Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 4 horas

Las mujeres se cansaron de callar: el legado de Roy Moore

En la cadena de escándalos que sacuden a Estados Unidos, el caso de este político cristiano acusado de acoso de menores vuelve a mostrar cómo la política crea las relaciones de género y cómo estas relaciones determinan la política. Un debate que urge en Colombia.

Moore había sido acusado de conducta sexual inapropiada con menores de edad, lo que habría sido decisivo para su derrota al Senado. AFP

El predador

El pasado 12 de diciembre, el demócrata Doug Jones venció al republicano Roy Moore en la contienda al Senado de Estados Unidos por el estado de Alabama. Moore había sido blanco de varias acusaciones de conducta sexual inapropiada con menores de edad y esto habría sido decisivo para su derrota. Siendo un alto funcionario de Alabama, cuando tenía algo más de 30 años, el candidato habría iniciado un encuentro sexual con Leigh Corfman, en ese momento de 14 años, y también habría buscado tener relaciones con niñas de 16 y 17 años.

Moore lleva 32 años casado con Kayla Moore. La vio por primera vez —como él mismo reconoce en sus memorias — cuando ella tenía 15 años y participaba en un recital de danza. Moore niega las acusaciones, pero hasta el momento han surgido nueve denuncias distintas y decenas de testigos. Y en todo caso su matrimonio confirma su preferencia —por lo menos de esa época— por mujeres mucho más jóvenes que él.

Un legado sexista y religioso

El caso de Moore es parte de una oleada de escándalos que comenzó contra el entonces candidato Donald Trump (quien fue acusado por 16 mujeres). La oleada continuó contra el conocido cómico Bill Cosby, y en las últimas semanas ha puesto fin a la carrera de personajes tan influyentes como el productor de cine Harvey Weinstein, el actor Kevin Spacey, el director ejecutivo de Amazon Roy Price, el comediante Louis C.K, o el periodista Charlie Rose. Pero el caso Roy Moore es diferente y especial. Mientras los otros acusados (con la excepción obvia y penosa de Donald Trump) han sido objeto de rechazo casi unánime, Moore tuvo defensores y detractores muy diversos.

Muchos concuerdan con Scott Taylor, representante republicano por el estado de Virginia, quien declaró que si se tratara de una de sus hijas, él “le rompería la cara [a Moore], los dedos y, probablemente, le haría algo mucho peor”. En estos sectores hay un rechazo rotundo. Pero también hubo reacciones favorables a Moore. El auditor del estado de Alabama, Jim Ziegler, declaró que “la virgen María era menor de edad cuando concibió a Jesús” y que “esto no tiene nada de inmoral ni de ilegal; tal vez un poco de inusual”. Y el pastor Flip Benham dijo que Moore perseguía relaciones con menores a causa de la “pureza” de estas niñas.

Lea: El mundo después del efecto Weinstein

Para Benham, y seguramente para el mismo Moore, buscar una esposa entre jóvenes adolescentes permite realizar un ideal: el del esposo-padre cuyo papel es el de darle forma a una gema en bruto, cuyas asperezas hay que pulir cuando aún es pura. El ideal de Moore es que esa relación asimétrica sea consentida por la mujer misma. Tanto así, que Kyla Moore es una de las más acérrimas defensoras del candidato acusado.

Este orden de género desigual, profundamente arraigado, engendra visiones políticas que, exteriorizadas en el ámbito social, dan lugar a las más variadas expresiones de poder. Entre más alto sea el nivel jerárquico del hombre, menores son el estatus y el salario de las mujeres. Y entre mayor sea esta diferencia, menos compatibles son la vida afectiva y sexual de la mujer con su vida profesional y laboral.

Las relaciones de género construyen política y es fundamental preguntarse qué tipo de sociedad queremos formar: ¿queremos una sociedad que naturaliza desigualdades y las ignora, trivializándolas en el ámbito público? No es gratuito que Trump haya zanjado esta discusión diciendo que “No necesitamos a un liberal allí [en Alabama]”.

Relaciones de género y política

“La política construye relaciones de género y las relaciones de género construyen la política”. Esta frase que la historiadora Joan W. Scott escribió en 1986 resume la forma compleja como un modo de organización social determina las relaciones de género, y a su vez las relaciones de género determinan el tipo de sociedad que queremos. Su resumen sigue siendo muy vigente.

Doug Jones, que venció a Moore en la carrera por el Senado, es conocido por haber juzgado a unos hombres del Ku Klux Klan 40 años después de que asesinaron a cuatro niñas afroamericanas. En tiempos de Trump, Jones estuvo a favor de políticas como la reforma del sistema penitenciario, el aumento del salario mínimo, la legalidad del aborto o la preservación del sistema de salud Obamacare.

Jones también fue conocido por defender la participación de personas transgénero en la milicia y su libertad de elegir qué baños utilizar. Para Moore, por el contrario, los transgénero “no tienen derechos, porque la Corte Suprema no se los ha reconocido”. Según Moore, admitir estos derechos sería restarles prominencia a los derechos de las mujeres, que serían opacados por los de otras minorías “antinaturales” a su parecer.

Las concepciones de género determinan una propuesta política y viceversa. Usualmente, los asuntos de género se relegan a la esfera privada, pero aun si sus implicaciones se limitaran al desprestigio de algunos pocos, es necesario entender que en realidad reflejan un orden social con incidencia decisiva sobre la vida de todos.

En Colombia el machismo, la defensa de un único modelo de familia y la llamada “ideología de género” son apenas tres muestras elocuentes de cómo las relaciones de genero condicionan y a su vez son reforzadas por el discurso político.

*Profesora de la Universidad de los Andes y analista de Razón Pública.

**Profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y analista de Razón Pública.

Este texto es publicado gracias a una alianza entre El Espectador y el portal Razón Pública.