Migrantes en Hungría: detenidos y resguardados en contenedores

Una ley aprobada por la mayoría del Parlamento obliga a la detención sistemática de cualquier persona que demande asilo. El gobierno de Víktor Orban se aleja cada vez más de la Unión Europea.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, durante un discurso en Budapest.EFE

Por la frontera entre Serbia y Hungría, entre 2014 y 2015, pasaron cientos de familias, niños solitarios, madres errabundas, hombres demacrados: eran los migrantes que caminaban hacia países como Francia o Alemania y en cuya ruta debían hacer tránsito por Hungría. Más de un millón llegaron en 2015 a Europa, buena parte de ellos por la ruta húngara. La marcha, sin embargo, se ralentizó: si en un día pasaban 400 personas, de repente comenzaron a pasar 12 o 13. La razón era simple. El gobierno húngaro, presidido por el primer ministro Víktor Orban, decidió levantar una valla de 523 kilómetros de largo y cuatro metros de altura para cerrarles el paso. Hungría pasó de ser un país de tránsito a una tierra de clausura. Pocos tenían la oportunidad de pedir asilo y pocos, después de cerrada la frontera, se decidieron a hacerlo por miedo a la ley.

Ahora muchos menos lo harán: el Parlamento húngaro aprobó por 138 votos contra 6 y 22 abstenciones una ley que establece la detención sistemática de todos los migrantes que pidan asilo en el país. La ley estipula que dichos inmigrantes serán instalados en “zonas de tránsito” en las fronteras con Serbia y Croacia. A primera vista, suena bien: como si se tratara de un refugio mientras esperan que les aprueben su pedido de asilo. Sin embargo, en 2013 la Unión Europea le había exigido a ese país que suprimiera una ley igual porque iba en contra de los derechos humanos. Los inmigrantes serán enviados a contenedores —literales contenedores como los que se ven en los barcos de carga— sin que se conozcan, hasta ahora, las condiciones en que serán detenidos. Aparte de que son detenidos, su duración en los contenedores podría ser muy extensa: es bien sabido que las peticiones de asilo, y sobre todo en un país tan exigente y burocrático como Hungría en ese sentido, no se resuelven en menos de seis meses.

La medida se aplicará tanto a los recién llegados como a los solicitantes de asilo alojados en el país, que en febrero sumaban 586. Orban, un soberanista que se ha enfrentado muchas veces a sus socios europeos, reconoció en enero que la reintroducción de esta medida, contraria al derecho europeo, iría "abiertamente en contra de la UE". No es la primera lanza que le enrostra Hungría al bloque: ya se había negado a participar en las cuotas de migrantes que pretendían equilibrar la cantidad de desarraigados que habría por país. Orban, sin embargo, se ha cerrado por completo a recibir a los inmigrantes más necesitados en su fuga de conflictos en Siria, Afganistán, Pakistán y Eritrea. El primer ministro, erigido desde hace dos años en punta de lanza europea en la lucha contra la inmigración, que comparó a un "veneno", dijo el martes que Hungría "sólo depende de sí misma" para defender sus fronteras.

Tras haber sido uno de los principales países de tránsito para los refugiados que trataban de llegar al oeste de Europa, Hungría erigió a finales de 2015 una valla antimigrantes en sus fronteras con Serbia y Croacia. Desde entonces no ha cesado de endurecer su legislación antimigración, pese a que el flujo de refugiados se ha reducido.

Orban, cuyo país vio transitar a algunos de los autores de los atentados de París durante la gran ola migratoria de 2015, volvió a decir el martes que "las migraciones son el caballo de Troya del terrorismo". Acnur dijo estar "profundamente preocupado" por la adopción de la nueva legislación y subraya que "viola las obligaciones de Hungría según las leyes internacionales y europeas".

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Redacción Internacional (con información de AFP)

El Mundo

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