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Los abusos sexuales que provocaron la peor crisis de la Iglesia católica en Chile

Durante años sacerdotes cometieron abusos en este país y todo quedó en la impunidad. Tras una reunión con el papa, los 34 obispos chilenos renunciaron. Este fue el caso.

Los abusos sexuales que provocaron la peor crisis de la Iglesia católica en Chile
Todos los obispos chilenos han puesto sus cargos en manos del papa Francisco al asumir sus "graves errores y omisiones" en los casos de abusos sexuales a menores en el país.EFE

La grave crisis por la que atraviesa la Iglesia Católica en Chile es una ruidosa alarma que indica lo que le podría pasar en otros países si no se toman las medidas necesarias contra los representantes del clero vinculados con pederastia y abusos sexuales.

El caso chileno

Todo comenzó después de la visita de Francisco a Chile en enero de este año, cuando un grupo de víctimas denunció que El Vaticano escondía, protegía y promovía a los curas acusados de este delito. Entonces el papa defendió a uno de los acusados de encubrir a los abusadores, lo que desencadenó una polémica. No obstante, Francisco envió después a Chile al arzobispo Charles Scicluna para hablar con las víctimas y tras conocer su informe, citó a los obispos a Roma. Previamente invitó a tres víctimas emblemáticas de Karadima al Vaticano. El pontífice conversó largamente con Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, los alojó en su casa y les pidió perdón.

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Después se reunió con el obispado chileno, que este viernes le presentó en bloque (34 prelados) su renuncia. La peor crisis de la Iglesia, según analistas. El papa les entregó un documento reservado (pero que fue filtrado a la prensa) con duras palabras sobre los vergonzosos comportamientos de los sacerdotes en el caso Barros. 

El caso Karadima

Juan Barros, nombrado en 2015 obispo de Osorno por Francisco, fue acusado de encubridor por las víctimas de Fernando Karadima, un influyente párroco condenado por la justicia canónica por abusos sexuales, pero nadie los escuchó durante varios años, incluido el mismo papa. 

El cura chileno Fernando Karadima fue descrito como un depredador sexual. Sus víctimas, jovencitos de 12 años en adelante, lo recuerdan como un ser despreciable. Karadima fue párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque, en donde abusó de menores, laicos y seminaristas. Usó su carisma para seducirlos y luego los amenazaba para lograr su silencio diciendo "que contaría cosas que habían dicho durante la confesión".

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Las víctimas cuentan cómo el cura Karadima solía dar "besos accidentales" a los seminarias y "toqueteos" a los menores que conocía, porque también abusó de los feligreses. El caso llegó a la justicia vaticana en 2011 que lo encontró culpable de cometer abusos sexuales entre 1981 y 1995. Pero continuó en la Iglesia, fue condenado a una vida de oración y penitencia sin posibilidad de seguir en el sacerdocio. 

Karadima vive en unhogar de ancianos cerca de un colegio y un centro comercial. Lleva una vida muy cómoda, hace ejercicio y se han filtrado videos del cura oficiando misa. 

El obispo encubridor

El Bosque, la parroquia en donde Karadima abusó de tantos jóvenes, era visitada por personas influyentes de Chile, lo que le permitió tejer una red de apoyo importante. Todos sus delitos fueron encubiertos por la Iglesia y sus colaboradores más íntimos no solo fueron cómplices de los abusos del cura sino que lo defendieron. 

Y ahí entra el caso de Juan Barros, nombrado en 2015 como obispo de Osorno por Francisco, a pesar de las denuncias de las víctimas que apuntaban contra él por encubridor. Barros dijo que nunca había visto nada impropio en Karadima y además dijo que "era inocente".

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Los obispos anunciaron su renuncia en una declaración leída ante la prensa en el Vaticano por el secretario general de la Conferencia Episcopal, Fernando Ramos, y el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, señalando que "ponían sus cargos en manos del Santo Padre para que libremente decida con respeto a cada uno de nosotros".

Los prelados también pidieron "perdón por el dolor causado a las víctimas, al pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones".

Las víctimas 

Las víctimas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes de la Iglesia católica celebraron la renuncia en masa este viernes de los obispos chilenos. 
"No supieron proteger a los más débiles, los expusieron a abusos y luego impidieron justicia. Por eso, solo merecen irse", dijo en su cuenta de Twitter, José Andrés Murillo, uno de los acusadores del sacerdote Fernando Karadima, cuyo caso abrió una inédita revisión por parte del Vaticano de la actuación de todo el clero chileno frente a los abusos sexuales y su encubrimiento.

Otro de los denunciantes de Karadima, Juan Carlos Cruz, afirmó que la decisión de los obispos chilenos -anunciada en una rueda de prensa este viernes en el Vaticano- "cambia las cosas para siempre".

"Me impresiona haber visto nuestras conversaciones impresas en el documento (...), me ha gustado ver que terminó en la renuncia de toda esta lacra", sostuvo", dijo Cruz.

Otros casos de abuso 

México fue protagonista de uno de los casos más graves y significativos del grave fenómeno que atañe a la iglesia católica. El caso del fundador de la influyente congregación ultra conservadora los Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel, castigado y relevado en 2006 del sacerdocio bajo el pontificado de Benedicto XVI por haber abusado de menores, llevó una triple vida, con dos mujeres y varios hijos y su caso empañó la imagen del papa Juan Pablo II, quien por años se negó a escuchar a las víctimas y lo defendió.

En Australia, el número tres del Vaticano, el cardenal George Pell, de 76 años, imputado por varias agresiones sexuales entre 1979 y 1990 y juzgado actualmente en su país. La inculpación de Pell a comienzos de mayo, que se proclama inocente y reconoce sólo haber fallado en la gestión de los curas pederastas, es el último acto de una larga investigación nacional sobre la respuesta institucional en Australia a los abusos sexuales cometidos contra niños, solicitada por el gobierno en 2012 tras una década de protestas por parte de las víctimas. 

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En Estados Unidos y Canadá, entre 1950 y 2013, la iglesia estadounidense recibió denuncias de aproximadamente unas 17.000 víctimas de abusos cometidos por unos 6.400 miembros de su clero.  En Canadá, la Iglesia católica y otras iglesias, así como el gobierno, tuvieron que pagar 1.000 millones de dólares canadienses (706 millones de euros) de indemnizaciones en 2002. En Irlanda, responsables del arzobispado de Dublín ocultaron por décadas los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra cientos de niños. En Alemania, la Iglesia católica ha sido objeto desde 2010 de una serie de acusaciones, procedentes sobre todo de niños que estuvieron en escuelas e internados en los años 70 y 80, incluidas varias instituciones prestigiosas.
Se denunciaron abusos sexuales contra niños en 19 de las 27 diócesis católicas alemanas.  

 

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