En América Latina no existe regulación clara

Quieren encarcelar a las mujeres que alquilen el vientre en Turquía

El Ministerio de Salud del gobierno de Recep Tayyip Erdogan propone poner tras las rejas a quienes participen en procesos de maternidad subrogada, con penas de dos a cinco años de cárcel.

India se ha convertido en el lugar más popular para alquilar el vientre en el mundo. /AP

“Una mujer que rechace la maternidad, que se abstiene de estar en la casa, por muy exitosa que sea su vida laboral, es deficiente, es incompleta”, dijo el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en junio del 2016, en una cumbre de la Asociación Nacional de Mujeres en Estambul.

Sin embargo, su gobierno quiere ahora poner tras las rejas a las mujeres que hagan parte de un contrato de alquiler de vientres, una práctica que les permite ser madres cuando esto no es posible por el camino convencional. Frente a la extraña lógica de su mandatario, muchas mujeres de Turquía con problemas de fertilidad quedarán enfrentadas a dos opciones, en caso de querer tener hijos: ser “deficientes” o ir a la cárcel. Para Erdogan, las mujeres que deciden no tener hijos serán las responsables del “exterminio de la especie humana”.

La práctica prohibida por Turquía funciona así: una persona o una pareja que no puede concebir, alquila el vientre de una mujer fértil a cambio de dinero. Ésta se encarga de llevar el feto durante nueve meses, hasta que nace y lo entrega. Usualmente, el feto tiene la información genética de la pareja que pagó por el alquiler. La mujer contratada debe cargarlo hasta su nacimiento, pero no tendrá sus genes.

La alternativa, una vez se ponga en marcha la prohibición, será la fecundación in vitro, según recomendó el Ministerio de Salud. No obstante, esta no siempre es una alternativa para las mujeres con problemas de fertilidad. A veces, alquilar el vientre de otras mujeres es la única herramienta viable.

Además, Turquía fue clara al aseverar que la fecundación in vitro sólo estará permitida para parejas casadas. Una mujer soltera o un hombre soltero no tienen acceso a la práctica.

No es la primera vez que un gobierno intenta regular la maternidad subrogada. En Colombia, por ejemplo, un proyecto de ley intentaba penalizarla de maneras similares a las de Turquía, pero esta semana la propuesta fracasó en el Congreso.

Alquilar el vientre escada vez más frecuente

Según la BBC, las mujeres con menos recursos suelen ser las que más aceptan ser madres subrogadas. Es así como muchas parejas de países desarrollados viajan a América Latina para buscar mujeres que estén dispuestas a alquilar su vientre.

La mayoría de las agencias que venden el servicio de maternidad subrogada suelen vivir en la clandestinidad. Es así como, según ha documentado la ONG GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), organización con sede en México, las mujeres terminan siendo víctimas de contratos confusos que vulneran sus derechos.

Según Viviana Bohórquez, abogada, candidata a doctora en derecho de la Universidad de los Andes y experta en temas de género y derechos humanos, el debate en torno a la gestación subrogada se ha dividido durante décadas. De un lado están quienes consideran que es una práctica deplorable de principio a fin, además de ser coercitiva. Por lo tanto, quienes están matriculados aquí creen que debe ser rechazada en todas sus formas. Para algunas mujeres, la maternidad subrogada las limita a que su cuerpo sea visto como una incubadora.

Del otro lado, explica Bohórquez, están quienes piensan que, si bien existen protecciones importantes a tener en cuenta para asegurar el consentimiento, tanto de las mujeres que alquilan el vientre como de la pareja que contrata, y así evitar abusos, el respeto a los derechos humanos, sobre todo el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, obliga a reconocerla y aceptarla.

