Los mil y un problemas de Filipinas

La población de este país del sudeste asiático se enfrenta por lo menos a tres retos mayúsculos que atentan contra sus libertades y sus derechos humanos: un presidente intransigente, una lucha contra las drogas que deja centenares de muertes y una oleada violenta del yihadismo que no da tregua.

Rodrigo Duterte, presidente de FilipinasAFP

La población de este país del sudeste asiático se enfrenta por lo menos a tres retos mayúsculos que atentan contra sus libertades y sus derechos humanos: un presidente intransigente, una lucha contra las drogas que deja centenares de muertes y una oleada violenta del yihadismo que no da tregua.

Rodrigo Duterte llegó a la presidencia de Filipinas en junio de 2016, con la promesa de “limpiar” al país”. “A los que andan con drogas los voy a matar”, aseguró. En agosto del año pasado, se comparó con Hitler y aseguró que quisiera matar a 3 millones de drogadictos que viven en el país:  "Hitler masacró a tres millones de judíos. Ahora hay aquí tres millones de adictos. Me gustaría masacrarlos a todos". Miles de personas han muerto en lo que va de su mandato.

Sumado al conflicto generado por la lucha antidrogas, en Filipinas el Estado Islámico llegó para agravar la situación. En julio de este año, el parlamento filipino aprobó “la ley marcial”, una ley una especia de Estado de excepción en el sur del país para pelear contra EI.

Desde que comenzó la rebelión hace casi cinco meses, la ciudad de Marawi ha sido escenario de unos combates entre las Fuerzas Armadas e insurgentes que han dejado más de un millar de muertos: 867 rebeldes, 163 soldados y 47 civiles, según los últimos datos del Gobierno.

La batalla se decantó definitivamente del lado del Ejército la madrugada del lunes, cuando en una ofensiva planeada al detalle los soldados mataron a los dos líderes del remanente yihadista en la ciudad, Isnilon Hapilon y Omar Maute.

El martes Duterte visitó Marawi y declaró la ciudad "liberada", aunque los soldados aún tratan de reducir a un último grupo de unos 20 rebeldes.

La ley marcial, cuyo uso está restringido por la Constitución de 1987 para prevenir abusos del poder, ha permitido establecer retenes militares y aplicar toques de queda en Mindanao.

Su aplicación generó una fuerte polémica, ya que los opositores creen que el mandatario trata de emular al expresidente Ferdinand Marcos (1965-86), quien empleó la ley marcial entre 1972 y 1981 para suprimir la oposición.

Además, según informó la agencia Anadolu, Fiipinas no aceptará más subsidios de ningún tipo provenientes de la Unión Europea (UE). La decisión se hace pública, después de una visita en la que miembros de la UE pidieron cesar las ejecuciones relacionadas con el consumo de drogas. Duterte amenazó con expulsarlos. “Nos dan dinero y después empiezan a orquestar qué cosas se deben hacer y qué cosas no deberían pasar en su país”, dijo Duterte la semana pasada. “No dejaremos que nadie, ni siquiera los Estados Unidos, nos digan qué hacer”, dijo.