Moda, ¿materia prima de la esclavitud moderna?

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Una cadena de suministro de un sector de la moda no transparente es responsable del trabajo forzado en varios países; el sistema moda tiene la oportunidad de construir un sistema trazable, transparente y respetuoso frente a las personas.

Al finalizar la guerra civil entre los estados del sur, a favor de la esclavitud para trabajar en las plantaciones de algodón, y los estados del norte, a favor de la libertad, se firmó en 1865 la 13 Amendment dando por finalizada la esclavitud en Estados Unidos.

En 1942, la declaración de los Derechos Humanos ratificó a nivel internacional dicha prohibición, pero el Global Slavery Index denunció en el 2016 que alrededor de 45.8 millones de personas viven bajo alguna forma de esclavitud moderna, más del 50% concentrados en cinco países: India con 18′354.700 personas, China con 3′388.400 personas, Pakistán con 2′134.900 personas, Bangladés con 1′531.300 y Uzbekistán con 1′236.600 personas. Estos cinco países participan en la cadena de suministro del Sistema Moda.

Denuncias en Uzbekistán y Turkmenistán

Más de medio millón de estudiantes y profesionales en Uzbekistán y miles en Turkmenistán son obligados por ambos gobiernos a abandonar sus puestos de trabajo o de estudio para participar de la cosecha de algodón, acciones documentadas por el Uzbek-German Forum for Human Rights (UGF).

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Gracias a la presión internacional se logró una disminución en el trabajo infantil en el 2014 en Uzbekistán y, según Bennett Freeman, cofundador de Cotton Campaign, en el 2017 hubo un avance cuando el presidente de ese país admitió públicamente el empleo de trabajo forzado masivo y se comprometió a finalizar dicha práctica. Pero en el 2018, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) informó que 170.000 personas habían sido obligadas a trabajar en los cultivos de dicho país.

Las economías de ambos países están basadas, en parte, en el trabajo forzado y el oro blanco enriquece solo a políticos y élites. El Estado, propietario de gran parte de la tierra, impone cuotas de siembra y cosecha: incumplirlas puede resultar en castigos, pérdida de trabajo o plazas de estudio, acusaciones criminales o pérdida del derecho de arrendamiento sobre la tierra.

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Elena Urleava, líder de Human Rights Alliance de Uzbekistán opina que “hasta que el gobierno de Uzbekistán no deje de emplear el trabajo forzado, las compañías que hacen negocios con la industria algodonera de ese país como Indorama no podrán garantizar los Derechos Humanos fundamentales o los estándares laborales de la Corporación Financiera Internacional (IFC)”.

En el 2016, el IFC aprobó un crédito a Indorama Kokand Textile. Umida Niyazova, directora de Uzbek-German Forum for Human Rights, comentó que este préstamo brinda incentivos al gobierno para silenciar a los líderes sociales: “¿Por qué deberían los fondos públicos beneficiar a Indorama a expensas de las víctimas de la represión y el trabajo forzado?”

Denuncias en China

China produce el 20% del algodón mundial con un 80% concentrado en la provincia de Sinkiang. Allí habitan más de 11 millones de musulmanes uigur, de los cuales 1.8 millones han sido detenidos. El World Uyghur Congress (WUC) y el Global Legal Action Network (GLAN) afirman que estas personas son llevadas a instalaciones de detención para ser adoctrinados y forzados a trabajar en los cultivos de algodón o en las plantas de hilandería. El Investor Alliance for Human Rights describe esta región como “un ambiente de alto riesgo”.

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Uyghur Human Rights Project hizo pública una petición para que empresas del sector moda no continúen fomentando el trabajo forzado por medio de la adquisición de fibra y telas de algodón procedentes de esta región de China. Entre las marcas señaladas se encuentran Abercrombie & Fitch, Adidas, Amazon, Calvin Klein, Gap, H&M, Nike, Victoria’s Secret y Zara. Se estima que una de cada cinco prendas de algodón vendidas en el mundo contiene algodón o hilo proveniente de Sinkiang.

Better Cotton Initiative (BCI) ha suspendido la certificación de la cosecha y producción 2020/21 proveniente de Sinkiang y Eco Textile News afirma que las compañías con negocios en la región están en “alto riesgo de causar, contribuir o estar directamente relacionados con un impacto negativo actual o potencial contra los Derechos Humanos.” El portal concluye que el gobierno chino está involucrado en las violaciones de Derechos Humanos al permitir el trabajo forzado, la carencia de transparencia y “la incapacidad de implementar auditorias creíbles”.

El departamento de Costums and Border Protection (CBP) de Estados Unidos anunció el bloqueo de todas las importaciones de algodón, hilo y textiles provenientes de Sinkiang debido a las acusaciones de trabajo forzado y violaciones de Derechos Humanos. Y en el Reino Unido las autoridades de aduana británicas urgieron al gobierno de Boris Johnson a prohibir la importación de algodón de la región de Sinkiang.

¿Qué hacer?

La esclavitud moderna es el resultado de una cadena de suministro de un sector no transparente. En el 2016, una encuesta realizada en el Reino Unido concluyó que el 77% de los retailers creían que en su cadena de suministro se presentaba alguna forma de esclavitud moderna.

Para el Centre for Sustainable Fashion vivimos en un momento de fuerte inequidad: el mundo se aleja de una civilización que honra la vida humana hacia una donde cada vez hay más personas sometidas al trabajo forzado. El Centro invita a cuestionarnos la forma cómo se ha dado el progreso y hacer cambios a lo largo de la cadena de suministro para producir bajo practicas libres y seguras.

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El sistema moda tiene la oportunidad de construir un sistema trazable, transparente y respetuoso frente a las personas. Es momento que diseñadores, empresas, marcas y consumidores nos preguntemos #QuienHizoMiRopa (#WhoMadeMyClothes), campaña de Fashion Revolution, pero empezando desde la siembra de la semilla de algodón.

No podemos continuar en una industria donde el precio de la prenda es más importante que las vidas humanas. No continuemos reviviendo la triste historia del tío Tom.

*Diseñadora de moda, periodista y magíster Ciencia Política

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