¿Por qué se disparó la violencia en la capital de Brasil?

Durante cinco días, policías y traficantes estuvieron enfrentados en Río. Las autoridades enviaron más hombres armados la favela de Rocinha, la más grande de la ciudad.

Archivo EFE

Apenas ha pasado un año desde de los Juegos Olímpicos y Rio está de nuevo en medio de un caos de inseguridad y violencia, en medio de otro evento con atractivo para turistas. Esta vez se trata del festival Rock in Rio, que atrae miles de personas de distintos países del mundo.

La carretera que pasa al pie de Rocinha, donde se han presentado los enfrentamientos, lleva precisamente al Parque Olímpico, en el que se realiza ese megencuentro musical que, a pesar de todo, abrió normalmente sus puertas en su quinto día de conciertos, con la presentación de Bon Jovi. Durante los Juegos Olímpicos centenares de manifestantes gritaban contra el gobierno  y exigían mejoras en su calidad de vida, mientras adentro, la gente asistía con total normalidad a los partidos.

Los tiroteos, que empezaron el domingo por un aparente choque entre líderes de una misma banda de traficantes, se intensificaron la mañana del viernes en esta barriada de alrededor de 70.000 habitantes, ubicada en un cerro en plena zona rica y turística de Rio.

Imágenes caseras difundidas por medios locales muestran a hombres armados con rifles y pistolas disparando a mansalva en las estrechas calles de este conjunto de casas autoconstruidas.

En esta oportunidad, el recrudecimiento de la violencia tuvo que ver con una pelea entre pandillas: "Esto es una guerra entre dos bandidos que habían sido aliados y ahora, al querer tomar el monopolio en el mercado de drogas, iniciaron esta guerra", dijo el viernes el comisario de la policía en Rocinha, Antonio Ricardo Lima.

Aparentemente la guerra opone al exjefe del tráfico en esta favela, Antonio Francisco Bonfim alias 'Nem' -preso desde 2011- disconforme con su sucesor Rogério Avelino da Silva 'Rogério 157'.

Los pocos habitantes que salían caminando de la favela no quisieron hablar con la prensa por miedo a represalias. "Si hablo, me matan", dijo uno de ellos.

Además, la guerra del narcotráfico agarra a Brasil en un momento de inestabilidad política. El actual presidente de la república, Michel Temer, fue acusado de líder una organización criminal y de estar involucrado en una red de sobornos. No ha sido el único. El país viene en una seguidilla de acusaciones contra exmandatarios, que le costaron la destitución a Dilma Rousseff y un condena a nueve años de prisión para Luiz Inácio Lula Da Silva, quien además punteaba las encuestas para las próximas elecciones presidenciales.

En ese panorama, las debilitadas instituciones del gobierno de han enfrascado en una guerra contras las drogas que, de acuerdo con las cifras no está funcionando. Más de 100 policías han muerto en Río en lo que va corrido del año.

Pero insisten. Tras los enfrentamientos de cinco días, el gobierno decidió enviar cerca de un millar de soldados, a esta zona habitada por unos 700 mil habitantes.

Silva Ramos, del Centro de Estudios sobre la Seguridad y la Ciudadanía, le dijo a AFP que "los grupos criminales nunca serán derrotados por el uso de la fuerza bruta. Ellos siempre ganan a la policía en eso. ¿Vamos a seguir insistiendo en eso? No puede haber ninguna victoria si no se apuesta por inteligencia e investigación".