Al menos 10 personas murieron en el tiroteo

Lo que Brasil no aprendió de la tragedia por armas en Estados Unidos

El tiroteo en las escuela Suzano de São Paulo, perpetrado por dos exalumnos, que dejó diez muertos, reabrió el debate sobre el control de armas en ese país, que desde enero fue flexibilizado por el presidente y exmilitar Jair Bolsonaro con la excusa de "reducir la criminalidad".

Dos estudiantes se abrazan en frente de la escuela pública Suzano, en São Paulo, tras haber sobrevivido a un tiroteo que dejó 10 muertos y ocho heridos. AP

Este miércoles en Brasil se vivió una de esas escenas tan frecuentes en Estados Unidos, mas no en el país suramericano. Dos hombres de 17 y 27 años, Luiz de Castro y Guilherme Monteiro, armados con pistolas, subfusiles, cocteles molotov e incluso un arco y flechas, ingresaron a la escuela pública de Suzano, en la ciudad de São Paulo y abrieron fuego contra trabajadores y estudiantes. Al menos diez personas murieron (entre ellas seis alumnos, la coordinadora académica y una empleada) por el ataque, considerado uno de los más lamentables en la historia reciente del país.

El tiroteo ha llamado la atención por su rareza. A pesar de ser uno de los países con las tasas más altas de violencia con arma de fuego, en Brasil las matanzas escolares son apenas un puñado. La última de ellas ocurrió en el año 2011, en un colegio de Río. Sin embargo, por esta misma sorpresa, críticos del gobierno de Jair Bolsonaro no han demorado en señalar su política de flexibilización del porte de armas, como la causa de la matanza. “Hoy tuvimos una tragedia en Suzano y el presidente defiende que Brasil sea inundado por más armas”. afirmó Humberto Costa, senador del Partido de los Trabajadores (PT), opositor y crítico del gobierno del exmilitar. “Estamos ante una gran tragedia nacional que destruye su discurso de armar la sociedad”, agregó.

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Regresa la discusión

 
Miembros de la Policía entran a la escuela pública Suzano tras un tiroteo, este miércoles, en la región metropolitana de São Paulo, en Brasil. Foto: EFE

 

El que parecía un debate muerto con la abultada victoria de Bolsonaro en las elecciones, parece haber ganado de nuevo impulso. Como sucede en Estados Unidos, la discusión en las redes sociales y en los círculos políticos se ha enfocado en la premisa de algunos conservadores de que una población armada es más segura, como lo asegura Bolsonaro, exmilitar y defensor del porte de armas en su país, y quienes afirman que armar a la ciudadanía en un país tan violento es una irresponsabilidad.

“Si los profesores estuvieran armados, y si los empleados tuvieran armas, la tragedia de Suzano habría sido evitada”, dijo el senador Sergio Olímpio Gómes, uno de los más destacados partidarios del presidente Bolsonaro, y quien recuerda declaraciones realizadas por el estadounidense Donald Trump días después de ocurrida la matanza de Parkland, en febrero de 2018, en la que murieron 17 personas.

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Curiosamente, Brasil y Estados Unidos son los países que registran más muertes con armas de fuego en el mundo, de acuerdo con un estudio de Global Mortality from Firearms, realizado entre 1990 y 2016. El gigante suramericano aparece de primero en la lista con un total de 43.200 muertes, seguido de Estados Unidos con 37.200 muertes.

 

Las medidas de Bolsonaro

Resultado de imagen para bolsonaro site:elespectador.comJair Bolsonaro, presidente de Brasil, prometió durante su campaña flexibilizar el control de armas. Foto: AFP

 

El derecho a tener armas y a la legítima defensa fue uno de los temas recurrentes de Bolsonaro en su carrera hasta la Presidencia; y el gesto con el que simula apuntar con dos pistolas, el más imitado por sus seguidores. Y con el decreto cumplió una de sus grandes promesas y flexibilizó el “Estatuto sobre el desarme”, del año 2003, que restringía el acceso a las armas y creaba varias trabas administrativas para acceder a la posesión de armas.

Con las nuevas medidas, Bolsonaro implementó dos grandes cambios: uno, la duración de la licencia se amplía a diez años de los cinco actuales. Dos, el potencial comprador ya no tendrá que argumentar ante la Policía Federal por qué necesita un arma como tuvieron que hacer los 330.000 brasileños que antes de enero de este año tenían permiso.

“Con la flexibilización pueden estar seguros de que la violencia va a caer”, dijo en su momento Bolsonaro en una entrevista tras asumir el poder.

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El discurso de que más armas bajan la criminalidad tiene arrastre en muchos sectores de la población brasileña. El mismo Bolsonaro argumentó que su decisión de flexibilizar el acceso a las armas tenía que ver con un referendo celebrado hace 13 años en el que el 63 % de los sufragantes votaron en contra de prohibir la venta de armamento. De todos modos, las encuestas actuales indican que en estos años ha habido un drástico cambio de opinión: el 68 % es contrario a flexibilizar las restricciones vigentes a la compraventa de armas, según un sondeo de Datafolha.

Además, estudios estadísticos confirman que los países con mayor número de armas en manos de civiles y aquellos donde es más fácil adquirirlas tienden a tener más incidentes de violencia colectiva y, en general, una tasa más elevada de homicidios. De hecho, ejemplos como los de Japón en 1958, Reino Unido en 1987 y Austalia en 1998 han demostrado que el control de armas es una solución eficaz.

Por su parte, el gobierno Bolsonaro, aunque condenó los hechos del miércoles y expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas, desestimó a quienes acusaban a sus políticas de flexibilización de haber causado indirectamente el atentado. “¿Van a decir que las armas de los chicos eran legales? No lo eran”, afirmó Hamilton Mourão, vicepresidente de Brasil.