¿Qué es el discurso del Estado de la Unión y por qué debería importarnos?

Esta noche el presidente estadounidense Donald Trump dará ante el Congreso su segundo discurso del Estado de la Unión tras un agitado año de gobierno marcado por el cierre fiscal, su política exterior, el muro y ahora Venezuela. ¿Qué viene ahora? Le contamos las claves de la alocución.

El presidente estadounidense Donald Trumo se dirigirá a los miembros del Congreso en el Capitolio a las 21:00 (hora de Colombia) para pronunciar el discurso del Estado de la Unión.AFP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunciará esta noche, finalmente, su segundo discurso sobre el Estado de la Unión, después del retraso ocasionado por el último cierre parcial de la Administración, el más largo de la historia del país y que ha dejado un Congreso aún más irritado. Pero, ¿qué es el discurso del Estado de la Unión?

Esta es una presentación tradicional de la política en Estados Unidos. La hacen los mandatarios estadounidenses cada comienzo de año (generalmente en enero o febrero) y es una oportunidad para que el presidente revise sus logros en el año trascurrido y presente su agenda para el año entrante.

Se hace en el Capitolio de Estados Unidos y es la única vez, aparte de las tomas de posesión presidenciales y los funerales de Estado, que todas las ramas del gobierno federal se hallan en el mismo recinto. El presidente representa al poder ejecutivo, los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado representan al poder legislativo y los jueces del Tribunal Supremo representan al poder judicial. La mayor parte de los asesores y consejeros de más confianza para el presidente en cada departamento, lo que se denomina el “gabinete”, también asiste.

Este año, el discurso del presidente Trump se había retrasado debido al cierre de la administración, pues la presidente de la Cámara de Representantes, Nanct Pelosi, decidió cancelar el evento que se reactivara el gobierno. Ahora, con la alocución en marcha, la principal incógnita reside en el qué dirá el presidente.

Las claves

¿Emergencia nacional?

Trump podría usar esta plataforma para declarar una emergencia nacional sobre lo que el ha llamado una “crisis en la frontera sur”. Con esa estrategia, el mandatario podría reasignar fondos militares o de desastres naturales para su anhelada construcción de un muro fronterizo. Esta no es una idea nueva, pues es una amenaza que ha estado sobre la mesa desde hace semanas.

Sin embargo, de hacerlo, la decisión sería llevada a los tribunales por la oposición demócrata y organizaciones civiles, y probablemente rechazada por el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito, que ya ha bloqueado varias iniciativas de Trump en materia migratoria. Le recomendamos: ¿Qué significa que Trump declare estado de emergencia?

¿Logrará construir el muro?

Aprobada en 1976, la "National Emergencies Act" da la potestad al presidente de Estados Unidos de declarar una "emergencia nacional" para concederse poderes extraordinarios, siempre que haya una razón para hacerlo. Con un simple decreto, la Casa Blanca puede, de este modo, proclamar la ley marcial, restringir las libertades civiles, requisar propiedades privadas, movilizar a la Guardia Nacional y reclutar personal militar, entre otras cosas.

Según esta ley, ambas cámaras del Congreso tienen que reunirse seis meses después del decreto presidencial para renovar o abolir la medida. Y, debe ser renovado después de un año, de lo contrario caduca automáticamente. En caso de emergencia, otra ley permite al presidente utilizar el presupuesto del ejército para "proyectos de construcción militares". Pero es difícil que el muro entre en esta categoría.

Corea del Norte

El siguiente enigma está en las relaciones con Corea del Norte, pues se cree que Trump podría anunciar la fecha de un segundo encuentro con el líder norcoreano Kim Jong-un. Un alto funcionario estadounidense explicó a los periodistas en una rueda de prensa telefónica el jueves que el discurso girará en torno al lema "Eligiendo grandeza", una frase que evoca al ya famoso "Make America Great Again" ("Haz a Estados Unidos grande de nuevo") de Trump.

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De acuerdo a la misma fuente, Trump destacará por encima de todo cinco puntos: acabar con la inmigración ilegal; acuerdos comerciales (incluyendo China y el T-MEC); aumentar el gasto en infraestructura; bajar el coste del acceso a la sanidad; y esfuerzos militares y diplomáticos en el extranjero.

Venezuela

La Casa Blanca, que no ofreció más detalles sobre el contenido, sí apuntó que la situación en Venezuela "será mencionada" en esa alocución, sin más especificaciones.

"Será un discurso unificador y visionario, que mire hacia el futuro de nuestra nación", repitió en varias ocasiones el funcionario, que prefirió permanecer en el anonimato.

El caso de Venezuela es especial, pues es un país que cautivó la atención de Trump desde que llegó al poder y que ahora motiva una de sus apuestas más arriesgadas en el plano internacional. Aunque el presidente ha sido un crítico del papel de Estados Unidos como “policía del mundo” y se ha preocupado poco por el tema de derechos humanos en países aliados, sorprendió a sus asesores al reconocer al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.

“Antes de llegar al poder, pasó algo que realmente despertó su interés en Venezuela. Pero no sé qué fue”, dijo a Efe un exasesor de Trump en asuntos latinoamericanos, Fernando Cutz.

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Aunque no descarta la posible influencia en la política hacia Venezuela del asesor de Seguridad Nacional John Bolton, del senador republicano Marco Rubio y del vicepresidente Mike Pence, Cutz cree que Trump siempre tuvo claro que quería actuar en el país sudamericano.

