¿Por qué Trump y Merkel no se llevan bien?

En el marco de la Cumbre de la OTAN se ha puesto en evidencia el aumento de la tensión de la relación entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la canciller alemana, Ángela Merkel.  Sus diferencias en posturas económicas, sociales y ambientales revelan la distancia entre los dos.

La canciller alemana, Ángela Merkel, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en rueda de prensa tras su reunión en la OTAN.AFP

En sus últimas declaraciones antes de viajar a Bruselas, en donde se celebra la Cumbre de la OTAN, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió contra el gobierno de Angela Merkel,  al afirmar que Alemania se encontraba controlada por Rusia, "a quien le compraba grandes cantidades de gas y petróleo, mientras que Estados Unidos los defendía de la amenaza de Moscú".

La canciller alemana le respondió que su país es independiente: "Yo he vivido personalmente que una parte de Alemania fuera controlada por la Unión Soviética. Y estoy muy agradecida de que ahora estemos unidos en libertad en la República Federal”. Y también resaltó que Alemania defiende los intereses de Estados Unidos.

Sin embargo, ésta no ha sido la única ocasión en la que los mandatarios de ambos países se han visto enfrentados. La balanza fiscal, la migración, el medio ambiente y la seguridad nuclear también han sido temas de desencuentros.   

"Quien acelera el cambio climático al debilitar la protección ambiental, quien vende más armas a zonas de conflicto y quien no quiere resolver políticamente conflictos religiosos, pone la paz de Europa en riesgo", afirmó el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel.

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Uno de los puntos principales que quiso recordarle Trump, especialmente a Alemania, y a sus aliados de la OTAN, tiene que ver con la inversión en el gasto militar. Para el mandatario, sus socios no invierten lo suficiente y se aprovechan de la inversión de Estados Unidos, remarcando que Alemania es la primera economía europea y sólo destina el 1,24% a la defensa colectiva, mientras que Estados Unidos destina el 3.5%. Además, sugirió que el gasto militar debería incrementarse del 2%, acordado en 2014, al 4%.

Otro de los desencuentros entre los mandatarios gira en torno a la reciente decisión de Trump de abandonar el Plan Conjunto de Acción Comprehensiva, el cual se firmó en 2015, tras dos años de negociaciones, y buscaba levantar las sanciones económicas en contra de Irán, si este país limitaba su programa de energía atómica, con el que se podrían crear armas nucleares.

Aunque para muchos países, entre esos Alemania, este acuerdo era la mejor forma de evitar que Irán desarrollara armas nucleares, para Trump era inseguro y permitía que Teherán exportara su régimen de terror y opresión a todo Medio Oriente. Ahora, el intento del presidente estadounidense es obstaculizar la relación entre las empresas europeas con Irán.

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La salida de Trump del Acuerdo de París y su política de cortar de manera inmediata sus obligaciones con el fondo verde también generó reacciones en Merkel, quien de inmediato se pronunció en conjunto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni: “Estamos completamente convencidos de que el Acuerdo de París no se puede volver a negociar, ya que es un instrumento vital para nuestro planeta, nuestras sociedades y nuestras economías", anunciaron en un comunicado.

En este acuerdo, 194 países se comprometieron a reducir sus emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero con el fin de impulsar la lucha contra el cambio climático. No obstante, para el mandatario estadounidense, este acuerdo sólo afecta los intereses económicos de su país y recae sobre las industrias de petróleo y carbón y la generación de empleo.

En contraposición, Ángela Merkel se comprometió a obtener el 50% de la energía de su país de fuentes renovables para el 2030 y a brindar apoyo a otros países para que se comprometan con el impacto al medio ambiente.  

De igual forma, Trump siempre ha estado en desacuerdo con el superávit comercial del 8% en el PIB de Alemania. Para él, el crecimiento de este país desestabiliza la balanza y afecta directamente a Estados Unidos, por lo que le ha pedido reiteradas veces a Merkel que cambie su política económica para beneficio de todos.