Los posibles panoramas para Italia tras el juicio contra Matteo Salvini

Con su eslogan "los italianos primero", Matteo Salvini, líder de la ultraderecha, está convencido de que volverá pronto al poder y que el juicio por haber bloqueado en el Mediterráneo un barco de migrantes cuando era ministro del Interior es solo un obstáculo en su imparable carrera.

Matteo Salvini respondió ayer preguntas de todo tipo para defender su postura frente al anuncio de un posible juicio en su contra. AFP

Matteo Salvini, exministro del Interior italiano, sigue soñando con llegar al poder en Italia. Ni siquiera el juicio que posiblemente tendrá que afrontar por haber bloqueado hace unos meses un barco lleno de migrantes en el Mediterráneo es un obstáculo dentro de sus ambiciosos planes. 

"Mis dos hijos tienen derecho a saber que, si su padre a menudo estaba lejos de casa, no es porque pasaba el tiempo secuestrando seres humanos sino porque estaba defendiendo las fronteras y la seguridad de su país, cumpliendo con su deber", explicó Salvini ante los senadores. "Todos en Italia, simpatizantes y enemigos, sabían que al votar por la Liga, al votar por Salvini, se iba a bloquear el desembarco de inmigrantes ilegales", explicó.

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A pesar del inminente peligro, el líder de la Liga, Matteo Salvini, explicó que se encuentra tranquilo y que cree que no será condenado. "Cumplí con mi deber, sin ningún tipo de temor. La defensa de la patria es un deber ciudadano y más aun cuando eres ministro", dijo hoy Salvini, que se presentó ante la prensa internacional un día después de que el Senado aprobase levantar su inmunidad para permitir la posible apertura de un juicio contra él por abuso de poder y secuestro de personas.

El caso se remonta a julio pasado, cuando Salvini prohibió el desembarco de 131 migrantes que se encontraban a bordo de un barco de la Guardia Costera italiana durante cinco días.

El ahora senador explicó que "el artículo 52 de la Constitución se establece que la defensa de la patria es un deber para todos los ciudadanos". También precisó que aún no se encuentra bajo proceso porque ahora el sumario de la investigación tendrá que llegar a un Tribunal ordinario que decidirá si abrir un juicio por este caso.

Salvini, que contestó durante más de una hora a las preguntas de los periodistas de la prensa internacional, también afirmó que cree que el Gobierno formado por el Movimiento 5 Estrellas y fuerzas progresistas no aguantará y habrá elecciones este año. El número dos de la Liga que participó en la rueda de prensa, Giancarlo Giorgetti, apuntó que "sólo es cuestión de tiempo, pero que tarde o temprano, Salvini volverá a gobernar" y recalcó que "las encuestas continúan diciendo que la Liga tiene el 30 %" de los apoyos.

El líder ultraderechista defendió la política de puertos cerrados que aplicó durante su etapa en el Gobierno, y criticó que en los seis meses que lleva el nuevo ejecutivo formado por el Movimiento 5 Estrellas (M5E) -su antiguo socio- el Partido Democrático (PD) y otras formaciones de izquierdas se han triplicado los desembarcos de migrantes.

Salvini expuso que su partido está trabajando a tope de cara a todas las elecciones regionales que están convocadas para esta primavera y no hizo ninguna autocrítica sobre los recientes comicios en Emilia-Romaña, que la Liga no consiguió arrebatar a la izquierda.

"Era una partida difícil, la izquierda lleva 70 años gobernando allí", subrayó el líder de la Liga, que justificó algunas acciones polémicas de su campaña electoral allí como cuando acudió a un barrio popular de Bolonia rodeado de cámaras y llamó al timbre de un ciudadano tunecino acusándole de ser un traficante de drogas.

"En Italia, la lucha contra la droga es una emergencia nacional de la que se habla poco. Estoy muy preocupado y los traficantes llegan a vender monodosis de cocaína en las puertas de los colegios a solo 5 euros", justificó.

"Con la gente" 

 

Reacio a trajes y corbatas, permanentemente enojado y dotado de un aplomo infalible, Salvini se volvió rápidamente omnipresente en los medios, con un tono directo, arrogante y alejado de lo políticamente correcto. Aliado con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen y gran admirador de Vladimir Putin y Donald Trump, el jefe de la Liga suele emprenderla con los inmigrantes, el islam, el euro y las uniones entre homosexuales.

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"He oído de todo. Que soy un criminal, un racista, un fascista", suele decir. Pero "yo soy un comunista a la antigua, conozco más fábricas que esa gente [de izquierda] que solo se junta con banqueros". También se presenta como defensor de los valores cristianos, a pesar de sus críticas a los esfuerzos del papa Francisco a favor de los migrantes y de su agitada vida privada. Tiene dos hijos, de 6 y 15 años, de dos mujeres diferentes, el año pasado se separó de su compañera y ahora se deja ver con una joven 20 años menor que él.

Entre sus medidas, suprimió los permisos de residencia humanitarios, amplió el concepto de legítima defensa, redujo la edad de jubilación y reforzó los servicios de policía.

Buena parte de su éxito se debe en gran medida al uso de las redes sociales. Además de estar omnipresente en los medios de comunicación, desde Twitter a Facebook, logra difundir con facilidad su mensaje, publicar fotos de sus actividades, sus encuentros, sus bailes en la playa e incluso sus comidas. Esa estrategia comienza a agotar a sus seguidores sobre todo después del video que divulgó en enero en plena campaña electoral en el que pregunta ante el interfono a una familia tunecina si eran narcotraficantes, timbra varias veces y se burla de las respuestas.

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redacción internacional con información de agencias

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