Crisis económica en Venezuela

Maduro, ¿pionero de las criptomonedas?

El presidente venezolano sorprendió a su audiencia del canal estatal TVT, cuando aseguró que el país hará una emisión de criptomonedas para contrarrestar la crisis económica. ¿De qué se trata la propuesta?

Nicolás Maduro culpa a opositores y al “bloqueo” estadounidense de la crisis económica en Venezuela. / EFE

No era una tragedia inesperada. Los analistas económicos lo cantaron una y varias veces: Venezuela se va a quedar sin flujo de caja y la hiperinflación acabará con el bolívar, la moneda oficial del país. Las calles verán crecer la inseguridad y la desolación de una comunidad sin acceso a alimentación balanceada, ni a medicamentos esenciales. En efecto, según la corporación Codevida, 4 millones de venezolanos no pueden comprar antibióticos ni pastillas simples para aliviar el dolor.

Nicolás Maduro, quien tiene fama de ser cuando menos ocurrente a la hora de hablar y proponer, sorprendió de nuevo al mundo, diciendo:

“Venezuela anuncia la creación de su criptomoneda. El petro se va a llamar (...) esto nos va a permitir avanzar hacia nuevas formas de financiamiento internacional para el desarrollo económico y social del país”, dijo durante su programa semanal de televisión, transmitido por el canal estatal VTV.

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El anuncio fue replicado en la prensa de todo el continente. No hay precedentes de ningún país del mundo, ni siquiera las economías más sólidas del planeta, que se haya atrevido a convertir una criptomoneda en la oficial. De hecho, el mundo de las criptomonedas aún no es del todo aceptado socialmente. Pero Maduro ya tiene, incluso, hasta nombre para la suya: “el petro”.

Y se va a llamar así porque, según él, el petro estaría respaldado en bienes físicos, fundamentalmente en el petróleo, así como en oro, gas y diamante. La reservas de estos bienes, dijo Maduro, serán el respaldo de su criptomoneda.

Sin embargo, según Luis Vicente León, economista, profesor y presidente de Datanálisis, el problema es que “el anuncio de Maduro no es una criptomoneda. Eso es otra cosa, un híbrido, otra moneda. Pero no una criptomoneda, porque estas no se encuentran respaldadas por ningún tipo de bien físico, sino por la confianza”.

En efecto, las criptomonedas, la más conocida hasta ahora es el bitcoin, son algo así como dinero virtual, no están sujetas a ningún tipo de supervisión, control del gobierno o el Banco Central, y no tienen bienes duros como respaldo. Funcionan digitalmente, operan meramente en el universo fiduciario.

Por ejemplo, si usted quiere comprar un celular, las criptomonedas le ahorran las transferencias bancarias, y con ello el pago de comisiones, porque, en caso de que el vendedor del celular acepte una criptomoneda como forma de pago, lo que usted debe hacer es transferirle el valor en criptomonedas. Y listo.

“Obviamente –agrega León–, el gobierno tiene que buscar mecanismos sofisticados para solucionar dos cosas”. Se refiere a los efectos de las sanciones, por un lado, y por el otro, a las consecuencias de la hiperinflación.

“Entonces ¿que es lo que propone Maduro? Un ‘oxímoron, una criptomoneda en manos del Estado’, que es el dueño del oro, del petróleo, diamantes, etc., etc.”, dice Alexánder Guerrero, doctor en Economía, profesor y columnista del diario El Universal.

“O Maduro no sabe qué es una criptomoneda –agrega–, o sabe y lo que está haciendo es alimentar esta red de mentiras. La criptomoneda es privada. ¿Crees que puede haber moneda privada en un gobierno socialista y represor?”.

Para Guerrero, la apuesta de Maduro se parece mucho más a un esfuerzo por digitalizar la moneda, que a crear una criptomoneda. El presidente venezolano tiene una motivación enorme para hacerlo: lo que vale imprimir el billete de mayor monto en Venezuela, no alcanza para comprar la leche.

¿Cómo llegó Venezuela a las “criptomonedas”?

Maduro, en principio, negaba la crisis económica en un intento por evitar la intervención extranjera. Pero hace unos meses, de cara a las protestas ininterrumpidas que exigían elecciones presidenciales, ya no pudo seguir ocultando el masivo descontento de la gente.

Aceptó que Venezuela estaba en crisis y culpabilizó a la oposición. Bajo ese argumento aplazó una y otra vez las elecciones locales que los opositores esperaban con ansias. Mientras tanto, organizó una Asamblea Nacional Constituyente que se votó y se implementó en tiempo récord, a pesar de una enorme polarización interna y de un rechazo casi unánime de la comunidad internacional.

Cuando la oposición se quedó sin dientes, después de perder en las elecciones de gobernadores, parecía que a la comunidad internacional le quedaba sólo una opción frente al afianzamiento del poder del oficialismo.

Estados Unidos sancionó al mismo Maduro, así como a otros miembros del gabinete, prohibiéndoles pisar su territorio y congelando cualquier cuenta o propiedad.

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A finales de agosto del 2017, Trump decidió tomar medidas contra el Estado, ya no meramente contra individuos particulares. Si quería presionar al gobierno venezolano, Donald Trump debía golpearlo donde más le duele: en los bonos de deuda, y en la empresa petrolera oficial, Pdvsa. Y eso hizo. La Casa Blanca comunicó en su momento que, con las nuevas medidas, Estados Unidos le negaría “a la dictadura una fuente crucial de financiamiento para mantener su mandato ilegítimo”. Por eso, el decreto prohibía transar nueva deuda emitida por el gobierno de Venezuela y su empresa petrolera estatal”.

La escasez, a partir del momento, se agudizó. Maduro tuvo que reconocer que esas medidas lo ponían en aprietos: “¿Qué quieren? ¿Quieren matar de hambre a los Venezolanos? respondió.

Tres meses después, antes de terminar el año, Maduro presenta las “criptomonedas” como la salvación de la hecatombe.

Pero según los economistas, las criptomonedas están basadas en la confianza. Y en palabras de Guerrero: “Venezuela ya no sabe qué es la confianza”.