¿Por qué ahora? Las secuelas del caso Weinstein

Después de Hollywood, le llegó el turno a la política estadounidense: las denuncias de acoso sexual arrecian en Washington.

Marcha en Los Ángeles en respaldo a las denuncias de acoso de cientos de mujeres en EE.UU.AFP

¿Por qué ahora, en este momento, han producido tantas consecuencias las revelaciones y las acusaciones en contra de Harvey Weinstein? Los lectores con memorias largas recordarán que en 1991 hubo un escándalo en Estados Unidos por las acusaciones de abuso sexual en contra del entonces candidato a la Corte Suprema de ese país, Clarence Thomas, por parte de Anita Hill. Las acusaciones de Hill no prosperaron, el momento pasó y Thomas logró asumir la curul vacante en la Corte.

Hemos visto, mientras tanto, acusaciones en contra del Presidente Bill Clinton, en contra de Bill Cosby, y en contra del candidato a la presidencia Donald Trump. Ningún caso ha derivado en las consecuencias que se están viendo actualmente como resultado de las acusaciones en contra de Weinstein. Ni cayeron los acusados, ni prosperaron las acusaciones. ¿Por qué? Parte de la respuesta es que con un “clic”, uno puede registrar su experiencia de abuso muy fácilmente. Pero la tecnología no ha avanzado tanto entre las acusaciones contra Trump y aquellas contra Weinstein, así que esta parte es muy reducida.

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Las teorías de Pierre Bourdieu pueden iluminar la situación. Bourdieu ha elaborado un concepto, el capital simbólico, que puede ayudar a entender, porque las acusaciones en contra de Weinstein han avanzado. Si en casi todos los casos anteriores el acusado tenía mucho capital simbólico, en la mayoría las víctimas no tenían tanto. ¿Y qué es este capital simbólico? En pocas palabras, uno tiene capital simbólico si el público, en menor o mayor grado, lo estima a uno, lo valora, lo toma en serio.

Al aplicar este concepto a los casos mencionados, se verá que en todos los casos anteriores al de Weinstein, las víctimas no tienen mucho capital simbólico. (Acuérdense: este es un análisis fundamentado en la teoría social; no es una opinión del autor.) Eran, antes que todo, mujeres, y en la cultura global la mujer sigue comparativamente desestimada en los ojos del público. Las mujeres denunciando a Weinstein, sin embargo, tenían el capital simbólico suficiente como para ser tomadas en serio, finalmente, por el público. El público, hasta cierto punto, no podía desconocer sus acusaciones — no por la validez de las mismas, sino por la fuente: más que mujeres son estrellas famosas, celebridades en algún grado “conocidas” y así simpatizables, por decirlo así.

No solo sus logros como actores sino su “cercanía” a nosotros, no solo su fama sino su impacto en nuestras vidas, no solo su palabra sino su, pues, capital simbólico, hacen que sus acusaciones resuenen e ingieran en el mundo, en la vida general, en el pensamiento del pequeño juez que todos tenemos adentro. Ojala que se haga justicia en estos casos; pero no menos importante es que en el futuro, respetando, por supuesto, el debido proceso, la justicia — y la percepción del público — no siga dependiendo del capital simbólico de los denunciantes, y que por lo menos ante la ley y la justicia, todos seamos iguales.

 

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