“Lo veía como un reto de política exterior que definiría su Presidencia, una de sus tres prioridades junto a Corea del Norte e Irán”, aseguró el exfuncionario.

Durante su frenética primera semana en el poder en enero de 2017, Trump encontró tiempo para pedir a su equipo en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca (NSC, en inglés) que le pusiera al día sobre Venezuela. Cutz organizó entonces una sesión en la que Trump exigió "desarrollar opciones" para hacer frente a lo que consideraba una inaceptable crisis humanitaria en el país.

"Me preguntaba sobre la gente, sobre por qué estaban sufriendo tanto. Preguntaba por qué pasaba eso en un país tan rico, y cómo podíamos ayudarles", relató Cutz, que dejó la Casa Blanca el año pasado y que ahora trabaja en la consultora The Cohen Group.

Dos semanas después, Rubio llevó a la Casa Blanca a Lilian Tintori, la esposa del político preso venezolano Leopoldo López, y ambos se fotografiaron con Trump. En esa reunión, el presidente dejó claro que su conocimiento sobre Venezuela era aún superficial, porque "le preguntó a Tintori quién era Leopoldo López", reveló a Efe el predecesor de Cutz en el NSC, Mark Feierstein, quien habló con funcionarios presentes en la cita.

Trump dio un paso más en agosto de 2017, cuando puso sobre la mesa una posible "opción militar" contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, una idea en la que insistió al mes siguiente en una reunión con varios presidentes latinoamericanos. Su interés en una posible intervención en Venezuela contrasta con su reciente orden de retirar a las tropas estadounidenses de Siria y su deseo de acabar con la guerra en Afganistán.

Además, "¿por qué le preocupan los abusos de derechos humanos y la falta de democracia en Venezuela, y no en otros países?", se preguntó Feierstein, que asesoró al expresidente Barack Obama (2009-2017).

Los defensores de Maduro apuntan a un posible interés por el petróleo venezolano de Trump, quien hace años lamentó que Estados Unidos no se quedara con el crudo de Irak cuando invadió el país; y tampoco faltan quienes especulan, sin aportar pruebas, sobre un hipotético lazo empresarial del presidente en Venezuela.

Algunos en Washington han perfilado a Rubio como el ideólogo en la sombra de la política hacia Venezuela, pero una fuente cercana al senador lo negó y aseveró a Efe que Trump "nunca ha necesitado que le convenzan en el tema de Venezuela".

En cualquier caso, el discurso de la Casa Blanca se endureció a partir de la llegada el pasado abril de Bolton, quien ha definido a Venezuela, Cuba y Nicaragua como una "troika de la tiranía" y se ha rodeado de figuras afines como Mauricio Claver-Carone, de origen cubano y encargado de Latinoamérica en el NSC.

Ni Cutz ni Feierstein descartan tampoco que Trump pueda estar pensando en su campaña de reelección en 2020, dada la importancia de Florida, "donde hay una creciente diáspora de estadounidenses de origen venezolano", en palabras del primero.

Sea cual sea la causa, el interés de Trump en Venezuela ha derivado en la audaz decisión de apostar todas las cartas al triunfo de Guaidó, que por ahora no tiene el control de facto del país.

"Es arriesgado porque no hay garantías de que funcione, y si no funciona estaremos en apuros. Habremos usado todos los mecanismos de presión que teníamos, y podríamos vernos forzados a intervenir militarmente", concluyó Cutz.

Política interna

Pese a que el objetivo de esta tradición es trazar puentes comunes entre ambos partidos y enviar un mensaje de unidad a los ciudadanos y demás países, en esta ocasión se vislumbra como una tarea complicada.

La batalla de las últimas fechas entre Trump y la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, sobre la celebración del discurso del Estado de la Unión es la punta del iceberg de la crispación que existe entre la líder demócrata y el inquilino de la Casa Blanca.

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Inicialmente Pelosi invitó a Trump a ofrecer su discurso presidencial en el Congreso el 29 de enero, aunque luego se retractó y dejó la convocatoria sine die, a expensas de que el cierre parcial administrativo terminase.

Una vez Trump cedió a reabrir la Administración de manera temporal sin fondos para el muro, el motivo principal de la parálisis administrativa, Pelosi y el presidente acordaron que el discurso en el pleno de la Cámara Baja se celebraría el 5 de febrero.

El desgaste del cierre parcial administrativo, que perjudicó directamente a unos 800.000 trabajadores federales que no percibieron su salario, también afectó a los legisladores republicanos y demócratas.

Una escasa parte de los estadounidenses, de acuerdo a varias encuestas a nivel nacional, vieron con buenos ojos que Trump decidiera mantener cerrada la Administración si el Congreso no aprobaba más recursos para la construcción del muro.

Ante la presión popular, Trump accedió a reabrir parte del Gobierno hasta el próximo 15 de febrero, fecha en la que expiran los nuevos fondos aprobados.

Durante estas semanas, un comité bipartidista de la Cámara de Representantes y del Senado se reúnen para desarrollar una propuesta de fondos para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés), una iniciativa que Trump ha calificado de "pérdida de tiempo".

Este nuevo gesto de Trump hacia los legisladores tampoco ha sentado bien en el Congreso, que recibe a su presidente con un ambiente aún más crispado de lo habitual.

 

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