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Murió Zine El Abidine Ben Alí, primer presidente derrocado en la Primavera Árabe

El ex presidente tunecino Zine el Abidine Ben Alí, exiliado en Arabia Saudita desde su derrocamiento a principios de 2011, murió este jueves a los 83 años de edad.

El expresidente tunecino derrocado Zine el Abidine Ben Alí falleció este jueves en Arabia Saudita.AFP

En Túnez comenzó la Primavera Árabe, revueltas populares que llevaron al derrocamiento de varios mandatarios. Sin embargo, Zine El Abidine Ben Alí, se hizo célebre porque fue el primer presidente que salió del poder por la presión popular.

El 17 de diciembre de 2010, en la ciudad de Sidi Bouzid, el vendedor de naranjas Mohamed Bouazizi fue víctima de la injusticia policial, que lo despojó de sus productos y cuentas de ahorros. Este hombre se inmoló como protesta. Durante su agonía, que duró varios días, miles de tunecinos salieron las calles y se rebelaron contra el Presidente: sí, Zine El Abidine Ben Alí, el mismo que murió este jueves en Arabia Saudita.

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Ben Alí gobernó Túnez desde 1987 y su gobierno era considerado autoritario. Cuando Bouazizi murió, el 4 de enero de 2011, el mandatario dimitió diez días después.  Huyó cargado con maletas de dinero hacia Arabia Saudita en donde vivió desde entonces. 

¿Quién era Ben Alí?

El sacrificio de Bouazizi encendió una revuelta popular que terminó con 23 años de reinado de un dictador y de su familia sobre los dominios del país: Zine el-Abidine Ben Alí, un militar que se formó en la academia militar francesa de Saint-Cyr y en la Senior Intelligence School de Fort Holabird en Estados Unidos. Luego ocupó varias embajadas, para después regresar al país y formar parte del gabinete del presidente Habib Bourguiba, a quien derrocó mediante acciones poco claras.

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Aprovechándose de la avanzada edad de Bourguiba —84 años—, en mayo de 1987 Ben Alí lo envió a vivir en un palacio en la ciudad de Monastir y asumió el poder. El viejo general, héroe del nacionalismo árabe y padre de la independencia del país, murió cuatro años después. Esa toma del poder incluso fue bien recibida por la comunidad internacional y gran parte de la población tunecina, muy apegada a los valores laicos, pues representaba una barrera al islamismo que crecía a pasos agigantados.

Ben Alí se rodeó de miembros de su familia y de la de su segunda y actual esposa, Leïla Trabelsi. A través de su partido, el RCD (Asamblea Constitucional Democrática), único grupo político en el país hasta 1999, cerró con llave todos los escaños del poder: sus hermanos, hijos y yernos asumieron los puestos claves en la economía y política de la nación. Norma que continúa hoy en día vigente, pues para ocupar un cargo público hay que ser miembro del partido presidencial.

Una dictadura familiar

Zine el-Abidine Ben Alí se aseguró bien para quedarse en el poder durante años. Ganó las elecciones presidenciales de 1989. Y las de 1994. En 2002 modificó la Constitución para poder quedarse en el poder. Fue reelecto por última vez el 25 de octubre de 2009, en medio de denuncias de fraude y corrupción.

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De hecho, diplomáticos estadounidenses, según revelaron algunos de los cables revelados por Wikileaks, se referían a la corrupción rampante en el entorno presidencial de Túnez. Decían que La Familia, como llamaban al gobierno tunecino, funcionaba de la misma forma que un clan mafioso siciliano, repartiéndose en monopolios las riquezas del “milagro económico” africano.

En un organigrama publicado por el diario francés Le Monde, Najet Ben Alí, hermana mayor del caudillo, y sus hijos controlaban las principales sociedades de importaciones y exportaciones del país; el hermano de la esposa del presidente, Belhassen Trabelsi, considerado El Padrino de La Familia es dueño de grandes complejos turísticos y controla la mayoría de los medios de comunicación.

Los hermanos Imel y Moez Trabelsi, sobrinos de la primera dama, son actualmente perseguidos por robo de yates de lujo y extorsiones, mientras que el hermano del presidente, Slaheddine Ben Alí, encabezaría una red de tráfico de alcohol.

El clan de los Ben Alí Trabelsi es dueño de varios bancos, empresas de transporte, propiedades inmobiliarias, compañías aéreas –Cartago Airlines, Nouvel Air–, una empresa de producción audiovisual –Cactus–, hoteles 5 estrellas en Túnez y bienes inmobiliarios en Canadá, Estados Unidos y Francia, entre otros países. También tienen cuentas bancarias profusamente alimentadas en Suiza, Francia, Dubai y Malta.

Robert F. Godec, embajador de EE. UU. en Túnez, aseguró en un cable que “más allá de las historias sobre los acuerdos oscuros de la primera dama, los informes tunecinos han venido encontrando altos niveles de corrupción (…). El impacto económico es claro, teniendo en cuenta que los inversores le temen al gran brazo de la familia, han dejado de hacer nuevas inversiones, manteniendo los índices de inversión muy bajos. Estos rumores persistentes de corrupción, junto con una inflación en alza y un desempleo continuo han ayudado a alimentar la frustración hacia el Gobierno y ha contribuido a una ola de protestas recientes en el suroeste de Túnez”.

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- Redacción Internacional

El Mundo

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