¿Quién es el papa?, se preguntan los rohinyás

La minoría musulmana perseguida de Birmania que ha defendido Francisco en múltiples discursos y que complican su visita a ese país no lo conocen.

Una mujer cristiana de Birmania . AFP

El viaje del papa esta semana a Birmania y Bangladés tiene como telón de fondo el éxodo de los rohinyás, pero en los campamentos estos refugiados se preguntan "¿quién es él?".

De los casi 900.000 musulmanes rohinyás de Birmania que se refugiaron en el vecino bangladés, sólo un puñado de ellos oyó hablar del jefe de la iglesia católica.

Cuando la AFP les muestra una fotografía suya, cada uno se aventura a adivinar quién puede ser: un rey, un artista estadounidense, un político bangladesí o incluso un jerarca musulmán.

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"Creo haberlo visto en los medios de comunicación pero qué hace? ¿Es alguien importante?", se pregunta Nurul Qadar, de 42 años, que forma parte de la marea humana de más de 620.000 personas que han huido desde finales de agosto de la violencia en Birmania, calificada por la ONU de limpieza étnica.

En Birmania, con un 90% de budistas, a los rohinyás se les considera extranjeros, se les margina y se les restringe el acceso a la educación.

Los rohinyás viven en una sociedad pobre y rural y no salen de su aldea y alrededores, salvo en contadas ocasiones. Muchos de ellos son analfabetos.

Hasan Arraf, un imán rohinyá en el campamento de Kutupalong, es uno de los pocos en saber quién es. Lo define como un hombre cercano al pueblo y espera que su aura permita cambiar sus vidas.

"El modo en el que (los birmanos) nos han torturado no lo permite ninguna religión del mundo. Es un gran líder de otra religión y creo que es un sabio", declara a la AFP.

"Creo que será capaz de entender lo que hemos vivido. Y puede pedir al gobierno de Birmania que solucione este tema y pacifique la región", añade.

'Símbolo de reconciliación' 

En los últimos meses el papa denunció varias veces la situación de los rohinyás, "torturados y asesinados debido a a sus tradiciones y su fe". En cambio, en su primer discurso oficial en Birmania el martes, el papa argentino evitó pronunciar la palabra rohinyá, un tabú en este país.

Su programa en Bangladés, donde permanecerá del jueves al sábado, no incluye visitas a los campamentos de refugiados, del tamaño de ciudades, en el sur del país, cerca de la frontera birmana.

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Una ausencia que muchos refugiados echan de menos.

"Si su visita es por nosotros, él tendría que haber venido aquí para conocernos y hablar con nosotros, tendría que ver cómo vivimos", estima Hami Tusang, mientras espera en la fila de reparto de alimentos en el campamento de Balukhali.

El hombre que está detrás de él, Azim Ullah, lamenta que el papa no sea testigo del sufrimiento de los rohinyás.

"Siendo él un dirigente tan poderoso, debe ver lo que hemos vivido. Todas las cosas horribles que se le puedan a usted venir a la mente, las hemos vivido", afirma, mientras hace con la mano el gesto de degollación.

"Debe ser nuestro portavoz. Debe pedir nuestros derechos, nuestra ciudadanía (en Birmania). Sino este tipo de visitas no sirven para nada", considera.

Durante el viaje, el papa se reunirá el viernes en Daca con una pequeña delegación de refugiados rohinyás.

"Viene en son de esperanza y de símbolo de reconciliación", afirmó a la AFP James Gomes, director regional de Cáritas, una organización católica centrada en la ayuda a los necesitados. "Esperamos -dice- que su visita tenga un impacto muy positivo".