500 AÑOS DE LA REFORMA PROTESTANTE

Patrimonio reformador en el arte y la cultura

Al margen de sus efectos en el mundo religioso, la Reforma Protestante tuvo una notoria incidencia en el universo artístico y cultural de Europa.

Cristo en casa de Marta y María, pintura al óleo de Johannes Vermeer 1654–1655.

Aunque se tiene la idea de que la Reforma Protestante fue un movimiento que afectó básicamente al sector religioso, produciendo el más grande cisma del cristianismo, la verdad es que la revolución generada por Martín Lutero, sus predecesores y sus miles de seguidores impactó todas las esferas de la sociedad, hasta tocar las disciplinas que habían tenido estrecha relación con el catolicismo imperante. Artes como la música o la pintura recibieron una influencia tan fuerte, que marcaron el comienzo y el final de etapas fundamentales de su evolución. (Puede ver nuestro especial de los 500 años de la Reforma protestante aquí)

El propio Lutero, amante de la música, cantó en las esquinas de su ciudad natal y recibió compensaciones económicas. A temprana edad aprendió a tocar flauta y laúd. Con su amigo Johan Walther cambió el estilo de los cantos litúrgicos y creó más de cien corales para ser cantadas por el pueblo. Su más célebre composición, Castillo fuerte es nuestro Dios, sigue identificando al luteranismo y, durante épocas de persecución, entre ellas la Guerra de los Treinta Años, fue canto de consuelo y fortaleza y profesión de fe entre los creyentes.

Calvino y Zwinglio, al igual que Lutero, cambiaron la tradición musical en Suiza, Francia y el norte de Europa. Aunque el reformador suizo sacó inicialmente el órgano de las iglesias, poco a poco fue permitiendo y apoyando la música en las ceremonias religiosas, hasta impulsar la creación de himnos y cánticos sagrados, que le dieron forma posterior al salterio francés, conocido también como salmo hugonote, en el que se destacaron, entre otros, los músicos Claude Marot, Teheodore Beza y Clement Goudimel.

Los reformadores querían que la palabra de Dios llegara a todos los seres humanos, acompañada de inspiración. Por eso favorecieron los cánticos de pasajes bíblicos con exquisitas notas musicales. Ese propósito inspiró a célebres compositores que se identificaron con la idea protestante de llevar al alma misma del creyente el mensaje de Cristo. Esos principios fueron tomados por Bach, Mendelssohn, Häendel y otros, quienes pasaron a la posteridad con sus obras de excelente factura musical y profundo contenido religioso.

En las artes plásticas también fueron muchos los artistas que tomaron los postulados reformistas y plasmaron en sus obras el dictado de luteranos y calvinistas de llevar al pueblo mensajes sencillos y edificadores del espíritu. Los pintores de la reforma pusieron fin al clasicismo que venía desde el Renacimiento y que se expresaba en motivos religiosos sustentados en la teología católica, para dar paso a narraciones pictóricas en las que los protagonistas fueron la naturaleza, la creación, la obra de Dios.

Esos protagonistas aparecieron en obras que buscaron representar personas e historias que enfatizaban la salvación mediante la fe y la gracia, y no por obras personales. Se prefirieron las escenas narrativas de La Biblia y las representaciones moralizantes de la vida cotidiana. Por eso, desaparecieron las figuras de los santos y del clero para dar paso a la figura de Jesús y a escenas de pecadores arrepentidos y perdonados por Cristo. Los críticos de arte ven en esos trabajos la obsesión por el plano frontal y la reducción del espacio a sus mínimos esenciales.

Víctor Stoichita sostiene en su libro La invención del cuadro que “la crítica protestante funda en su dialéctica la noción moderna del arte”. A su turno, el historiador Edmund Burke afirma en su obra Sobre lo bello y lo sublime que “el romanticismo británico es eminentemente protestante”, y que, por ejemplo, “la Royal Academy se fundó reaccionando al clasicismo”. El pastor Pierre Bourget, experto en temas de la plástica, comenta que “el arte protestante es “grave, realista, sobrio y bíblico”.

Hace algunos días, con ocasión de la apertura de una exposición que condensa la historia del protestantismo y que actualmente exhibe el Museo Thysen de Madrid para sumarse a la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante, el embajador de Alemania en España, Peter Temple, sintetizó el asunto manifestando que “el legado del reformador va mucho más allá de las reformas dentro de la iglesia, y que la política, la ciencia y, por supuesto, las artes también fueron tocadas por la revolución que inició Lutero”.

Una pléyade de artistas

Rembrandt​

El más renombrado de los artistas holandeses y considerado el más grande maestro barroco de la pintura y el grabado. Rembrandt afirmaba que en sus retratos quería captar el alma del retratado. Dice Gombrich Ernst, en “La historia del arte”, que al mirar un cuadro de Rembrandt “nos sentimos frente a verdaderos seres humanos, con sus trágicas flaquezas y sus sufrimientos. Sus ojos fijos y penetrantes parecen mirar dentro del corazón humano”.

