"No le creo a Luisa Ortega": Carlos Romero

Venezuela votó ayer para elegir gobernadores en 23 estados del país. La oposición no pudo inscribir candidatos en siete de ellos. En entrevista con El Espectador, el analista Carlos Romero explica por qué Venezuela está tan confundida.

Carlos A. Romero es politólogo e internacionalista en Venezuela.EFE

Después de todo lo que ha pasado en Venezuela, las sanciones de Estados Unidos, la crisis, la emergencia económica y social, ¿qué queda del chavismo?
Lo primero que deben saber ustedes, en el exterior, es que el chavismo nunca fue mayoría absoluta en Venezuela. Desde la primera elección que ganó Chávez, en 1998, la votación a su favor fue del 56 %, así que el chavismo siempre se ha movido con una mayoría relativa que se mantiene con alrededor del 30 % de simpatía entre los votantes venezolanos. 
El chavismo siempre quiso dar la imagen de que es un proyecto hegemónico. Claro, es hegemónico por la pretensión política de ser hegemónico. Pero aquí siempre ha existido una oposición muy fuerte que, por supuesto, ha crecido desde la votación de 2015, que fue masivamente antigobierno. Por eso los politólogos siempre la consideraron un “voto castigo”. ¿Qué será del chavismo? El chavismo es un poder desnudo. Cada día más el chavismo es un poder que ha abandonado la ideología. Este es un gobierno que tiene un pasivo de presos políticos, de manipulación de la Constitución, del Estado de derecho, y eso lleva a una reducción de la vía democrática del país.


¿Cómo lee la negociación de la oposición y el chavismo con la intervención en República Dominicana? El libreto en todas las negociaciones es el mismo y nunca logra concretarse nada.
No se ha podido concretar porque el gobierno ha manipulado los resultados de la reunión anterior. No ha cumplido con algunos elementos básicos que se acordaron en esa oportunidad: primero, el respeto por los derechos humanos, la liberación de los presos políticos. Segundo, la mayor apertura del compromiso electoral. El gobierno insistió en que los gobernadores electos tenían que darle fe, lealtad, a la Asamblea Nacional Constituyente. Pero la oposición, por supuesto, respondió que ellos en ningún momento iban a comprometerse con esa petición. 


¿Y entonces? ¿Qué viene?
Pues eso se convirtió en una piedra de tranca que no se ha podido superar. El gobierno juega con la idea de que va a ver una reunión la próxima semana, pero no creo que pueda suceder.


¿Y la mediación de México? 
México y otros países se han ofrecido como acompañantes en este diálogo, pero la concreción de la segunda etapa de este diálogo es algo que sólo pueden resolver los venezolanos. Por más que otros países hayan manifestado que están dispuestos a acompañar las negociaciones, si no se concreta el diálogo entre el gobierno y la oposición no va a pasar nada.

Es que, cómo podríamos sentir que hay caminos para el diálogo cuando se ha manipulado el resultado electoral de esta manera. No se abrió el registro electoral permanente, por lo que muchos venezolanos no van a poder votar; se cambiaron y se eliminaron una cantidad de centros de votación que resultan ser en su mayoría a favor de la oposición, el Consejo Nacional Electoral se negó a cambiar la foto de los candidatos ganadores de la consulta interna de los partidos. Y, por si fuera poco, la logística del día domingo ha sido diseñada para que haya un ambiente de abstención. 
Ahora bien, si se cumple el deseo del secretario general de la OEA, Luis Almagro, de juramentar como los legítimamente representantes del Tribunal Supremo de Justicia a los magistrados que fueron nombrados por la Asamblea Nacional y que fueron rechazados por el tribunal supremo y perseguidos por el gobierno, nos enfrentaríamos a una situación muy complicada. Podría darse que la OEA y algunos países de la comunidad internacional reconocieran una especie de gobierno paralelo. Todo está muy complicado, hay mucha incertidumbre. 


Aun así hay mucha gente que parece esperanzada en estas puertas para el diálogo. ¿No le parece?
Hay dos lecturas de la política: le lectura de la posibilidad de reunión en Santo Domingo, de las elecciones del día domingo, pero hay otra lectura, y es que se ha agrietado mucho más la posibilidad de diálogo entre el gobierno y la oposición, y, por lo tanto, se ha ahondado más en la polarización del país.


¿Usted le cree a la fiscal destituida, Luisa Ortega?
Me cuesta creerle, como les cuesta a muchos venezolanos creer en los chavistas arrepentidos. Uno de los elementos más importantes de esta crisis es que la oposición venezolana no confía en los exchavistas. 


Si Maduro es tan impopular, ¿por qué la oposición no logró sacarlo del poder?
Bueno, no logró sacarlo del poder por una vía extraconstitucional. Todavía no se ha planteado la elección presidencial y, de acuerdo con lo que indican las encuestas, sería favorable para el candidato opositor.


¿Por qué la gente se cansó de marchar?
No creo que el votante opositor se cansara de marchar, sino que se cansó de marchar sin ver ninguna posibilidad de cambio político. 
La oposición se concentró en las marchas y se olvidó de otras formas de lucha por el poder, y sobre todo del principio general de la política: usar todas las formas de lucha. Ese cambio tan brusco de cerrar el tema de las manifestaciones para lanzarse a las elecciones de gobernadores no fue bien explicado y eso muestra por qué tanta abstención.  Pero no es la única razón. No podemos desconocer la situación socioeconómica de Venezuela. El venezolano está pensando cómo sobrevivir a diario en medio de una crisis que cambia los precios de los productos todos los días.  Además, la respuesta del gobierno fue altamente represiva. Aquí muchos salieron heridos, murieron más de 100 personas. El miedo es libre. 

 

 

 

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