Crece escándalo por abusos y pederastia en la curia chilena

Los demonios de la Iglesia católica en Chile

Después de la renuncia de 34 obispos chilenos por encubrir abusos sexuales a menores por parte de curas, crecen las denuncias. Ayer fueron suspendidos 14 sacerdotes. Ochenta más han sido denunciados.

Crece escándalo de abusos sexuales en la Iglesia católica de Chile. / AFP

Fueron más de 2.000 páginas las que el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, escribió detallando los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica en Chile. Uno de los escándalos más graves tanto por el número de víctimas como por la impunidad de los acusados.

Ese informe fue el que hizo salir los demonios de una Iglesia que ya venía en franca decadencia en Chile. Desde hace varios años, según reveló un estudio de Latinobarómetro, el catolicismo perdió muchos fieles: entre 1995 y 2017 pasaron de 75 % a 45 %. Aunque la Iglesia quiso explicar la situación indicando que todo se debía al auge de otras confesiones, lo cierto es que fueron las múltiples situaciones de abuso sexual dentro de varias congregaciones las que llevaron a la Iglesia a esta crisis. Desde el año 2000, unos 80 curas han sido denunciados en Chile por abusos sexuales.

“Los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas; esto –y lo digo claramente– hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá. Sería irresponsable de nuestra parte no ahondar en buscar las raíces y las estructuras que permitieron que estos acontecimientos concretos se sucedieran y perpetuasen”, señaló el papa Francisco en una carta a los obispos chilenos, tras leer el informe de Scicluna.

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Pero esa era la punta del iceberg. Tras el reclamo del papa, 34 obispos chilenos presentaron su renuncia y pidieron perdón por los abusos cometidos por los sacerdotes.

Tarde, según las víctimas, pues “no supieron proteger a los más débiles, los expusieron a abusos y luego impidieron justicia. Por eso, solo merecen irse”, dijo en su cuenta de Twitter José Andrés Murillo, una de las víctimas chilenas de abuso.

El escándalo es tan grande que, a los casos ya denunciados, se sumó uno más. Este miércoles, 14 sacerdotes chilenos fueron suspendidos por abusos.

Los religiosos habrían formado el grupo denominado “la familia”, con el que presuntamente incurrían en conductas sexuales impropias y abusos de jóvenes y menores de edad, según denunció Elisa Fernández, excoordinadora de la pastoral juvenil de Rancagua en un reportaje del Canal 13 de Chile.

La última denuncia

Este último episodio se parece mucho a los que se han venido denunciando en ese país desde la década de los 90. Según Fernández, una docena de curas de la diposcesis de Rancagua están involucrados en una cadena de abusos. “Los curas confesaban sin pudor sus preferencias sexuales por menores de edad”, señala la denunciante.

Hace año y medio, Fernández entregó la lista con los involucrados en los hechos al obispo de Rancagua, Alejandro Goic. Sin embargo, se queja, “no pasó nada”. El principal involucrado, el director de la “tétrica cofradía”, era el presbítero Luis Rubio, de 54 años, quien aceptó los hechos. “Reconozco que hice eso, sé que es horrible”. A raíz del caso, el obispado los suspendió “temporalmente”, pero no investigó más.

“No estudié para ser detective, estudié para ser pastor”, sostuvo Goic, uno de los obispos chilenos más influyentes y que además encabeza el Consejo Nacional para la Prevención de Abusos contra Menores y Acompañamiento de Víctimas de la Conferencia Episcopal Chilena. Su respuesta llena de ira a los fieles, que durante años han visto cómo sus prelados “ignoran” los abusos.

Karadima y Pérez

El documento elaborado por el arzobispo de Malta dedica buena parte al caso de Fernando Karadima, un sacerdote chileno que dirigió la parroquia El Bosque desde 1980 hasta 2006. Tiempo durante el cual abusó de niños y seminaristas a voluntad. Sus víctimas lo describen como “un depredador sexual” y denuncian cómo los manipulaba acusándolos de “haberlo hecho pecar”.

Las víctimas cuentan cómo el cura Karadima solía dar “besos accidentales” a los seminaristas y hacía constantes “toqueteos” a los menores que conocía. El caso llegó en 2011 a la justicia vaticana, que lo encontró culpable de cometer abusos sexuales entre 1981 y 1995. Sin embargo, el cura abusador continuó en la Iglesia, condenado a una vida de “oración y penitencia”. El sacerdote pederasta vive en una casa de retiro sin que pague por sus delitos. En Chile, los delitos por abuso sexual prescriben a los diez años a partir de sucedidos.

En mayo se conoció un caso de dimensiones similares. Así lo hizo conocer la agencia AP, que denunció como la congregación “hermanos maristas” tuvo en su seno a violadores cuyas víctimas dicen recordar encierros, golpes, violaciones y amenazas.

Según han denunciado, estos religiosos los abusaban y luego les achacaban la responsabilidad de sus actos. Por eso los niños callaron y en algunos casos tardaron más de 40 años en hablar. En agosto de 2017 la jerarquía de su congregación denunció a uno de los suyos: el cura Abel Pérez, quien abusó y violó a 14 menores de edad en dos colegios.

Luego de que la congregación admitiera los abusos, nuevos agredidos revelaron los horrores que vivieron en el Instituto Alonso de Ercilla, desde cuando tenían seis años de edad. “Los abusos solían ocurrir en un subterráneo de la escuela, en los dormitorios de los maristas que vivían en una casa aledaña conectada al colegio, en retiros espirituales y en excursiones de scout”, según AP.

El cura investigador

Las denuncias están en el informe del obispo Scicluna, el mayor experto del Vaticano en estos casos. En 2015, el papa lo designó como líder del equipo doctrinal que se encarga de las denuncias presentadas contra religiosos acusados de abuso dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Scicluna fue el encargado de investigar en 2005 al cura mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, quien fue hallado culpable de abusos sexuales. Este prelado también fue clave para la condena de Karadima, pues fue sólo tras su intervención que el arzobispo de Santiago de Chile, Francisco Javier Errázuriz, tomó el caso en sus manos.

(Lea más: Arzobispo australiano, culpable de encubrir abusos sexuales a menor)

Francisco se reunirá la próxima semana con tres sacerdotes chilenos víctimas del caso Karadima, quienes acusan al obispo de Osorno, Juan Barros, de no haber hecho nada para ayudar a las víctimas. También recibirá a otros dos sacerdotes que han asistido a las víctimas en su recorrido jurídico.

Pero Francisco insiste: “Confesar el pecado es necesario, buscar remediarlo es urgente, conocer las raíces del mismo es sabiduría para el presente y futuro. Sería grave omisión de nuestra parte no ahondar en las raíces. Es más, creer que sólo la remoción de las personas, sin más, generaría la salud del cuerpo, es una gran falacia. No hay duda de que ayudaría y es necesario hacerlo, pero repito, no alcanza”, señaló Francisco en una carta.

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