Los peligros de trabajar con Donald Trump

A tan solo quince meses de haber ocupado el cargo, el presidente estadounisense ha pasado por una cifra récord de asesores y colaboradores que ahora tienen problemas legales, profesionales, personales, o incluso los tres. La mitad de los funcionarios que llegaron con él a la Casa Blanca en 2017 ya no hacen parte del gobierno.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos.AFP

Para cuando el sol se puso el jueves, Ronny L. Jackson era un nominado fallido al Gabinete, cuya vida se había hecho trizas para que el público la devorara, y Michael D. Cohen estaba de regreso en la corte enfrentando un proceso penal.

Un viaje en el tren bala del presidente Donald Trump puede ser emocionante, pero a menudo es una travesía brutal que deja a algunos ensangrentados y tirados al lado de las vías. A tan solo quince meses de haber ocupado el cargo, Trump ha pasado por una cifra récord de asesores y colaboradores que ahora tienen problemas legales, profesionales, personales, o incluso los tres.

Ya no está la mitad de los asesores principales que llegaron a la Casa Blanca con Trump en 2017, muchos bajo circunstancias dolorosas, porque cayeron de la gracia del jefe o quedaron bajo el intenso escrutinio que conlleva trabajar para él. Algunos de los asesores que han estado más tiempo con el presidente han salido heridos. Su hijo y su yerno han contratado abogados y han sido interrogados. Incluso sus abogados ahora necesitan abogados mientras enfrentan indagaciones en su contra.

La cercanía con Trump ha sido una experiencia aplastante para muchos que llegaron con carreras estelares y reputaciones independientes, pero terminaron perdiendo muchísimo. Rex W. Tillerson dirigía la empresa energética más grande del mundo. David Shulkin era un galeno respetado y un “sumo sacerdote” del mundo médico. El teniente general H. R. McMaster era un guerrero admirado, al igual que John F. Kelly. Jeff Sessions tenía un lugar asegurado en el Congreso, al igual que Tom Price. Ahora todos ellos son conocidos por su triste relación con Trump.

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Desde luego, todos tuvieron niveles distintos de responsabilidad por los problemas que terminarían por hacerlos caer. Sin embargo, como Jackson y Cohen, todos han salido muy dañados del mundo de Trump. Su destino compartido sirve de advertencia para quienes puedan estar tentados a unirse al equipo del presidente, pero les preocupe pagar un precio demasiado alto.

Trump expresó su indignación el jueves ante los estragos que han sufrido algunos de sus allegados. Trump dijo en “Fox & Friends” que Ronny Jackson, el médico de la Casa Blanca y contralmirante que renunció a la nominación al puesto de secretario del Departamento de Asuntos de Veteranos después de que lo acusaran de consumir bebidas alcohólicas en viajes oficiales y atormentar a su personal, era un “hombre increíble” que los demócratas estaban “intentando destruir”.

El presidente lo atribuyó a la atmósfera tóxica de la capital, y dijo que se lo advirtió a Jackson. “Le di la bienvenida a Washington”, comentó. “Bienvenido al pantano. Bienvenido al mundo de la política”.

De igual manera, Trump dijo que Michael Cohen, su abogado desde hace años que le pagó 130.000 dólares a Stephanie Clifford, la actriz de películas pornográficas conocida como Stormy Daniels, antes de la elección de 2016 y ahora enfrenta una investigación federal, es un “tipo genial” que “no hizo absolutamente nada indebido” en ese asunto.

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No obstante, como lo ha hecho con otros asesores que se han metido en problemas, el presidente también se distanció y dio a entender que Cohen estuvo en problemas por asuntos comerciales sin relación con cualquier representación legal que hubiera realizado para él. “No estoy involucrado y me han dicho que no tengo nada que ver”, aclaró el presidente.

A lo largo de muchas décadas, las personas que han entrado al círculo de Trump han descubierto que son actores en una película que él protagoniza.

