Tras oleada de protestas en América Latina

Migrantes: ¿chivos expiatorios de la crisis regional?

Las movilizaciones en Perú, Ecuador, Chile y Bolivia dejan un incremento notable de la discriminación hacia los migrantes de Venezuela, con detenciones y deportaciones que no siempre se han justificado.

A diario salen 5.000 venezolanos hacia los países de la región, principamente Colombia.  / AFP
A diario salen 5.000 venezolanos hacia los países de la región, principamente Colombia. AFP

América Latina vive en estos meses una oleada de protestas que ha tenido al continente en vilo durante semanas. Desde Perú, con el cierre del Congreso y la crisis entre el presidente Martín Vizcarra y el Parlamento, de mayoría fujimorista, hasta las protestas en Colombia contra la gestión política del presidente Iván Duque, si hay algo que han tenido las manifestaciones latinoamericanas en común ha sido el incremento de la xenofobia hacia los migrantes venezolanos, que, sin embargo, ya se manifestaba antes.

Según los datos de la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), 4,3 millones de venezolanos han tenido que salir de su país por la situación económica y política. La mayoría de los migrantes se encuentra en Latinoamérica: Colombia, por su condición de país fronterizo, es el territorio al que más venezolanos han llegado. Se espera, de acuerdo con las estimaciones de la misma plataforma, que para finales de 2020 Colombia haya recibido a 2,4 millones de refugiados venidos de Venezuela; Perú, alrededor de un millón; Ecuador, 660.000; Chile, cerca de 500.000, y Brasil, unos 360.000. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) realizó una encuesta a principios de año a venezolanos en Centroamérica y el Caribe, y un tercio de los sondeados reportaron experiencias de discriminación, prácticas relacionadas con la trata de personas o explotación. El 93 % de las personas, por su parte, confirmó que fue discriminada por su nacionalidad. Vea también: ONU rechaza brotes de xenofobia contra migrantes

Perú

“Venezolanos, malos o buenos, tienen que salir del país”. Esa fue la polémica declaración que realizó la legisladora fujimorista Esther Saavedra en el Congreso peruano en septiembre pasado. La afirmación de la congresista tensó más la situación de los migrantes. Políticos, defensores de los derechos humanos y activistas rechazaron la conducta de Saavedra, pero su testimonio volvió a dejar patente la situación de vulnerabilidad que sufren estas personas. La Superintendencia Nacional de Migraciones peruana, coincidiendo con la polémica, lanzó una campaña de concientización para combatir cualquier forma de discriminación hacia los inmigrantes en Perú, en la que uno de los principales es que “son más las personas buenas” que llegan al país.

“La xenofobia se promociona como noticia en los medios”, comenta una asociación de venezolanos en Perú. “La ignorancia, sobre todo fuera de la capital, es muy palpable todavía y es allí donde más se reproduce esta problemática”, relata la misma fuente. “La conducta de algunos venezolanos no puede ser un estigma contra todo un grupo de personas, y aunque algunos hayan creado mala fama, no es extrapolable”. Desde esta organización lamentan que el odio está presente tanto en la vida social como a escala laboral, donde la contratación se dificulta para los migrantes.

Oriannis se estableció en Perú sin desearlo. Esta ingeniera salió de Venezuela porque ya no podía vivir en tan precaria situación. “Yo vivía sola, en una casa arrendada. Ya ni siquiera me alcanzaba para comprar un pollo o unos huevos. El sueldo lo tenía que distribuir entre el alquiler, los pasajes para ir al trabajo y gastos corrientes”. La joven cuenta que ya no podía ayudar a sus papás y salió de su país buscando “mejoras” en su vida.

