Las preguntas que dejan las elecciones de Bolivia

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Las elecciones en Bolivia se desarrollaron en una tensa calma, con los temores de que se repitieran los disturbios y las denuncias de fraude. Eso sí, todavía hay muchas preguntas en el aire, pues no sabe si Evo Morales volverá al país y si en las elecciones que perdió el año pasado realmente hubo fraude.

Tras su aplastante e inesperada victoria electoral, pues las casillas lo ubican como vencedor sin necesidad de segunda vuelta, el candidato de izquierda Luis Arce deberá enfrentar la crisis económica y cerrar las heridas de una Bolivia polarizada por la convulsión social que acabó con el gobierno de Evo Morales en 2019. La elección del domingo se desarrolló en un ambiente de paz aunque no exento de temores a que se repitieran los disturbios que dejaron más de 30 muertos en 2019, y que culminaron con denuncias de fraude y con el rifirrafe entre Morales y la OEA, que avaló su derrota en un polémico proceso.

El año pasado, un 20 de octubre, Bolivia votaba en medio de un ambiente desgastado políticamente, incluso algunos jóvenes indígenas se oponían a avalar un nuevo mandato de Morales. Ahora, con su posible regreso al país, el país debe tomar medidas para que los hechos no se repitan. “Es necesario curar las heridas entre los bolivianos, aunque no va ser un proceso tan automático”, dijo a la AFP la politóloga María Teresa Zegada, de la Universidad Mayor de San Simón.

“Ojalá que Arce y el Movimiento Al Socialismo (MAS) hayan aprendido esta lección democrática con la experiencia del 2019 y que puedan abrirse al diálogo para lograr una convivencia democrática, que no existió en los últimos años del gobierno de Morales” (2006-2019), agregó.

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Y es que Morales afirmó justo ayer: “Es cuestión de tiempo. Mi gran deseo es volver a Bolivia”. Esto a pesar de que sobre él hay orden de detención por terrorismo y financiamiento del terrorismo durante la convulsión del año pasado. Los analistas estiman que Arce deberá hacer una lectura reflexiva del nuevo escenario político y definir el papel de Morales en su gobierno. “El nuevo gobierno debe adoptar una posición responsable para evitar nuevamente discriminaciones entre los bolivianos, la soberbia y la corrupción, todo eso debe cambiar”, dijo a la AFP Guery Chuquimia, analista político y antropólogo de la Universidad Mayor de San Andrés.

Este es uno de los grandes interrogantes que todavía está por resolverse, pues el exmandatario había asegurado que volvería al país en caso de que ganara su candidato, pues actualmente está en Buenos Aires. Al ser preguntado si ocupará algún cargo en el nuevo Gobierno, recalcó que lo que quiere es ser agricultor y pequeño productor en esa zona.

El expresidente agradeció a los líderes de izquierda que le apoyaron y dijo que tras la jornada electoral recibió varias llamadas, entre ellas del papa Francisco, de la que no dio más detalles. “Sentimos que no estamos solos”, aseveró, y aunque volvió a cargar contra el imperialismo, señaló que la política de su partido, el Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), es “tener relaciones con todo el mundo”, incluido Estados Unidos, pero de “respeto mutuo”.

“Felicitamos al presidente electo de Bolivia, Luis Arce, y al vicepresidente electo, David Choquehuanca. El presidente Trump y Estados Unidos esperan trabajar con el gobierno electo boliviano en los intereses compartidos de nuestros ciudadanos”, dijo el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Michael Kozak.

En este sentido, anheló el relanzamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), “que tanta falta hace en este momento”, y recordó los tiempos en que coincidió en el poder con Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela) y Néstor Kirchner (Argentina): “los pueblos movilizados identificando a sus enemigos en lo ideológico, programático, cultural y social, interno y externo”.

Mientras el órgano electoral de Bolivia reanuda el cómputo oficial de votos, que con cerca del 18 % de actas escrutadas da ventaja al candidato presidencial Carlos Mesa, los sondeos a boca de urna dan vencedor desde la noche del domingo a Luis Arce, y tanto la presidenta interina, Jeanine Áñez, como el propio Mesa ya han reconocido el triunfo del MAS-IPSP.

El expresidente, que ejerció desde Argentina como jefe de campaña de su partido y ya anoche proclamó la victoria de su candidato, reiteró que el pueblo ha sido “consciente y valiente para decir no a la dictadura”, en referencia al Ejecutivo interino, al que siempre acusó de haber dado un golpe.

