Entrevista con Íñigo Errejón

“Los migrantes aportan mucho”: Íñigo Errejón

Uno de los líderes de Podemos, partido que revolucionó la política tradicional de España, cree que el paso de gobiernos de izquierda por América Latina ha dejado países más justos.

Íñigo Errejón es politólogo y lidera con Pablo Iglesias el movimiento Podemos en España. / EFE

Salieron de la nada en el 2014 y se montaron como la segunda fuerza política de España, con un discurso de izquierda. Se bautizaron Podemos y ninguno de sus integrantes llega a tener 40 años.

Íñigo Errejón, ahora de 33, fue el jefe de la campaña que los puso en el radar de la política y de los medios, y es el segundo al mando de ese partido, que dirige junto con Pablo Iglesias. Sin embargo, Podemos ha perdido peso aceleradamente en las encuestas, en un contexto en el que, en general, la izquierda tiene cada vez más aliados en Europa y en el mundo, y en el que la crisis venezolana alimenta el desencanto.

En el marco del lanzamiento de Rec-Latinoamérica, un programa que reúne a profesores de distintas áreas para llevar su conocimiento más allá de las aulas, Errejón visitó Colombia.

Usted se ve menor de 33 años. ¿Cómo ha hecho para tener credibilidad en España?

Es cierto. Soy joven y me veo más joven en un país donde la política es gerontocrática. Las élites que empezaron a mandar en los 70 en España han seguido mandando. Hicieron una especie de tapón. Aunque hay mucha gente que reconoce que hacían falta jóvenes que sacudieran la conciencia en nuestro país, hemos tenido, tenemos, que demostrar el doble. Pablo tiene 38 años. Siempre está ahí el comentario de que somos muy jóvenes para la política.

¿Cuál fue la clave del éxito de Podemos en el 2014?

Tiramos a la basura los manuales de la izquierda. Todo lo que la izquierda decía que no se podía hacer, lo hicimos.

¿Como qué?

Como lanzarnos a las elecciones sin fuerza social. La izquierda dice que hay que construir fuerza social antes, y cuando nos lanzamos, nuestra fuerza social era irrisoria. La construimos en el proceso. Como no hablarle a la izquierda. Nunca nos interesó hablarle a la izquierda. Como decidir qué batallas vamos a pelear. No permitimos que los adversarios nos definan las batallas.

¿Qué pasó con esa fuerza? Ya pasaron del segundo lugar en las encuestas al tercero.

Varios factores: el principal es que Mariano Rajoy volvió a sentarse en el palacio de gobierno y eso ha supuesto una derrota moral. El segundo es que sí, en efecto, hemos salido de un proceso interno difícil, ya cerrado, pero que deja costes. Hay que reconocer que la sociedad nos exige cosas contradictorias. Nos pide, por un lado, máxima democracia y transparencia interna, y al mismo tiempo máxima unanimidad y que no haya ruido. Bueno, podemos conceder uno de los dos deseos, pero no podemos conceder los dos. Tercero, Rajoy ha convencido a buena parte de los españoles, sobre todo a los españoles mayores, de que cambiar es más peligroso. Pero ahí donde hemos llegado a gobernar, en ciudades grandes como Madrid, hemos organizado las cuentas, reducido las deudas y fomentado políticas del fomento del empleo, de la cultura, del deporte. No sólo porque son más hermosas, sino porque funcionan mejor.

Pero mire que en América Latina la situación para los partidos de izquierda no está bien. Los gobiernos han dejado el poder en medio de escándalos, con popularidades muy bajas y reemplazados por el discurso contrario.

En América Latina se ha dado un largo ciclo de gobiernos marcados por tres elementos centrales: la recuperación de la soberanía nacional para hacer políticas económicas mejores para la población, la unidad latinoamericana para consolidar un bloque que fuera más capaz de competir y defenderse en la escala internacional, y la inclusión democrática. Asumiendo que había buena parte de la población que tenía derecho a voto, que es importantísimo, pero que no servía de nada, si no tenías alcantarillado, cédula de identidad, derecho a la sanidad, a la educación. Se trataba de robustecer la condición de ciudadanía. Estos gobiernos han supuesto para la región una reducción histórica de la pobreza y la pobreza extrema.

Entonces, ¿por qué han salido tan mal? Así le pasó a Cristina de Kirchner y a Dilma Rousseff, y está siendo el caso de Maduro en Venezuela.

Lo normal es que haya alternancia de gobierno. Con la excepción de Dilma Rousseff y el golpe de Estado de Temer en Brasil, se han dado estos cambios en medio de procesos electorales que confirman la legitimidad democrática de esos gobiernos. Que se den alternancias electorales es bueno. Eso no significa que a mí me gusten esos resultados, pero es lo que los ciudadanos han decidido.

¿Cree que la crisis migratoria es un coctel para que surjan movimientos de ultraderecha?

Creo que en España tenemos crisis económica y social, pero no migratoria. La población migrante llega a nuestro país deseosa de trabajar. Para jubilarse vuelve a su país natal. Llega con 20 años, se pasa 40 años trabajando, y cuando se va a pensionar regresa a su lugar de origen. Así, los migrantes aportan mucho más de lo que quitan. Su aporte es inmenso.

Las fuerzas conservadoras siembran el discurso de que son unas personas que llegan a quitarnos lo que tenemos.

En efecto, el coctel está servido pero no se alimenta solo. Donde hay fuerzas políticas como nosotros, que identifican el patriotismo no con el racismo, no con odiar al que viene de fuera, sino con construir una comunidad que se cuide a sí misma, no surgen movimientos de ultraderecha. En España no hay movimientos de ultraderecha como en Hungría o Inglaterra.

¿Cuáles son los otros ingredientes para ese coctel?

El principal es el miedo. En toda Europa está corriendo una necesidad de sentir que existe una comunidad que los proteja, la necesidad de un Estado que vuelva a cuidar de su gente. Si no lo hacemos nosotros, lo hará la nueva derecha.