Es la sexta prueba nuclear de Pyongyang

¿Por qué la bomba norcoreana sacudió China?

Kim Jong-un programa sus ensayos militares con precisión de relojero. Esta vez el mensaje habría estado dirigido al gobierno de Beijing.

AFP

“Sentí que la tierra vibraba (…). Creí que era un temblor, pero después vi en WeChat que habían hecho una prueba”, dijo un transeúnte que, como muchos otros, empezó a entender los detalles sobre la bomba de hidrógeno a través de redes sociales. Otro de los habitantes de Yangji, una de las ciudades más cercanas al punto donde se realizó la prueba nuclear norcoreana, le dijo a The New York Times que le temía al aire contaminado que pudo provocar la explosión. “No sé si mi país o la comunidad internacional pueden hacer algo para prevenir esto”, añadió.

Estados Unidos reaccionó con el ruido al que nos tiene acostumbrados tras una muestra de poder por parte de Pyongyang. A la vieja promesa de “fuego y furia” que el presidente Donald Trump hizo a comienzos de agosto, este domingo se sumó James Mattis, el secretario de Defensa estadounidense, quien dijo que “cualquier amenaza a Estados Unidos recibirá una enorme respuesta militar”.

(¿Hasta dónde pueden llegar los misiles de Corea del Norte?)

El terremoto, sin embargo, como bien lo sabe la gente en Yangji, se sintió en China.

Según científicos consultados por Global Times , el periódico en inglés del Partido Comunista del régimen de Beijing, la bomba de hidrógeno que activó Corea del Norte era 7,8 veces más poderosa que la que EE. UU. usó contra Japón en Nagasaki. La repercusión de la bomba en China fue tan evidente, que hasta el presidente Donald Trump concluyó, a través de un trino, que Corea del Norte “se convirtió en una vergüenza para China, que está tratando de ayudar con muy poco éxito.

El domingo pasado, el líder norcoreano, Kim Jong-un, demostró que programa sus alardes bélicos con precisión de relojero. El inmediatamente anterior, que sobrevoló Japón antes de caer en el Pacífico, vino justo cuando EE. UU. afrontaba la emergencia provocada por el huracán Harvey, y el de ahora llega en un momento complicado para la política interna de la República Popular China.

Trump parece estar en lo cierto cuando trina que Corea del Norte está haciendo sonrojar al gobierno en Beijing, pero se equivoca si piensa que a Beijing le importa.

Por estos días, el presidente Xi tiene como principal prioridad el congreso nacional de su partido, uno de los eventos políticos más importantes para el régimen chino. En él, a mediados de octubre, la élite comunista dará a conocer a los nuevos miembros del exclusivo grupo que dirige al país, y se espera el anuncio de un segundo período de gobierno para Xi Jinping, quien ya completa cinco años como máxima autoridad en su país.

Aunque los efectos y el momento de la prueba nuclear dan la razón a los analistas consultados por The New York Times, que afirman que la bomba de hidrógeno coreana tenía como objetivo presionar una respuesta radical de Xi, y no a Trump, no hay ningún indicio que indique que China se vaya a apartar del camino que ha seguido frente a su problemático vecino.

En agosto, China accedió a la presión de las potencias de occidente para imponer sanciones económicas contra Pyongyang. Sin embargo, continuó siendo el proveedor del 80 % de sus combustibles. A pesar de las declaraciones de Trump, que siempre le ha pedido a China ser más dura con su vecino, la situación está lejos de cambiar porque China no quiere tener nada que ver con la escasez que la falta de combustible podría traer a los norcoreanos de a pie.

Así como no se va a convertir en un enemigo de Pyongyang, China tampoco se va a mover en el sentido contrario para aliviar las sanciones contra Corea. Al contrario, es de esperar que insista en la solución que propuso hace tiempo.

(Corea del Norte: la otra tormenta perfecta para EE.UU y Japón)

El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, le dice “suspensión dual” y consiste en eliminar la cooperación militar entre Corea del Sur y EE. UU. mientras, al mismo tiempo, se desmonta el andamiaje militar norcoreano. “Únicamente refiriéndonos a las preocupaciones de cada parte de manera sincronizada y recíproca podemos encontrar una solución de raíz que lleve estabilidad a la península (coreana)”, dijo el funcionario en marzo de este año.

China le está apostando a construir vías y a fortalecer el comercio. No le interesa una confrontación que desestabilice la región y se convierta en un obstáculo para su crecimiento económico, así como tampoco compartir frontera con una Corea unificada bajo el mando de Washington y Seúl.

Con sus intereses sobre la mesa, China no va a ceder a las presiones de ninguna de las dos partes y su única opción es seguir mediando para buscar una salida diplomática, como lo viene haciendo desde 2003, cuando auspició los fallidos “diálogos a seis bandas”. “Las dos partes son como trenes que se acercan el uno al otro sin ningún ánimo de aflojar. La pregunta es si están listas para una colisión directa”, dijo el ministro Yi, quien hace tiempo se ofreció a mover la palanca para evitar el choque.

 

últimas noticias