“Mi meta siempre fue Argentina, donde, afortunadamente, me encuentro ahora. Mi objetivo era pasar desde Venezuela a Colombia, Perú y Chile hasta llegar a Argentina; sin embargo, no me alcanzó la plata y me tuve que quedar. Perú fue una muy mala experiencia en mi vida”. Oriannis relata que allí la estafaron, la humillaron y la trataron mal. Trabajó en innumerables empleos donde a final de mes tenía que llorarles a los empleadores para que cumplieran con el salario que le habían prometido. Vivió la xenofobia en la calle, en el autobús, donde le insultaban cuando la identificaban como venezolana, y en la vida laboral. Una de sus peores experiencias, comenta, fue cuando fue a un establecimiento a hacer una compra de detergente para la ropa: “No conocía las marcas ni los precios y le pregunté a la señora. Inmediatamente empezó a increparme y a decirme “¡venezolana de mierda!, ¿hasta cuándo vas a estar aquí? ¡Váyanse, malditos todos!”. Recuerdo que salí de allí con una crisis de llanto y nervios porque la tipa me insultó por ser venezolana”.

Cuando ya no podía más, pidió plata prestada para salir del país. “Estaba desesperada. Lloraba todos los días, me enfermaba y lo pasé realmente mal”. Cuando llegó a Argentina, tenía temor de que la gente se comportara igual, pero tras unos meses, dice haber encontrado mayor estabilidad.

Ecuador

De acuerdo con R4V, hay más de 385.000 migrantes venidos de Venezuela en el país. La xenofobia hacia las personas de esta nacionalidad se manifestó con fuerza durante las protestas contra Lenín Moreno por el decreto que contemplaba el aumento del precio de los combustibles.

En el marco de las manifestaciones sociales, 17 extranjeros, la mayoría venezolanos, fueron detenidos por presuntamente manejar información sobre los traslados del presidente, una información que no se llegó a desarrollar, aumentando el rechazo hacia estas personas. Esta fue la primera noticia que dieron a conocer las autoridades en el contexto de las detenciones policiales. Antes, Moreno había declarado que las protestas no eran más que una confabulación del “sátrapa de Maduro y Rafael Correa para crear un plan de desestabilización” en el país.

En paralelo, los propios protestantes ecuatorianos hicieron comentarios en contra de los migrantes con gritos de “fuera, venezolanos”, mientras afirmaban que el gobierno de Lenín Moreno pretendía quitarles beneficios a los nacionales para dárselos a los extranjeros. “Nos quitan a nosotros y les dan entrada a los venezolanos para que asesinen y roben a los nacionales”, llegó a comentar un manifestante a la publicación El Nacional.

Chile

Los chilenos llevan un mes y medio en las calles exigiendo reformas de calado al presidente Sebastián Piñera. Luego de que estalló el descontento social con el anuncio del gobierno del aumento del costo de los pasajes en el metro de Santiago, la xenofobia hacia los venezolanos también se hizo presente.

En los primeros días de las protestas, Piñera expulsó a nueve personas venezolanas por, presuntamente, haber participado de las actividades violentas y los disturbios, un hecho del que no se ha hecho mayor seguimiento, estigmatizando, de nuevo, el comportamiento general de esta comunidad.

Carlos Carrasco, vocero de la Asociación Venezolana en Chile, confirma que en el marco del estallido social existieron episodios de odio. “Se presentaron hechos alarmantes a través de las redes sociales. Por una parte, hubo mensajes que decían que todos los venezolanos que se encuentran en el país están a favor de Piñera y que por ello había que saquearlos a ellos y a sus negocios. Por otra parte, los venezolanos que participaron de las marchas también se vieron estigmatizadas porque se les acusó de que no tenían derecho de estar presentes en las movilizaciones”.

En Chile existe una cláusula en la visa temporaria en la que se dice, de manera indirecta, que el extranjero no puede participar de actos políticos: “Me comprometo a no participar durante mi permanencia en el país en la política interna ni en actos que puedan inferir molestias a los gobiernos con los cuales se mantiene relaciones amistosas”, reza el apartado.

Bolivia

La situación de los migrantes de Venezuela en Bolivia ha sido volátil durante los últimos meses. El país que hasta hace unas semanas regía Evo Morales era, casi siempre, un refugio en paz, pero todo cambió desde el estallido social surgido de las elecciones del 20 de octubre.