“Para él, las personas no son personas, 

son instrumentos para su ego. Cuando trabajan para alimentar su ego, sobreviven y, cuando no, desaparecen en la nada”, dijo Tony Schwartz, el escritor fantasma de “The Art of the Deal”, el primer libro de Trump. “Al final, el destino de quien se asocie con Trump consiste en estar de paso. No puedo pensar en alguien que escape a esa descripción”.

Jack O’Donnell, el expresidente de Trump Plaza Hotel and Casino en Atlantic City, un crítico resonante de su antiguo jefe, dijo que muchas personas han pasado por su mundo con mucha rapidez sin dejar marca en Trump.

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“Se trata de un sujeto al que le falta compasión y empatía; por lo tanto, para él no significa nada reciclar a la gente, aplastarla y quemarla”, dijo O’Donnell. “Podría fruncir el ceño un día porque está molesto de que, en su mente, destrozaron al almirante, pero a Trump le importa un comino el almirante”.

Algunos que han pasado por ahí lograron beneficiarse de la experiencia a su manera a pesar del calvario. Sean Spicer, el secretario de prensa de la Casa Blanca del que se burlaron en “Saturday Night Live” y que difamaron el presidente y los medios noticiosos, a pesar de todo, ha recibido contratos lucrativos como conferencista y escribió un libro que saldrá a la venta en julio. Rex Tillerson y Gary D. Cohn, exasesor nacional en materia de economía, perdieron luchas de poder, pero ambos aún tienen cientos de millones de dólares para consolarse, y sus amigos dicen que nadie debería sentir lástima por ellos.

Aun así, exasesores como Michael T. Flynn, Paul Manafort y Rick Gates han sido acusados o se han declarado culpables de delitos y esperan pasar tiempo en prisión.

A otros les preocupa enfrentar el mismo destino. Scott Pruitt, el dirigente de la Agencia de Protección Ambiental cuyas prácticas de gastos y seguridad quedaron bajo el reflector el jueves en una audiencia contenciosa en la Cámara de Representantes, aún podría perder su trabajo.

Los colaboradores de otros presidentes han sido objeto de investigaciones o escándalos que se enfatizaron o se hicieron más grandes debido a su cercanía. La carrera política de muchos asesores, asistentes y amigos de Ronald Reagan y Bill Clinton llegó a su fin antes de tiempo o incluso fueron a prisión, y los críticos de ambos presidentes a menudo dijeron que no parecían importarles las consecuencias que sufrían quienes los rodeaban.

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Cuanto más cerca está alguien de un presidente, con más intensidad estará bajo el reflector. Muchos que están tras el poder y la autoridad de la Casa Blanca de alguna manera se convencen de que sus propias mañas o fechorías no quedarán expuestas, solo para después darse cuenta de lo contrario, o se embriagan de poder con sus puestos influyentes y muestran un criterio muy pobre. Además, Washington puede ser especialmente despiadado. “Aquí, arruinar la carrera de la gente se considera un deporte”, escribió de manera célebre Vincent W. Foster Jr., un viejo amigo y asesor de Clinton, antes de suicidarse en 1993.

Varias personas que han estado cerca de Trump a lo largo de los años dicen que es excepcionalmente bueno a la hora de racionalizar su propio comportamiento y compartimentar los tipos de catástrofes personales que dejarían a otras personas emocionalmente destruidas.

“Creo que la lealtad siempre ha sido un callejón sin salida con Trump, y a él no le importan los desastres que provoca siempre y cuando obtenga lo que quiere”, dijo Tim O’Brien, un biógrafo al que Trump demandó por un libro en el que escribió que había exagerado su valor neto.

(Peter Baker reportó desde Washington, y Maggie Haberman desde Nueva York).

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Peter Baker y Maggie Haberman - The New York Times

El Mundo

Los peligros de trabajar con Donald Trump

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