¿Por qué puede ser condenado a muerte el expresidente sudanés Omar al Bashir?

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El primer día del juicio contra el exdictador sudanés, Omar al Bashir, quien podría ser condenado a pena de muerte por su participación en el golpe de Estado de 1989, duró apenas una hora porque la sala no pudo acoger a los 191 abogados de la defensa.

El exdictador sudanés Omar al Bashir, derrocado en abril del año pasado, compareció este martes ante la justicia para ser procesado por primera vez por el golpe de estado con el que se hizo con el poder en 1989. Al Bashir, de 76 años, fue trasladado a la sala del tribunal desde la cárcel de Kober, donde permanece desde mediados de abril después de ser arrestado por los militares y tras una condena de dos años por lavado de dinero.

El exdictador de 76 años y otros 27 acusados se exponen a la pena de muerte por haber derrocado hace 31 años el gobierno elegido democráticamente del primer ministro Sadek Al Mahdi; tres jueces dirigirán el proceso, sin antecedentes en el mundo árabe, donde nunca en la historia reciente ha sido juzgado el autor de un golpe de Estado exitoso.

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El dirigente libio Muamar Gadafi, que derrocó la monarquía en 1969, fue asesinado en agosto de 2011, mientras que Sadam Husein y el autócrata egipcio Hosni Moubarak fueron juzgados por otros motivos; el presidente tunecino Zine el-Abidine Ben Ali, huyó en 2011 en Arabia Saudita.

Primera audiencia

La primera audiencia solo duró una hora porque la sala no puede acoger a los 191 abogados de la defensa. “La sala del tribunal no es lo bastante grande como para acoger todos los abogados de la defensa, que son 191″, dijo el presidente del tribunal especial, que decidió aplazar la sesión hasta el 11 de agosto para “permitir la acogida de todos los abogados”.

"Este tribunal escuchará a cada uno de ellos y vamos a dar a cada uno de los 28 acusados la posibilidad de defenderse", añadió al principio de la sesión.

Sudán también se comprometió a entregar a Al Bashir a la Corte Penal Internacional (CPI) para que sea juzgado por crímenes de guerra y genocidio en el marco del conflicto en Darfur entre 2003 y 2004, en el que murieron 300.000 personas y millones tuvieron que desplazarse.

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En diciembre de 2019 Bashir fue condenado una primera vez a dos años de detención en un centro correccional para personas mayores, en un caso de fondos recibidos del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán.

“Este proceso es una advertencia a cualquiera que intente destruir el sistema constitucional que será juzgado por ese crimen. Esto salvaguardará la democracia sudanesa. Por eso esperamos cerrar la era de los golpes de Estado en Sudán”, dijo Moaz Hadra, uno de los abogados que puso en marcha el juicio contra el exdictador.

El golpe de hace 31 años

Sudán vivió tres golpes de Estado desde su independencia en 1956: el del general Ibrahim Abbud (1959-1964), luego el de mayo de 1969 liderado por el coronel Gaafar Mohammad Nimeiri, en el poder hasta 1985, y finalmente el de Omar al Bashir, quien irrumpió la madrugada del 30 de junio de 1989 en el poder, en el que se mantuvo 30 años.

Omar al Bashir tiene dos mujeres pero no tuvo hijos. Nació en la pequeña ciudad de Hosh Bannaga, a unos 200 kilómetros en el norte de Jartum, en lo que era entonces el Sudán anglo-egipcio. Su familia era pobre, de la tribu de los Al-Bedairyya Al-Dahmashyya, una de las más poderosas del país.

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Se formó en la academia militar de Egipto y en 1973 participó en la guerra contra Israel junto al ejército egipcio. El 30 de junio de 1989, rodeado de un grupo de oficiales, tomó el poder en Jartum y derrocó al gobierno elegido democráticamente de Sadek al-Mahdi.

Bashir tuvo entonces el apoyo del Frente Islámico Nacional, el partido de su mentor, Hassan al Turabi. Bajo su influencia llevó a Sudán -un país dividido en numerosas tribus y que entonces tenía un norte mayoritariamente musulmán y un sur cristiano- hacia el islam radical.

Sudán se convirtió de su mano en un centro internacional islamista y acogió al jefe de Al Qaida, Osama bin Laden, antes de expulsarlo en 1996 bajo presión estadounidense. A finales de los años 1990 Bashir se desmarcó de Al Turabi y se alejó del islamismo radical para mejorar las relaciones con sus adversarios y sus vecinos.

En 2005, en pleno conflicto en Darfur, firmó un acuerdo de paz con los rebeldes del sur que abrió la vía a compartir el poder y a un referéndum sobre la independencia de esta región, que en 2011 se convertió en Sudán del Sur.Pero como las reservas petroleras están concentradas en el sur, perdió una baza importante y el país empezó a sufrir una grave crisis económica.

Bashir fue durante mucho tiempo aliado de Irán, que le ayudó a poner en marcha sus servicios de seguridad. Sin embargo apostó después por su gran rival, Arabia Saudita, considerada una mejor aliada tras las protestas de la Primavera Árabe en 2011.

Conocido por sus bailes en público, siempre fue un hombre seguro de sí mismo que asumió sin dudar sus posturas políticas.

Pocos días antes de ser derrocado el 11 de abril de 2019 por el ejército por la presión de las manifestaciones en la calle, Omar al Bashir todavía daba discursos a la muchedumbre con su bastón y su turbante en la cabeza. Su caída le impidió presentarse a un nuevo mandato en 2020, tras haber sido electo presidente dos veces, en 2010 y 2015, en comicios boicoteados por la oposición.

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