El pasado 15 de noviembre, las autoridades bolivianas detuvieron a nueve venezolanos cuando intentaban abandonar el país. Se les acusó de participar en “actos de sedición” de grupos presuntamente vinculados al expresidente Morales. De acuerdo con la información difundida por la Policía, los detenidos fueron “arrestados con armas de fuego sin autorización” cuando intentaban salir de Bolivia por una población fronteriza con Brasil.

La noticia se anunció en paralelo con el anuncio de la ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela tras muchos años de gran amistad entre los gabinetes de Maduro y Morales y con el anuncio de la nueva canciller boliviana. La periodista Yuvinka Gonzálvez llegó a informar en el programa La Mañana del canal EVTV, sin aportar datos concisos, que Cuba y Venezuela habían infiltrado agentes del aparato de seguridad de sendos países para mantener las protestas en las calles, lo que volvió a estigmatizar a los venezolanos en Bolivia.

Entre las dificultades burocráticas, el trayecto de miles de kilómetros y la xenofobia, ahora los venezolanos en Bolivia encaran una nueva crisis: la de vivir en un país que se dirige hacia una transición incierta.

Colombia

Las protestas contra las políticas del presidente, Iván Duque, han vuelto a dejar en evidencia la xenofobia que vive Colombia contra la comunidad de migrantes que llegaron de Venezuela. Según los datos de R4V, alrededor de un millón y medio de refugiados han llegado al país desde que la situación política y económica comenzó a complicarse al otro lado de la frontera.

En el contexto de las marchas y la movilización social que se viene reproduciendo en ciudades de todo el país, han existido algunos episodios de violencia, desmanes y saqueos. La tónica general ha sido, sobre todo desde las redes sociales, achacar a los migrantes venezolanos la autoría de estas prácticas. Durante las últimas jornadas se difundieron vídeos y cadenas de WhatsApp en las que se decía que los “venecos” —vocablo peyorativo que utilizan para referirse a los venezolanos— habían protagonizado la violencia y los saqueos de supermercados.

Desde las autoridades, la madrugada del pasado lunes se realizó una redada en cinco localidades de Bogotá que se saldó con 59 venezolanos detenidos y deportados por, presuntamente, haber generado violencia y participado en los saqueos en la capital colombiana.

Sin ser judicializados, fueron trasladados a Puerto Inírida, donde una masa de ciudadanos tomaron la pista de aterrizaje impidiendo la entrega de estas personas al punto fronterizo. Desde allí se desviaron a Puerto Carreño, donde los habitantes y el propio alcalde también negaron la entrada de estas personas, aunque finalmente sí se pudo consumar el aterrizaje. Una vez allí, fueron devueltas hasta la jurisdicción venezolana en lanchas a través del río Orinoco.

Desde Venezuela, el canciller Jorge Arreaza anunció que el país denunciará ante instancias de derechos humanos de las Naciones Unidas los casos de detenciones arbitrarias de ciudadanos venezolanos en Colombia o Bolivia. De acuerdo con un anuncio emitido por el representante en Twitter, “la estrategia de los gobiernos de derecha en la región de criminalizar e instrumentalizar la migración venezolana para evadir sus responsabilidades políticas y económicas es vulgar, descarada y violatoria de los derechos humanos”.

En lo relativo a Colombia, Venezuela rechazó la “conducta irregular y subrepticia” de las autoridades del país, que utilizó unas deportaciones realizadas sin acusación formal ni judicialización, incurriendo, según la Cancillería, en tratos inhumanos hacia los ciudadanos venezolanos, adoptando una clara violación a sus derechos fundamentales.

https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/xenofobia-un-fenomeno-en-auge-tras-el-paro-nacional-articulo-893954

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Marta Moya Domínguez /@martamdom

El Mundo

Migrantes: ¿chivos expiatorios de la crisis regional?

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