Este mes, Brasil lanza programa de abstinencia

Las lecciones de sexo de Jair Bolsonaro

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El gobierno de Brasil tiene un enemigo: el sexo, y de la mano de la ministra de la Mujer le declaró la guerra.

Aunque Unicef, la Organización Mundial de la Salud, otras entidades mundiales y expertos coinciden en que la principal causa del embarazo adolescente es la falta de acceso a una educación sexual integral y a servicios de prevención y anticoncepción, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, propone la prohibición como fórmula para solucionar el problema. No solo aconseja a los jóvenes abstenerse de tener relaciones sexuales, sino que también ha sugerido no hablar de sexo.

La tasa de embarazos entre adolescentes en Brasil tocó máximos históricos en 1990, cuando 80 de cada mil nacimientos correspondían a menores de edad. En un informe de Naciones Unidas publicado el año pasado se alertó sobre la posible repetición de esa tendencia, pues se reportaron cerca de 62 alumbramientos juveniles de cada mil. La media mundial es de 46 nacimientos por cada mil.

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La ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos en Brasil, Damares Alves, una de las figuras claves del gabinete de Bolsonaro, anunció que este mes el gobierno lanzará una campaña para promover la abstinencia y reveló que ese plan fue diseñado con ayuda de los directores de la campaña “Yo elegí esperar”, una iniciativa de pastores evangélicos con mucha influencia política en el gobierno. Apoyaron en las urnas al mandatario por ser contrario al aborto, a la ideología de género y a las clases de educación sexual.

Organizaciones sociales brasileñas criticaron el plan. Dicen que el país hizo progresos en el tema de embarazo juvenil en los últimos años y que insistir en la abstinencia basados en una decisión religiosa podría provocar el rechazo de los jóvenes y el aumento de la ignorancia frente a temas sexuales por parte de buena parte de los brasileños.

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No les sorprende la campaña que pretende lanzar Alves, pues Bolsonaro se ha dedicado desde 2018 a dar clases de sexo en el país a punta de medidas polémicas. En mayo de 2018, por ejemplo, impulsó la campaña “Escuela sin partido”, que promueve que los profesores de las escuelas “se limiten a enseñar biología, matemáticas y portugués y tengan prohibido hablar en clase de aborto, embarazo adolescente, sida y otros temas sexuales”.

Bolsonaro acusa a la izquierda de alentar a los adolescentes a “tener relaciones sexuales a temprana edad” y amenazó con castigar a quienes impulsaran una campaña contra la homofobia (medida promovida por el Partido de los Trabajadores) que no logró ver la luz. Según el actual presidente brasileño, “se trataba de un kit de homosexualidad para pervertir a los estudiantes”.

Es bien conocida la homofobia de Bolsonaro. En 2011 dijo en una entrevista que “sería incapaz de amar a un hijo homosexual, prefiero que muera en un accidente”, y en otro momento agregó: “¿Crímenes de homofobia? Mueren más heterosexuales”. Alves, su ministra estrella, quien se define como “terriblemente cristiana”, aseguró el día de la posesión presidencial (enero 1.º de 2019) que comenzaba una nueva era en la que “los niños visten de azul y las niñas de rosa”.

No ha sido la única declaración polémica de la ministra y pastora evangélica de la Iglesia Cristiana Cuadrangular. Meses después comentó que las niñas pobres que viven en el estado amazónico de Pará sufren violaciones “porque no llevan ropa interior”. “Tenemos que crear una fábrica de ropa interior en Marajó que genere empleo y a las chicas les salga más barata”, agregó.

La ministra de Bolsonaro también les aconsejó a los padres de las niñas abandonar el país por los altos índices de violencia y abusos sexuales que se registran. De acuerdo con un informe del Fórum Brasileño de Seguridad Pública, en 2018 se presentaron, en promedio, 180 violaciones por día, el mayor número desde 2009. En una entrevista radial, Alves dijo: “Si tuviera que dar un consejo a los padres de una niña les diría: huyan de Brasil, usted está en el peor país de América Latina para criar chicas”.

Las salidas en falso de Bolsonaro también abundan. El año pasado, justo antes del comienzo del Carnaval de Río y después de prohibir que se hablara de sexo, publicó un tuit para criticar la fiesta brasileña. Subió un video de una pareja de homosexuales realizando una lluvia dorada, un fetiche sexual en el que una persona orina sobre la otra. Las críticas cayeron de todos lados y los más conservadores lo tildaron de pornográfico.

El apoyo religioso sufrió nuevas fisuras cuando en mayo pasado se burló de un ciudadano japonés en un aeropuerto. El presidente cuestionó al turista diciendo: “¿Todo pequeño allí?, aludiendo al órgano sexual masculino, con el que Bolsonaro, dicen periodistas, tiene una obsesión. “En Brasil se producen cerca de mil amputaciones de pene al año debido a la falta de agua y jabón”, fue otra de sus afirmaciones recientes. Y agregó: “Estoy triste por estas cifras. Tenemos que encontrar la manera de salir del fondo de este agujero”.

Sus desaciertos en el tema no cesan. El año pasado pidió al Ministerio de Salud retirar un folleto sobre salud reproductiva que incluía dibujos del cuerpo humano, porque según él “es algo inadecuado para los niños”.

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