¿Quién está disparando en Nicaragua?

NADIE QUIERE RESPONDER por los más de 127 muertos que han dejado las protestas en el país. Mientras el gobierno acusa a las bandas criminales, los civiles insisten en acusar a las fuerzas de Daniel Ortega y bandas paramilitares que trabajan para él.

El funeral de uno de los jóvenes muertos durante las protestas en Nicaragua.

En Nicaragua siguen matando gente y todavía no se sabe de dónde vienen las balas. Los manifestantes insisten en señalar a las fuerzas armadas del presidente Daniel Ortega y grupos paramilitares financiados por él. Por su parte, el gobierno acusa a bandas criminales que quieren aprovechar la situación para generar el caos y así continuar con sus actividades ilícitas. Eso sí, la constante denuncia es que, quien quiera que sea, los disparos vienen de personas preparadas cuyo objetivo es claro: tirar a matar.

La violencia que se desató el pasado 18 de abril tiene un olor similar al mismo que había cuando un joven Daniel Ortega -en ese momento revolucionario- y el sandinismo tumbaron al dictador Anastasio Somoza, en 1979. De eso, sin embargo, poco queda. Desde que empezaron las protestas este año las personas no dejan de reclamar que Ortega se aferró al poder junto con su esposa, Rosario Murillo, teniendo en cuenta que, desde 2006, lleva tres mandatos consecutivos con procesos electorales muy cuestionados.

Según medios locales, por las calles se canta: ¡Ortega, Somoza, son la misma cosa! Un manifestante de 25 años le aseguró a la agencia Efe: “Está haciendo exactamente lo mismo que hacía Somoza, incluso cosas peores”.

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Muchas personas que alguna vez lo apoyaron han comenzado a hacerse a un lado. Una de ellas es la escritora nicaragüense Gioconda Belli, militante sandinista hasta 1990, miembro del Grupo de los 27, integrado por intelectuales y académicos que han demandado cambios en el sistema democrático desde 2016. “Realmente, todas las cosas que han pasado han dejado claro, sin ninguna duda, que es una dictadura. Hasta ahora no había el nivel de represión que existió durante el período de Somoza. Era lo único que lo hacía a uno dudar de afirmar que era una dictadura, pero en estos días se han mostrado como un gobierno capaz de hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder”.

Ahora, Ortega tiene que responder por más de 127 personas asesinadas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), o al menos explicar de dónde vienen los disparos contra los civiles. Organismos internacionales y países de todo el mundo tienen los ojos puestos en la crisis. La semana pasada uno de los señalados por el gobierno fue el director ejecutivo del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), Félix Maradiaga, a quien se le acusó por ser uno de los responsables de financiar a la banda criminal “Viper” para alterar la paz nacional.

La Policía vincula a Maradiaga y a esa banda con un mexicano de nombre Javier Carrillo, quien, según las investigaciones, propuso facilitar armas de fuego y municiones a cambio de obtener “algunos beneficios para la actividad delincuencial que estaba referida al tráfico de drogas y armas de fuego”.

El ejecutivo, quien se encuentra actualmente en Washington con una representación de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que aglutina al sector privado, sociedad civil, estudiantes y campesinos, para denunciar la situación que atraviesa Nicaragua desde el pasado 18 de abril, aseguró que él es un “autoconvocado más en la explosión de democracia, de indignación y de búsqueda de justicia que se vive en el país”.

Además, Maradiaga se defendió diciendo que su única relación con la “Viper” había sido un cruce con la abuela de uno de los líderes. Tras denunciar una persecución por parte del gobierno, publicó a través de su cuenta de Twitter: “En mi caso, la Policía Nacional ya hizo pública una orden de captura y estarán esperando mi llegada al país para hacerla efectiva. Reitero mi decisión de llegar a Managua, tal y como lo tenía planeado desde mucho antes: lunes 11 de junio a las 11:30 a.m.”.

Según reportó La Prensa de Nicaragua, médicos que han atendido a las víctimas denunciaron el uso del rifle de francotirador Dragunov. Un arma muy conocida desde la revolución. Fue desarrollada en la extinta Unión Soviética y llegó a Nicaragua a gran escala después de que la guerrilla sandinista de Ortega instalara su gobierno. Desde entonces fue usada por las unidades irregulares del ejército y las fuerzas de contrainsurgencia.

El comandante Roberto Samcam, un exguerrillero sandinista que comandaba unidades de contrainsurgencia y que ahora es un ferviente crítico del gobierno se refirió al Dragunov: “Requiere una pericia especial si lo vas a utilizar para abatir un blanco lejano y en un momento que esté claramente definido. Pero si tú vas a abatir a alguien en una manifestación de 100.000 personas, no necesitas tanta pericia”, explicó a la agencia AFP.

Desde las ciudades no dejan de llegar reportes sobre muertos con heridas en el tórax, abdomen y cabeza. Así lo asegura Armán García, un manifestante, quien señala: “Es gente preparada, gente especializada, porque los tiros son exactamente letales”. Otro de los puntos calientes es Masaya, una ciudad con poco más de 100.000 habitantes, donde aseguran que, cuando marchan, las balas llueven de las alturas. “A un vecino mío le metieron un balazo en el pecho esta mañana”, aseguró el sábado Jonhatan José, de 47 años, a AFP en el mercado de artesanos, ahora incendiado. “Fue un francotirador, por el tipo de hueco. Grande”, dijo.

En la capital, Managua, se ha hecho un registro más a fondo de los hechos. AFP cita videos en los que se ven francotiradores vestidos de civil que se ubican desde el estadio nacional de béisbol y otros edificios para dispararles a los manifestantes que participaron en una de las manifestaciones más importantes hasta el momento. La bautizada “madre de todas las marchas”, realizada el pasado 30 de mayo. Sólo durante esa jornada, organizada por las madres de algunos estudiantes asesinados, murieron 16 personas. Además, la organización Amnistía Internacional denunció que el gobierno ha contratado grupos paramilitares para reprimir las protestas.

Las calles del país se han vuelto peligrosas, sobre todo durante las noches. En ese momento llega el miedo. El camarero de un restaurante relata cómo ahora cierra antes por la seguridad de todos los trabajadores, debido a que noches atrás una furgoneta pasó disparando. Son tiempos de terror en los que ver chispazos de esperanza es extraño, como el que se ve en un agente de seguridad privada, muy joven, que asegura: “Esto terminará. Daniel se irá y podremos volver a la tranquilidad”.

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