Según afirma el historiador del arte David Smith, “cuando Rembrandt empleaba el claroscuro expresaba una estética protestante, pues en él había encontrado el medio formal para ilustrar el antagonismo radical entre el cielo y la tierra, lo espiritual y lo material, la luz y la sombra, característicos del protestantismo”. Una tercera parte de sus obras se refieren a temas bíblicos.

Alberto Durero

Nació en Nuremberg, de padre húngaro, orfebre y escultor, que llegó a convertirse en el más famoso de los artistas del Renacimiento alemán. Inició su propia “reforma” artística, obsesionado en apartarse de las convenciones pictóricas que imperaban desde la Edad Media. Durero se convirtió en uno de los primeros aliados de la Reforma, y en el cuadro “Jesús entre los doctores” se aprecia el cambio artístico que vendría en adelante, llevando las figuras a primer plano y abogando por la armonía de los colores y las formas.

Gracias a su destreza magistral en el arte del grabado, Alberto Durero logró influir en buena parte de la sociedad europea con mensajes referidos a las bases de la doctrina protestante cristiana. Su influencia fue marcada en numerosos pintores contemporáneos suyos, tanto en Alemania como en el norte de Europa y en Italia, donde, por ejemplo, el artista Rafael Sanzio seguía sus orientaciones. En años posteriores se reconoció también su influencia en la obra de los reconocidos pintores españoles Zurbarán y Goya.

Joannes Vermeer

Nacido en los países bajos, fue bautizado como luterano en la iglesia protestante Nieuwe Kerk de la ciudad de Delft, el 31 de octubre de 1632, para recordar el día en que Lutero inició su movimiento reformador. La obra de Vermeer es sencilla, carece de muchos adornos. Es aséptica, con un aire limpio, depurado e intemporal como si detuviera el instante en un momento claro y eterno. Es famosa su serie de las muchachas: leyendo una carta, del collar de perlas, con copa de vino, y también Jesús en casa de Martha y María o La lechera, entre otras.

Nicoalaes Maes

Reconocido por la crítica como exponente del barroco y, a la vez, retratista consagrado. Nació en Dordrecht y fue uno de los aventajados alumnos de Rembrandt, al punto de que algunas de sus obras fueron atribuidas a su maestro, como en el caso de “La partida de Agar”, que muestra el destierro de la esclava del patriarca Abraham. Con “El tamborilero desobediente” ejemplifica la tendencia protestante de optar por el hogar para representar la ejemplaridad y el rol de la mujer en la familia, contraria a la católica, que recurría a la Virgen como ícono de maternidad.

John Martin

Nació en la isla británica de Man, pintor, ilustrador y grabador. Dedicó buena parte de su obra pictórica a pasajes bíblicos relacionados con catástrofes. Entre los grabados y óleos destacados están “El festín de Baltasar”, perteneciente a una colección privada; “El gran día de su ira”, La destrucción de Sodoma y Gomorra” y varios grabados que sirvieron de ilustración a la obra poética de John Milton, “El paraíso perdido”.

Philipp Otto Runge

Nacido en Hamburgo (Alemania), se le cataloga entre los mejores exponentes del romanticismo pictórico alemán, junto con Caspar Friedrich. Sus obras reflejan el llamado pensamiento protestante que defiende el carácter sagrado de la persona y de la familia. Es famosa su obra “La familia del artista”, como también “Las horas del día”, producida, según él mismo, para que se observara con el acompañamiento de música y de poesía, ya que otro de sus talentos también fue la escritura de versos.

Lucas Cranach

Nacido en Franconia, al sur de Alemania. De una fe religiosa inicialmente católica, Cranach el Viejo pasó a apoyar fervientemente al luteranismo, promoviendo con sus retratos y grabados la fama internacional de Martín Lutero y de Philip Melanchthon. En algunos grabados, Lucas Cranach pareció ridiculizar al papa y a la Casa de Habsburgo.

Lucas Cranach

Nacido en Franconia, al sur de Alemania. De una fe religiosa inicialmente católica, Cranach el Viejo pasó a apoyar fervientemente al luteranismo, promoviendo con sus retratos y grabados la fama internacional de Martín Lutero y de Philip Melanchthon. En algunos grabados, Lucas Cranach pareció ridiculizar al papa y a la Casa de Habsburgo.

