COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 2 horas

Nixon, Clinton y Trump

Hace veinte años, Bill Clinton testificó ante el fiscal independiente Kenneth Starr y un gran jurado sobre su relación sexual con Monica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca. Esa noche, Clinton dio un mensaje a la nación, en el que confesó: “Sí mantuve una relación con la señorita Lewinsky que no fue apropiada y que de hecho estuvo mal. Constituyó un error de juicio y un fallo personal por mi parte del que soy el único responsable, pero hoy, ante el gran jurado, declaré lo que les digo ahora: que en ningún momento he pedido a nadie que mienta, oculte, destruya pruebas o lleve a cabo una acción ilegal. Sé que mis comentarios públicos y mi silencio sobre este tema dieron una impresión falsa. Engañé a la gente, incluyendo a mi esposa. Lo lamento profundamente”.

AFP

Fue una confesión clara, aun si se hizo bajo presión y después de que la opción de mentir se había esfumado, e incluso si todavía le buscaba tres pies al gato. Meses antes, Clinton había dicho de manera tajante: “Nunca he tenido relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky. Nunca pedí a nadie que mintiera, ni siquiera una vez. Nunca. Estas acusaciones son falsas y necesito regresar a servir al pueblo estadounidense”. Días después de que Clinton hiciera esa confesión, Donald Trump dio una entrevista a Chris Matthews, en la cual dijo: “Me parece que su discursito posterior fue un desastre. No lo hizo con el tono adecuado y no estoy seguro de que haya sido buena idea hacerlo. Y me parece que debió haber aparecido y apelado a la Quinta Enmienda, y dicho: ‘Miren, no me llevo bien con este hombre, Starr. Me tiene en la mira. Es un republicano’. Es esto, es lo otro y ya saben, simplemente apelar a la Quinta Enmienda. Es terrible que un presidente apele a la Quinta Enmienda, pero quizá debió haberlo hecho”.

Trump dejó claro entonces cómo enfrenta este tipo de problemas: no admitir nada, no confesar nada, negarlo todo, atacar a la persona que va tras de ti.

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Para mí, está claro que al menos hubo un intento por parte de los miembros del equipo de Trump para conspirar con los rusos con el fin de influir en las elecciones. Las pruebas de eso son ahora de dominio público. Está igual de claro que Trump ha intentado obstruir la justicia dificultando la investigación y que es algo que sigue haciendo.

Que el fiscal especial, Robert Mueller, considere que esas acciones cumplen los criterios legales de criminalidad es otra historia. Sin embargo, me parece que Trump está cada vez más inquieto ante la posibilidad real de que más miembros de su campaña y posiblemente de su familia rindan cuentas y de que él mismo pueda ser vulnerable a un posible juicio político.

Está copiando las acciones del presidente Richard Nixon, quien renunció antes de que se le pudiera someter a juicio político. Casi 25 años antes de que Clinton hiciera esa confesión a la nación, Nixon había enviado un mensaje con su desmentido.

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Nixon declaró: “Dije el 22 de mayo que no tenía conocimientos previos de la operación Watergate. En todo el testimonio, no hay la más mínima evidencia de lo contrario. Ni un solo testigo ha dado testimonio de que yo haya tenido conocimiento de la planeación de la irrupción en Watergate. También es cierto, como dije el 22 de mayo, que no participé ni tuve conocimiento de ningún esfuerzo subsecuente para ocultar los actos ilegales asociados con la irrupción en Watergate”. Ahora sabemos, por supuesto, que esa fue una mentira.

Sin embargo, una lectura completa de las declaraciones de Nixon sonaría respetable en comparación con el salvajismo con el que Trump está atacando la investigación sobre la ilegalidad, a la prensa que reporta sus avances y a quienes proveen información al respecto. Hasta en la declaración falsa de Nixon uno lee al menos un respeto retórico por las instituciones y la historia estadounidense, aunque ese respeto no existiera de hecho ni del todo. Trump no tiene nada de eso. Me parece que no planea en absoluto cooperar personalmente con la investigación sentándose a dar una entrevista. Tal vez alguna vez creyó que podía salir de esta experiencia fanfarroneando, pero ahora su hostilidad y miedo a la conclusión de la investigación han hecho mella en su valor.

No me parece que Trump vaya a confesar como lo hizo Clinton ni a renunciar como Nixon, a pesar de lo que Mueller encuentre, a quién procese o qué diga en su informe. Trump miente casi en todo, pero una cosa que dice es cierta: es un luchador. No obstante, no es un luchador porque sea temerario ni valiente. El valor no tiene nada que ver con este hombre. Trump lucha por vanidad.

Uno de los mayores miedos y más grandes inseguridades de Trump es sentirse avergonzado y expuesto. Trump se muere de miedo de que alguien le quite la máscara que ha venido trabajando desde hace siete décadas o de que se sepa que esa máscara está hecha de papel en lugar de acero.

The New York Times News Service

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2018-08-22T21:00:00-05:00

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Charles M. Blow - The New York Times

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