¿Por qué Colombia podría aprender de Tailandia sobre erradicación de cultivos ilícitos?

Gracias a un plan integral de desarrollo agrícola, en 1999 el país asiático salió de la lista de grandes productores de drogas. En 2002 ratificó el éxito de su política anti drogas cuando Naciones Unidas declaró al país libre de cultivos de amapola.

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Según información del gobierno estadounidense, durante 2016 los cultivos de coca en Colombia se incrementaron por cuarto año consecutivo, alcanzando la cifra récord de 169.000 hectáreas. Ante el fracaso de las medidas de sustitución que adelanta el gobierno, un reporte del centro de investigación Brookings, sugiere que Colombia podría ajustar sus políticas aprendiendo del éxito de Tailandia entre los 60 y los 70.

A raíz de una serie de medidas a largo y mediano plazo, en 1999 el país asiático salió de la lista de grandes productores de droga del Departamento de Estado. Tres años más tarde, la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito declaró a Tailandia libre de cultivos de amapola.

En un contexto similar al colombiano, Tailandia afrontó una guerra anti insurgente y un sucesivo proceso de paz. Sin embargo, a la hora de luchar por disminuir los cultivos de amapola, el principal insumo para producción de heroína, sus políticas se caracterizaron por no buscar resultados inmediatos.

Una de las claves del éxito del proceso tailandés fue que no entraron erradicar la amapola inmediatamente. Durante años, los campesinos que vivían de la amapola vivieron un periodo de gracia en el que durante varios años no se les exigió destruir sus cultivos de la flor. Mientras tanto, el gobierno trabajaba con ellos para lograr que las alternativas productivas con las que empezaron a reemplazar sus plantaciones generan beneficios económicos.

Únicamente cuando el sustento de los campesinos se garantizó mediante una fuente de ingresos alternativa, comenzó la erradicación de los cultivos de amapola.

Para Vanda Felbab-Brown, autora del informe de Brookings, otro de los errores frecuentes en los procesos para disminuir cultivos ilícitos es creer que es suficiente con reemplazarlos con otros productos, como café o cacao. En el caso tailandés la sustitución vino acompañada, no sólo por sustitutos de las plantas de amapola, sino por un plan de desarrollo rural en el que se buscaba disminuir la marginalización de las minorías étnicas que vivían del cultivo.

Además de reemplazar la amapola por ajos, cebollas, repollos y albaricoques, los campesinos tailandeses vieron cómo la conectividad e infraestructura de las áreas en las que vivían mejoraba, al mismo tiempo en que empezaron a recibir mejores servicios de salud y educación.

Durante tres décadas el programa contra los cultivos ilícitos tailandés recibió el apoyo financiero de organizaciones internacionales y la familia real de ese país. La paciencia de las autoridades tailandesas les permitió pasar de 8.000 hectáreas de amapola en 1985 a cifras que, según el académico James Windle en su libro Suppresing Illicit Oppum Profuction: Succesfull intervention in Asia and Middle East, nunca volvieron a superar las 500 hectáreas después de 2003.

En enero de 2017, como parte de los acuerdos de paz de La Habana, el gobierno colombiano y las Farc anunciaron que trabajarían en conjunto en la sustitución de cultivos ilícitos. La estrategia del gobierno consiste en ofrecer estímulos económicos que, al cabo de dos años, podrían alcanzar a los 36 millones de pesos por familia.  

A pesar de esto, los incentivos económicos no solucionan el hecho de que, en muchas ocasiones, la falta de infraestructura hace que cualquier intento legal por reemplazar los cultivos ilícitos de sea poco rentable. Adicionalmente, políticas de desarrollo rural integrales, como las aplicadas en Tailandia, podrían evitar el desgaste ambiental de alternativas productivas como la minería y explotación maderera.