Las claves de una política antidrogas útil

“Ningún éxito de erradicación en Asia fue motivado por la presión de Estados Unidos”

El profesor James Windle, experto en cultivos ilícitos y autor de un libro en el que analiza nueve procesos exitosos de supresión de cultivos ilícitos en Asia, en el cual los países llegaron a mínimos históricos de hectáreas cultivadas, explica por qué la fumigación con pesticidas no ha sido efectiva en controlar el problema y, por el contrario, ha sido perjudicial para las comunidades agrícolas y los gobiernos que las impulsan.

La fumigación en Pakistán fue reemplazada de manera exitosa por la erradicación manual./ Getty

La fumigación aérea con pesticidas a cultivos de uso ilícito es una práctica que ha sido cuestionada en los últimos años por su poca efectividad en combatir el problema y las secuelas que deja en las comunidades que las siembran.

En entrevista con El Espectador, James Windle, director de la licenciatura en criminología de la University College Cork y autor del libro Erradicando la producción ilícita de opio: intervención exitosa en Asia y Medio Oriente”, explica cuáles son los pasos necesarios para que un país pueda erradicar los cultivos ilícitos sin necesidad de la aspersión aérea.

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El Espectador: ¿La fumigación es una forma efectiva de combatir el problema?

James Windle: De ningún modo. La experiencia en el sur y sureste de Asia, y el consenso entre los académicos, es que la fumigación aérea es ineficaz y contraproducente, porque puede intensificar las condiciones estructurales que facilitan la siembra de cultivos, al crear descontento social y, por ende, dificultad para que el Estado llegue a estos territorios.

EE: ¿Hay algún ejemplo en donde se haya remplazado la fumigación con la erradicación manual?

J. W.: En Pakistán, por ejemplo, Estados Unidos apoyó la fumigación en los años 80 y criticó al gobierno pakistaní por no usar el método lo suficiente. Pero años después, la aspersión aérea fue prohibida tras varios incidentes de violentas protestas contra la fumigación con pesticidas.

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EE: Entonces, ¿qué necesita un país para tener una política de erradicación exitosa?

J. W.: En mi libro comparo nueve casos históricos, en su mayoría en el centro y sudeste de Asia, en que redujeron la producción nacional de opio en más del 90 %. Tres factores se presentaron en todos (o la mayoría) de los casos.

EE: ¿Cuáles son?

J. W.: El primero es que todos los gobiernos percibían la erradicación como un interés nacional, pero ninguno estuvo motivado por la presión de los Estados Unidos. Más bien, los gobiernos optaron por suprimir el opio porque estaban preocupados por el consumo doméstico de opiáceos y creían que la supresión produciría alguna mejora económica o de seguridad.

En segundo lugar, el Estado consiguió ampliar su presencia y autoridad en las áreas productoras de opio y comprendió que tenía que pausar la erradicación mientras mejoraba su relación con las comunidades de cultivo de opio.

Por último, en todos menos dos casos se les ofrecieron incentivos a las comunidades agrícolas para que cesaran la producción de opio. Estos incentivos tomaron la mayoría de las veces la forma de desarrollo rural y la promoción de bienes sociales como salud, educación, infraestructura y agua potable limpia. Estos tres requisitos son necesarios.

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¿Qué se puede hacer para evitar que estos esfuerzos fracasen con el tiempo?

J. W.: Los Estados deben asegurar que estos tres pasos se integren en los esfuerzos nacionales o regionales de desarrollo rural y económico, y no solo sean políticas independientes centradas en la supresión de cultivos de drogas.