La huella musical

Joan Sebastián Bach

Cualquiera que sea la fuente, existe un común denominador al calificar a Bach como el más grande de los músicos clásicos y, de paso, el mayor exponente de los artistas seguidores de la Reforma Protestante. Unamuno cita al teólogo Ernst Troeltsch cuando afirmaba que “lo más alto que el protestantismo ha producido en el orden conceptual es en el arte de la música en donde Bach le ha dado su más poderosa expresión artística; su música es música celestial”.

Sin ninguna exageración, casi todos los historiadores de la música y los estudiosos modernos coinciden en sostener que Bach influyó y sigue influyendo en la mayoría de los géneros musicales, especialmente en la llamada música culta. Y entre los virtuosos que han recibido su influencia se cuentan verdaderos maestros como Schumann, Mozart, Mendelsohn, Liszt, Brahms, Stravinsky, Mahler y hasta el mismo Astor Piazzola.

La obra de Bach ha sido tenida como la cumbre de la música barroca, destacándose en cada composición una profundidad intelectual, además de perfección técnica y belleza artística. En todas las actividades que se han programado para conmemorar los 500 años de la Reforma Protestante se incluyen conciertos con las obras del maestro. Entre las obras más reconocidas de Bach figuran: “La pasión según San Mateo”, “Conciertos de Brandeburgo”, “El clave bien temperado”, “Ofrenda musical”, “Tocata y fuga en re menor” y decenas de tocatas.

Felix Mendelssohn

Junto a Mozart, se trata del compositor más precoz de la historia. A los 11 años ya había compuesto algunas de sus sinfonías y a los nueve dio su primer concierto como pianista. A diferencia de Mozart, no llegó a los 40 años. En toda Alemania difícilmente se puede hablar entre los siglos XVIII a XIX de alguna familia judía más importante que los Mendelssohn. El abuelo, Moses Mendelssohn, es el principal filósofo judío de la “Ilustración”.

La mitad de su familia dejó el judaísmo y se hizo protestante. A este grupo pertenece Felix. Su padre, Abraham, secretamente se bautizó como luterano. Su hijo Felix, en cambio, cultivó propiamente una fe protestante, muy presente en su producción musical. Una es su quinta sinfonía, la “Reformation symphonie”. Mendelssohn la compuso para la celebración de los 300 años de la Confesión de Ausburgo. Para él, “La Biblia era lo mejor de todo”.

Así lo declaró cuando hizo su oratorio sobre Pablo, basado en el texto bíblico y las corales de Bach. Amaba tanto las Escrituras, que sus palabras resuenan con un poder tal en esta obra y la que hizo sobre el profeta Elías, que muchos comparan su interpretación con un acto de culto y adoración pública. Su música es una verdadera celebración de la fe.

George Friederich Häendel

George F. Häendel no fue predicador, teólogo o misionero. Fue músico. Quizás, junto con Bach, el músico cristiano protestante más grande de todos los tiempos. Su padre no deseaba que perdiese el tiempo con la música. Quería decir: “Mi hijo, el abogado”. Pero el talento del pequeño George se destacaba tanto, que los amigos y la familia presionaron al padre para que permitiese que el niño recibiera lecciones de música.

Hacia los once años tocaba el oboe, el violín, el órgano y el clavicordio. Fue siempre un protegido de las familias de la realeza británica e incluso el rey Jorge I le otorgó pensión de por vida. Su lugar, figura y su obra trascendieron de tal manera que su arte, en particular el oratorio “El Mesías”, ha pasado a ser patrimonio de la humanidad, más allá de la inspiración cristiana que llevó a la obra. Un recorrido prácticamente por toda La Biblia, desde las profecías de Isaías hasta el Apocalipsis, cerrando con el famoso Aleluya que hoy se canta en muchos lugares.

Johannes Brahms

Indistintamente los historiadores de la música lo ubican entre el catolicismo y el protestantismo. No obstante, uno de sus biógrafos, Jan Swaford escribió: “Aunque era un librepensador en cuestiones de religión, Johannes estudió minuciosamente La Biblia más allá de los requerimientos de su confirmación protestante”. Desde entonces, “la música se convirtió en la religión de Brahms”.

Philip Telemann

Nacido en Magdeburgo, Alemania, fue director musical de la catedral de Santa Catalina y posteriormente director de la Ópera de Hamburgo. Compuso numerosos oratorios, como “La muerte de Jesús”, “Israel liberado” y “El día del Juicio”. Compuso también obras para celebraciones especiales, como oficios fúnebres, bodas y “Toma de posesión de pastores”.

Heinrich Schutz

Compositor alemán. Muchos lo consideran como el más destacado precursor de Bach. Fue maestro de capilla de la corte del elector de Sajonia en Dresde, la más importante de las cortes protestantes de su época. De su producción se destacan los “Salmos de David”, “Symphoniae sacrae”, dos volúmenes de pequeños conciertos espirituales y tres Pasiones.

*Trabajo conjunto con El Medio Comunica

 

 

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