¿Obama es responsable de que una torturadora dirija la CIA?

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las "técnicas avanzadas de interrogatorio" se convirtieron en una herramienta normal para la inteligencia estadounidense. ¿Qué hizo Obama para cambiar esa situación?

EFE

En 2002, la nueva directora de la CIA, Gina Haspel, supervisó la tortura dos sospechosos de terrorismo. Había pasado un año desde los ataques terroristas del 11 de septiembre y  el escenario fue un centro de detención en Tailandia. También dicen que Haspel fue una de las responsables de destruir los videos que documentaban sus métodos de interrogación.

El primero en poner el grito en el cielo con el nombramiento de Haspel fue el senador y excandidato presidencial John McCain. Para el republicano, que fue torturado tras ser capturado durante la guerra de Vietnam fue una de las voces que denunciaron lo que en Estados Unidos llamaron "técnicas avanzadas de interrogatorio" y que no era más que la forma eufemística con la que la administración Bush se refería a los métodos de tortura que utilizaban contra sospechosos de terrorismo.

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Las acciones de Haspel durante la administración Bush fueron documentadas por una Comisión especial del senado en 2012 y el documento fue desclasificado en abril de 2014, a pesar de esto, la administración Obama, que era la que por entonces estaba en el poder, se hizo la de la vista gorda frente a los hechos reportados.

Después de varias sesiones de interrogación, Abu Zubaydah, uno de los detenidos bajo la supervisión de Haspel, estaba en un estado mental tal que cuando los agentes de la CIA que lo interrogaban chasqueaban los dedos dos veces, él regresaba voluntariamente al puesto donde era torturado, según reportó el New Yorker en 2015. Obama no hizo mucho para cambiar la situación.

“Tenemos que mirar hacia el futuro en lugar de mirar al pasado”, fue una de las declaraciones de Obama sobre la tortura y con esto, las normas y guías de “tortura aceptable” que se crearon durante la administración de Bush quedaron intactas durante los ocho años en que su sucesor gobernó Estados Unidos. Y hay más: el Departamento de Justicia logró bloquear todas las demandas civiles que realizaron los sobrevivientes al programa de tortura y llegó a escribir un reporte interno en el que concluía que los funcionarios involucrados en casos de tortura no habían cometido una falta profesional.

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También durante la administración Obama, la CIA intervino los computadores del comité del Senado que concluiría que los métodos de interrogación empleados por la inteligencia estadounidense no daban resultados. El asunto no pasó de una rueda de prensa en la que John Brennan, quien por entonces era el director de la CIA, pidió excusas, nada más.

Cuando Trump llegó a la Casa Blanca, Haspel pasó a ser la número dos de la CIA y ahora que coronó como directora de la agencia, la pregunta sigue siendo la misma de siempre: ¿cómo alguien que cometió violaciones a los derechos humanos y que destruyó la evidencia que la incriminaba puedo terminar al frente de una de las oficinas más poderosas de Estados Unidos?