Juan Sebastián Marroquín y María Isabel Santos Caballero

Los Escobar en Argentina

La familia del jefe del cartel de Medellín se radicó en Buenos Aires tras la muerte del capo. Ahora vuelve a estar bajo la lupa de las autoridades por haber facilitado una presunta operación de lavado de activos.

Juan Pablo Escobar, hoy llamado Juan Sebastián Marroquín (foto, ) y su madre, habrían sido el puente en una operación de lavado de activos entre un extestaferro del cartel de Cali y el abogado argentino Mateo Corvo Dolcet. / EFE

Juan Pablo Escobar no quiso seguir los pasos de su progenitor. A los 7 años, cuando el líder del cartel de Medellín le reconoció que era “un bandido”, supo que su camino no estaría alejado de las drogas; también que su papá no era un ejemplo a seguir. Incluso en 2009, cuando salió del anonimato con el documental Los pecados de mi padre, mostró desprecio por la actividad que llevaba el Patrón, que tuvo sometida a Colombia desde mediados de la década de los ochenta y hasta principios de los noventa. Así y todo, Juan Sebastián Marroquín Santos -identidad que adoptó cuando dejó Bogotá en 1993 para radicarse en Buenos Aires- no pudo evitar quedar involucrado en una causa narco. Así se desprende del expediente que tomó estado público esta semana, un mes después del allanamiento del café Los Angelitos, muy popular en el barrio de Balvanera.

(Le puede interesar: Así vive Juan Sebastián Marroquín, el hijo de Pablo Escobar)

El 29 de septiembre, un grupo de efectivos de Gendarmería, separados en dos camionetas y acompañados por un oficial de Justicia, ingresaron al tradicional bar ubicado en Rivadavia y Rincón, a metros del Palacio del Congreso. Secuestraron documentación de relevancia en el marco de una investigación que está a cargo del juez penal y económico de Morón, Néstor Barral. De las pericias surgieron los nombres de Marroquín y su madre, María Isabel Santos Caballero, quien no es otra que María Victoria Henao, viuda de Pablo Escobar. Están acusados de ser el nexo comercial entre José Piedrahíta Ceballos, extestaferro del cartel de Cali detenido el mes pasado en Antioquia a pedido de Estados Unidos, y el empresario y abogado argentino Mateo Corvo Dolcet, también preso, señalado como la cabeza de un megaproyecto inmobiliario en la localidad de Pilar, en la Zona Norte de Buenos Aires, a través del que habría podido lavar entre US$10 y US$15 millones durante 2008. Ese año nació la relación entre Piedrahíta Ceballos y Corvo Dolcet. Ambos fueron presentados por los herederos de Escobar Gaviria, quienes recibieron una millonaria comisión, según consta en un acta informal firmada por ambos, la misma que se halló en la casa que el empresario argentino posee en el barrio cerrado Ayres, también ubicado en Pilar.

Poco se sabía de los Escobar Gaviria en Argentina hasta que Marroquín dio a conocer la película biográfica de su padre. Y El patrón del mal, la serie que emitió Canal 9 a 20 años de la muerte del tristemente célebre narco colombiano, generó curiosidad. Entonces la revista Noticias publicó en su tapa la foto de María Isabel Santos, Sebastián Marroquín y Juana Manuela, la hija menor, que nunca quiso mostrarse públicamente. Se habían mudado en más de una oportunidad, producto de esa conducta nómada que adoptaron cuando Pablo era un prófugo del Gobierno colombiano. Después de vivir en un departamento del barrio de Núñez, cerca del estadio de River Plate, se radicaron en Tigre, en una zona de quintas, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Y siguieron con sus vidas, dejando pocos rastros de su pasado tumultuoso, detrás del Imperio de drogas que gestó y manejó aquel hombre cuerpo grande, bigotes negros y pelo ensortijado.

