Lula irá a la cárcel: así sacudió la noticia a la política brasilera

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El Tribunal Supremo brasilero, que le negó un Habeas Corpus a favor del exmandatrio, cerró la posibilidad de que Lula sea candidato presidencial.

Tras conocerse la decisión de Tribunal Supremo Federal, según la cual Luiz Inácio Lula da Silva deberá entrar a prisión para pagar la condena de 12 años en su contra, el exmandatario brasilero, anunció que no subiría al palco y horas más tarde abandonó el edificio del sindicato de obreros metalúrgicos, el mismo lugar que lo vio surgir como figura política cuando se convirtió en dirigente de ese organimso durante la década del 70 y 80.

El exmandatario, que estuvo al frente de Brasil entre 2003 y 2010, siguió la votación de los magistrados desde un área reservada,  reunido a puerta cerrada con amigos y aliados políticos, entre ellos su sucesora en la Presidencia, Dilma Rousseff, destituida por el Congreso en 2016. Afuera, cerca de trecietas personas, la mayoría del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MST), acompañaban la sesión en el auditorio del sindicato.

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Minutos antes de que la magistrada Rosa Weber diera el voto con el que la decisión de enviar a Lula a la cárcel ganó 6 a 5,  otro puñado de seguidores se había aglomerado en las afueras de la residencia del exmandatario.

"He negado recursos similares en respeto a lo que en 2016 había decidido el pleno de la corte", y "lo hice incluso en contra de mis convicciones personales", declaró Weber, quien apuntó que ahora "no podría ser de otra manera".

Sobre la decisión de la magistrada Weber habló Eloi Pietá, miembro de la directiva regional del Patido de los Trabajadores: "Ella en el fondo contribuyó para que pueda ser decretada la prisión de Lula, lo que es una fase más del golpe de Estado".

Con la decisión del alto tribunal, la aspiración presidencial de Lula queda truncada y aunque todavía no está claro quién podría ser su sucesor en el Partido de los Trabajadores, está claro que el mayor beneficiado con la determinación de los magistrados es Jair Boslonaro, el líder ultraconservador que aparecía de segundo en todas las encuestas de intención de voto que dejaban a Lula como favorito.

En una manifestación a favor de la condena de Lula, Bolsonaro dijo que, de llegar a participar en la contienda por la presidencia sería un candidato “honesto, temeroso de Dios y Patrota. Nuestra bandera nunca será roja, sólo si necesitamos nuestra sangre para defender nuestra libertad”, dijo Bolsonaro en declaraciones que se asemejaban al tono amenazante con el que varios altos mandos del ejército se habían referido a la posibilidad de que Lula no fuera condenado.

La presión militar fue criticada por juez Celso de Mello quien, antes de emitir su voto sobre la libertad de Lula, dijo que las declaraciones de los militares tendían a ”disminuir, o incluso a eliminar, el espacio institucional que se reserva para solucionar los desacuerdos, limitando la posibilidad de la libre expansión de la actividad política y de la plena actividad ciudadana. Esto además de dañar la democracia".

Sobre el ambiente caldeado a la víspera del jucio, también habló el actual ministro de Agricultura, Blairo Maggi, quien anticipó la postura del gobierno de Michel Temer al decir que “La decisión judicial no se discute, se cumple, y mañana firmes y fuertes trabajando ", escribió el ministro que agregó: "La vida que sigue y nuestro país necesita armonía".

Por su parte, Gleisi Hoffmann, presidente del Partido de los Trabajadores (PT) se refirió a los hechos en su cuenta de Twitter: "La presunción de inocencia, ese derecho fundamental que fatalmente volverá a valer para todos, no valió hoy para Lula. Un día triste para la democracia y para Brasil".

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Entre las huestes del Partido Social Democracia Brasileña, que perdió las últimas cuatro elecciones contra el PT el ambiente era menos sombrío. En un comunicado firmado por su líder, en la Cámara baja, Nilson Leitao, se puede leer: "El expresidente no está por encima de la ley, sino al alcance de ella como todos los brasileños. Una decisión en sentido contrario frustraría a la sociedad y sería un retroceso en el combate a la impunidad".

Lula, quien ha denunciado una "persecución política" en su contra, fue condenado a nueve años de cárcel por un juez de primera instancia, pero la pena fue ampliada a doce por el Tribunal Regional de Porto Alegre. También enfrenta otros seis procesos, por delitos como obstrucción de la justicia y tráfico de influencia.

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