"Nunca voy a pedir perdón": Alfredo Astiz, el Ángel de la muerte en Argentina

El excapitán de la marina de guerra volvió a reivindicar lo actuado en la dictadura -que dejó 30.000 desaparecidos, según organismos humanitarios- al sostener que fue "en defensa de la Patria".

Dictadura argentina

El excapitán de la marina de guerra argentina Alfredo Astiz, condenado a cárcel perpetua por crímenes en la dictadura (1976-1983), afirmó que nunca pedirá perdón, en su alegato en un juicio que calificó de ilegítimo.

"Nunca voy a pedir perdón por defender a mi Patria", lanzó Astiz (66 años) ante el tribunal que lo juzga al que también acusó de ilegítimo.

Astiz habló en las instancias finales de un juicio iniciado a fines de 2012 y que ventila unos 789 hechos, entre ellos los llamados "vuelos de la muerte" en los que prisioneros eran arrojados vivos al mar desde aviones militares.

Los detenidos eran llevados desde la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), emblemático centro clandestino de detención de la dictadura por donde pasaron unos 5.000 opositores, de los que solo sobrevivieron un centenar.

En el tono altanero que ya había utilizado anteriormente, Astiz despotricó contra la justicia civil y se consideró "víctima de una ilegal persecución" junto con los otros militares condenados por delitos de lesa humanidad.

Condenado a prisión perpetua por, entre otros, el secuestro y desaparición en 1977 de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, cuya organización infiltró, Astiz abrió su alocución de 40 minutos con una cita de Voltaire. 

"El último grado de perversidad es hacer servir las leyes para la injusticia", leyó cínicamente el exmarino conocido como 'El Angel rubio de la muerte', también acusado en este juicio por la desaparición de la joven sueca Dagmar Hagelin, que tenía 17 años.

Astiz volvió a reivindicar lo actuado en la dictadura que dejó 30.000 desaparecidos, según organismos humanitarios, al sostener que fue "en defensa de la Patria".

Advirtió que "la guerra contra el terrorismo es sin tiempo, únicamente se pueden ganar batallas".

"Me encuentro preparado para recibir un ilegítima condena que va a hacer como una condecoración que llevo con orgullo en mi pecho", provocó al tribunal para cerrar.

En 1990, Astiz había sido condenado en ausencia a prisión perpetua en Francia por los crímenes de las monjas Domon y Duquet, cuando en Argentina regían las leyes de amnistía, anuladas en 2003.

Tras la reanudación de los juicios, volvió al banquillo y fue condenado a prisión perpetua en 2011 en el primer juicio por los crímenes en la ESMA.

Dos años antes había sido sentenciado de por vida también en ausencia en Italia por la desaparición, tortura y muerte de tres ciudadanos italianos.