El primer bombardeo ocurrió el 19 de enero

¿Por qué el ejército turco invadió Siria?

A comienzos de enero, la alianza anti yihadista liderada por EE. UU. anunció la creación de una fuerza de 30.000 hombres para vigilar la frontera entre Siria y Turquía.

La UE pidió respetar a la población civil en medio de la ofensiva en contra del enclave turco de Afrín. / Anadolu

“No vamos a echar marcha atrás en Afrín”, anunció el presidente turco, Recip Tayyip Erdogan, al anunciar que el asalto que ordenó en territorio sirio continuará a pesar de la presión internacional. La región en la que se desarrolla la campaña, al norte de Siria, es controlada por milicias kurdas de la Unidad de Protección del Pueblo (YPG), uno de los principales aliados de EE. UU. en la lucha contra el autoproclamado Estado Islámico, pero que a los ojos del gobierno turco es un brazo armado del PKK, la guerrilla kurda que desde 1984 busca la independencia del pueblo kurdo en Turquía.

“El verdadero objetivo aquí es entregarle a Afrín a sus verdaderos dueños”, dijo Erdogan, quien hacía alusión a los 3,5 millones de refugiados sirios que Turquía habría recibido en su territorio desde que, a raíz de las protestas pacíficas de 2011, Siria se convirtiera en escenario de una guerra a tres bandas entre las fuerzas del presidente Bashar al-Assad, los opositores al régimen, el Estado Islámico (EI) y la coalición internacional que se creó para hacerle frente a ese grupo terrorista.

Todo se complicó aún más a partir de 2014, cuando, en busca de aliados en terreno para luchar contra el EI, Estados Unidos empezó a cooperar con las milicias kurdas, llegando al punto de brindarles armamento durante la administración Trump. La polémica alianza con las milicias kurdas hizo que el Ministerio de Defensa y Rusia, otro de los principales actores en el conflicto sirio, responsabilizaran a Washington del despliegue militar turco en Afrín: “Los principales que contribuyeron al desarrollo de la crisis en esta parte de Siria fueron los pasos instigadores de Estados Unidos destinados a aislar áreas con población principalmente kurda”, señalaron en un comunicado que no es el único gesto que hace sospechar sobre un acuerdo entre Putin y Erdogan para llevar a cabo la operación que los oficiales turcos llamaron “rama de olivo”.

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Para los analistas, aunque el gobierno ruso se declaró “preocupado” y pidió “retención”, que el despliegue militar turco en Afrín incluya ataques aéreos significa que Rusia, que controla las operaciones aéreas en Siria, tuvo que darle el visto bueno a la operación militar de Erdogan y es una muestra de cómo se han reconstruido las relaciones entre ambos países después de que, en noviembre 2015, el ejército turco derribara un avión ruso.

Hace poco, en noviembre de 2017, la alianza Putin-Erdogan tuvo una de sus últimas manifestaciones públicas cuando en Sochi, y junto al presidente iraní Hassan Rohani, celebraron cómo la intervención de los tres países en la guerra siria había logrado evitar un “desastre humanitario”.

Poco después, el 24 de noviembre del mismo año, el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, fue el emisario del mensaje que el gobierno turco esperaba desde hace meses: “El señor Trump dio instrucciones claras, el YPG no recibirá más armas y ha dicho que todo este sinsentido debía haber terminado hace mucho tiempo”, reportó el ministro sobre una conversación telefónica entre su gobierno y el mandatario estadounidense.

La incomodidad que causó el apoyo estadounidense a las YPG parecía haber empezado a menguar, pero se volvió a encender en enero. La coalición internacional antiyihadista, liderada por Estados Unidos, planteó crear una “fuerza” en la frontera entre Siria y Turquía. La idea de tener 30.000 militares en su frontera, parte de ellos de la YPG, encolerizó al gobierno de Erdogan, que el pasado 14 de enero amenazó con lanzar una operación para “cortar de raíz” esa iniciativa.

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La advertencia se hizo efectiva el jueves pasado, con el primer bombardeo turco en la localidad de Afrín y pocos días después de que el Pentágono asegurara que Washington no planeaba crear un nuevo ejército en la frontera turca.

Antes del ataque, los kurdos habían aprovechado el vacío de poder provocado por la guerra en Siria y en marzo de 2016 habían anunciado la creación de una “región federal” compuesta por tres subregiones y en las que ese mismo año empezó a regir un “contrato social”, que no es otra cosa que una especie de constitución para su “región federal”.

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