Sebastián hizo ruido este año con una serie de reportajes. En febrero, el hijo del capo narco lanzó su segundo libro, Lo que mi padre nunca me contó. Ya había sido un éxito Pablo Escobar, mi padre. Y en la promoción del nuevo sello editorial dejó claro que la relación que tenía con Escobar Gaviria era de admiración, aunque nunca compartió su actividad ilícita. Casado con Andrea Ochoa, su novia mexicana que ahora se llama María Angeles Sarmiento, es padre de un pequeño niño en edad escolar, vive en Palermo y encabeza un emprendimiento textil Escobar Henao. Se diseñan pantalones, remeras y camisas inspiradas en la figura del Patrón. Marroquín, además, tiene un estudio de arquitectura que bautizó Box. Participó de varios proyectos, pero nunca utilizó su apellido para no sufrir la discriminación que vivió su hermana.

Sí, lo poco que se sabe de Manuela –que se agregó Juana por delante de su nombre original y también utiliza el apellido Marroquín- surgió del libro que escribió el periodista José Alejandro Castaño, Cierra los ojos, princesa, la frase que utilizaba Escobar para hacer dormir a su hija consentida. Sufrió bullying en el colegio cuando se enteraron de que era la heredera del capo narco y tuvo un rumbo estudiantil itinerante. Se recibió en relaciones públicas, pero nunca pudo superar la muerte de su padre. Hasta cuentan que dormía con un pedazo de la camisa que Escobar vestía el día que murió.

(Lea también: Buenos Aires, escampadero de los Escobar y Rodríguez)

María Isabel reconstruyó su vida en Buenos Aires. , bajó 37 kilos, se volvió a enamorar y se dedicó a la decoración de interiores, marketing y coaching ontológico. Se asoció con su hijo en una empresa que busca espacios libres para emprendimientos inmobiliarios. Y ambos quedaron pegados a una situación comprometida que hoy los tiene en la mira de la justicia de Argentina, que en 1999 los detuvo acusados de “asociación ilícita para lavar dinero del narcotráfico”. Pasaron 15 meses presos. Se dijo que la viuda tenía US$500 millones para lavar activos, pero nunca hubo un sustento legal y recuperaron la libertad.

La coyuntura volvió a encontrar a los Escobar en el medio de un conflicto narco. Un dictamen urgente de la Procuración de Narcocriminalidad (PROCUNAR) emitido tras la detención de Piedrahíta Ceballos en Colombia generó 34 allanamientos, entre ellos, al ya mencionado café ‘Los Angelitos’. Hubo aporte de las autoridades colombianas y de la DEA (División Antinarcóticos de Estados Unidos) en la investigación. También quedó en el medio de la tormenta Mauricio Serna. El volante central que aquí brilló con la camiseta de Boca Juniors, equipo con el que fue campeón de la Copa Libertadores y la Intercontinental junto a sus compatriotas Óscar Córdoba y Jorge Bermúdez. Fue Corvo Dolcet el que involucró a Chicho en una operación con Piedrahíta Ceballos. Según declaró el abogado y empresario argentino, el narco que mantuvo vínculos con el cartel de Cali le propuso un cambalache, que no es otra cosa que un trueque de propiedades. Serna recibió una camioneta Land Cruiser, un Volkswagen Bora, una casa amueblada en el country San Diego, un departamento sobre la avenida Del Libertador, en el barrio de Olivos, dos terrenos en el country Terra Vista y dinero en efectivo. Chicho había sido mencionado en la causa por el doble crimen del shopping Unicenter de Martínez, en julio de 2008, como amigo y potencial socio de las víctimas Héctor Édilson Monoteto”; Duque Ceballos (35 años, narcoparamilitar) y su custodio Jorge Alexánder Gartner. Ambos, además, vivían en el country Ayres, justamente el mismo en el que vivía Corvo Dolcet hasta ser detenido.

Los Escobar, en tanto, intentan superar el mal trago. Pero sus problemas judiciales parecen no tener fin, como si jamás pudieran despegarse de la sombra del líder de la familia.

Temas relacionados