, esta decisión ha levantado una serie de cuestionamientos.

Para muchos investigadores, el incremento del número de las escuelas cívico-militares “hiere dos principios constitucionales: la gratuidad de la escuela pública y la gestión democrática de los centros educativos”, lo que implica la libertad de cátedra y de pensamiento.

Por otro lado, el hecho de que estas escuelas cívico-militares exijan pago de matrícula por parte de los alumnos, gran parte de los cuales provienen de estratos sociales vulnerables, reforzaría la cultura del privilegio, fuertemente instaurada en la cotidianidad nacional.

Resulta muy conveniente una reflexión seria acerca de la línea divisoria entre el papel de los militares y de los organismos responsables por la educación en los estados.

Además de esto, sería sano que los militares asignados a esas escuelas no fueran seleccionados exclusivamente por sus superiores, sino que tuvieran que pasar por una serie de pruebas psicológicas y vocacionales.

Uno de los grandes retos de la militarización de centros educativos públicos en Brasil será enseñar a los militares que una escuela no es un cuartel ni un centro de operaciones militares. ¿Qué diría el inmortal pedagogo Paulo Freire acerca de la escuela “sin partido” del gobierno del presidente Jair Bolsonaro?

*Profesora de la Universidad Externado de Colombia.

 

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*Beatriz Miranda

El Mundo

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