Alemania enfrenta un futuro incierto

¿Quién hizo caer el castillo de naipes de Ángela Merkel?

El último acto de equilibrismo de la canciller alemana salió mal. Después de las elecciones del 24 de septiembre todos daban por sentado que, aunque Ángela Merkel no había alcanzado la mayoría absoluta para gobernar, era cuestión de tiempo para que la dama de hierro alemana formara un gobierno de coalición.

Christian Lindner es el líder del Partido Democrático Libre. / EFE

No era una expectativa traída de los cabellos. Desde 2005, y durante tres elecciones consecutivas, la canciller no sólo logró que la Unión Democrática Cristiana y la Unión Social Cristiana de Bavaria la eligieran como líder, también hizo que aceptaran que llevara las riendas de la alianza que formaron con el Partido Social Demócrata (SDP), la misma unión que les permitió dominar el panorama político alemán durante más de una década.

Faltaron exactamente dos días para que Merkel pudiera celebrar tranquila el 13º aniversario de su llegada al poder. El responsable de aguarle la fiesta fue Christian Lindner, jefe de los liberales del Partido Democrático Libre (FDP).

Las elecciones de septiembre eran las primeras a las que Merkel llegaba con los social-demócratas, sus antiguos aliados, abiertamente en contra. El divorcio de la antigua coalición de gobierno dejó abierta la posibilidad de una nueva alianza política tras las elecciones.

La coalición Jamaica, que incluía a los conservadores, de negro, a los ambientalistas, de verde, y a los miembros del FDP, de amarillo, se hundió este lunes tras dos meses de negociaciones. “Es mejor no gobernar que gobernar incorrectamente”, fue la frase con la que el líder liberal, Lindner, enterró la alianza política y sumió al país en la incertidumbre política.

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En 2013, al FPD, que había tenido representación en el Parlamento durante 64 años, no le alcanzaron los votos para superar el umbral del 5 % del electorado y seguir teniendo sillas. Con 38 años, Christian Lindner protagonizó la resurrección del partido que, a pesar de ser clave para la coalición que Merkel tenía en mente, no obtuvo resultados muy impresionantes: apenas el 10,7 % de los votos, que se traducen en 80 escaños.

La importancia del FDP para el fracaso de Merkel está lejos de convertirlo en una fuerza política relevante si la canciller se ve obligada a convocar a nuevas elecciones. Los que podrían sacar provecho de la situación son los miembros de Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha cuya plataforma xenófoba y populista caló entre los alemanes inconformes por la política de brazos abiertos con la que Merkel respondió a la crisis de refugiados.

“Nos alegramos de una eventual convocatoria de elecciones”, dijo Alice Weidel, líder de AfD y quien espera incrementar el 12,6 % de los votos que su formación política alcanzó en los comicios de septiembre. Además de la inconformidad por la llegada de inmigrantes, el partido de Weidel le debe su crecimiento a un efecto colateral de la coalición con la que Merkel gobernó durante años. Gobernar con los socialdemócratas implicó que, con los años, los conservadores de Merkel impulsaran políticas de centro y descuidaran a su electorado de derecha. Ese movimiento, que durante años fue visto como un ejemplo de la astucia de la canciller, puede estar a punto de pasarle factura.