De hecho, ese es otro de los grandes interrogantes que deja el reciente proceso electoral en el país, pues el año pasado la OEA fue uno de los grandes organismos con los que se enfrentó Morales. “Entiendo que algunos técnicos de la OEA están no a favor de los humildes, sino de los grupos de poder. La comisión de la auditoria de la OEA ha tomado una decisión política”.

Con estas palabras, Evo Morales, entonces presidente de Bolivia, terminó el discurso en el que anunció el pasado domingo su renuncia al cargo que ostentó por 13 años. Para justificar su decisión, el líder cocalero indígena denunció que en su país se dio “un golpe cívico, político y policial” y que se iba para evitar que se diera"más violencia".

“A la comunidad internacional, sean de Naciones Unidas, sean de la OEA, de la Unión Europea, embajadores: digan la verdad sobre este golpe de Estado. Difundan que ser de izquierda, ser indígena, ser antiimperialista es nuestro pecado”, manifestó en su momento.

En su discurso de despedida, Morales atizó especialmente a la Organización de Estados Americanos, que tras la publicación de un informe electoral lo puso contra las cuerdas. Muy temprano ese domingo, el organismo internacional publicó los resultados de la auditoría del proceso electoral del 20 de octubre de 2019, en el que el líder indigena salió victorioso en medio de acusaciones de fraude por parte de la oposición, en especial por su contrincante Carlos Mesa.

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La OEA argumentó que era estadísticamente improbable que Morales hubiese ganado por el margen de 10% que necesitaba para evitar una segunda vuelta. Además, el organismo denunció en las 13 páginas del reporte sendas irregularidades en elementos como la tecnología, la cadena de custodia de los votos y las actas electorales. Ante este panorama, la comisión sugirió al gobierno boliviano a convocar unos nuevos comicios, con nuevos jueces.

El problema adquirió una nueva escala este año, cuando un reportaje de The New York Times cuestionó el polémico informe de la OEA. “Examinamos detenidamente la evidencia estadística de la OEA y encontramos problemas con sus métodos. Una vez que corregimos esos problemas, los resultados de la OEA desaparecen, sin dejar evidencia estadística de fraude”, dice Francisco Rodríguez, un economista que enseña estudios latinoamericanos en la Universidad de Tulane y que hizo parte de la investigación citada por el periódico estadounidense.

“El problema con el informe de la OEA es que lo hicieron muy rápidamente. Eso dio forma a la narrativa de las elecciones antes de que los datos pudieran analizarse adecuadamente”, agregó la doctora Calla Hummel, experta en asuntos bolivianos en la Universidad de Miami y quien además participó de la observación de las elecciones como de la investigación sobre los hallazgos de la OEA.

La OEA, insatisfecha con el reportaje, reprochó el trabajo de The New York Times insinuando que el periódico hace parte de una campaña de “desinformación en su contra”, además de desestimar y descalificar los estudios que niegan un fraude en las elecciones de 2019.

“En los últimos días se ha articulado una maliciosa campaña de desinformación contra la OEA, con evidentes objetivos políticos, en relación con su rol en las pasadas elecciones de Bolivia. (…) Se llegó a citar en el estudio que presentan más contradicciones e imprecisiones, obviamente marcado por cierta orientación ideológica. Esa combinación demuestra una encomiable lealtad hacia el expresidente Evo Morales, pero se separa del conocimiento y los lleva a cometer graves errores políticos”, señaló el organismo en un comunicado el pasado junio.

“Es extremadamente patético y poco profesional que alguien pida la aceptación del resultado de una elección que el propio expresidente Evo Morales tomó la iniciativa de anular. Es obvio que quien esté haciendo esto está llevando la interferencia en los asuntos internos de Bolivia a niveles sin precedentes”, agrega el comunicado.

Ahora el panorama ha cambiado notablemente, pues todo este caos parece haberse calmado con la victoria de Arce. “Al próximo gobierno se le avecina un país distinto, con muchas carencias, y Arce ha presentado ofertas muy claras que han generado mucha expectativa para resolver las urgencias nacionales”, dice Zegada.

En su campaña, Arce propuso para enfrentar la crisis inyectar 8.000 millones de dólares al estado que saldrían de créditos internacionales, negociar el no pago de la deuda externa anual, crear un impuesto a los mas ricos que representan al 1% de la población, y sustituir importaciones con producción nacional.

Los analistas descartan que haya una nueva convulsión en el corto plazo, debido a la victoria por mayoría absoluta en primera vuelta del delfín de Morales. Arce contará con una mayoría en el Congreso, según proyecciones, pero que no alcanzaría los 2/3 que tenía hasta ahora y que le permitían aprobar leyes sin necesidad de buscar acuerdos con otras bancadas.

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