Por ejemplo, Luisa*, en México, aceptó alquilar su vientre a una pareja extranjera, pero su proceso estuvo lleno de tropiezos. Primero, la agencia no estaba pagándole los cobros que hacía la pareja que decidió contratarla. Al enterarse, estableció un vínculo directo con ellos. El problema es que el menor nació con una deficiencia respiratoria y, como ya no existían mediadores ni contratos claros, tampoco fue claro lo que vino después. Según documentó GIRE, el bebé pasó tres meses hospitalizado y, antes de que lo dieran de alta, uno de los padres le dijo a Luisa que tenía que volver a California, pero que lo haría pronto. No regresó. Luisa nunca supo nada más de ellos.

El bebé tiene actualmente un año y tres meses. Luisa y su esposo tuvieron que hacerse cargo de la crianza, pero, como no tienen suficientes recursos, no han podido llevarlo a una evaluación formal para determinar cómo está el desarrollo físico y mental del niño.

En Bolivia, según la agencia ANF, la falta de claridad legal frente al tema hizo que la denuncia por rapto de una bebé terminara en caos.

La pareja que denunció el robo contrató a una mujer para alquilar su vientre y, según informaron a las autoridades, pagaron mucho dinero por ello. Luego la contrataron como niñera y ella desapareció con la bebé ocho meses después de su nacimiento.

GIRE también documentó el caso de Valeria, una mujer de 32 años con tres hijas y una nieta de un mes. Aceptó un contrato para alquilar su vientre a una pareja, a través de una agencia. Pero, al momento del parto, el feto no tenía signos vitales. Ella acudió a las urgencias porque sentía el vientre duro y mucho malestar, pero aun así tardaron horas en atenderla. Aunque podía intuir que algo no andaba bien, nunca le informaron lo que estaba pasando.

En la agencia no le pagaron el monto acordado. Valeria tuvo que correr con todos los gastos del procedimiento y de la hospitalización de los días posteriores. Aún está enferma y a la espera de que la agencia pague cuando menos por sus medicamentos.

India es otro de los países en donde más mujeres se ofrecen como madres subrogadas. Es conocida, de hecho, como “el centro de la subrogación”, según BBC. Una de esas mujeres, tal y como informó la agencia, es Samantha, de 28 años, madre de cuatro hijos. Vive en un barrio muy pobre y trabaja en una fábrica de carteras de cuero, donde se gana 6.000 rupias. Estaba muy endeudada, por más de 10.000 rupias y, de paso, su marido se ganaba sólo 8.000 rupias como conductor. En ese momento conoció a un tipo que trabajaba en una clínica de maternidad subrogada. Le ofreció 20.000 rupias por alquilar el vientre y, según cuenta, aceptó por necesidad.

Como las agencias no suelen brindar acompañamiento psicológico para el proceso, Samantha denunció que para ella fue muy doloroso no poder ver al bebé tras el nacimiento. Después del parto pasó muchas noches sin dormir, le daban dolores de cabeza y tuvo que tomar tranquilizantes. A veces se pregunta si el bebé no estaría mejor con ella; luego, según dice, recuerda que es pobre.

El 4 de noviembre, día en que nació el niño, celebra su cumpleaños de la misma manera que lo hace con sus hijos. Cocina temprano un plato especial, lo comparte con sus vecinos y va al templo a rezar por el bienestar del niño.

El panorama

Portugal estrenó este mes su nueva ley de maternidad subrogada con un caso que sensibilizó a la prensa.

Un matrimonio de padres jóvenes no podía tener hijos, después de las complicaciones de una endometriosis. De este modo completaban los requisitos establecidos por el Consejo Nacional de Procreación Médicamente Asistida (CNPMA), los cuales también incluyen el que no puede existir ningún tipo de transacción económica en el proceso.

La madre de alquiler se llama Isabel y es la abuela del menor: “Tiemblo de emoción. Quiero dar a mi hija la oportunidad de tener hijos. Si yo puedo, ¿por qué no he de brindarle esa ocasión?”, aseguró Isabel después de la conmoción que generó el caso.

En Canadá, la ley funciona de manera muy parecida: el alquiler de vientres sólo se permite a mujeres que no puedan concebir. Esto descartaría de entrada a personalidades como Kim Kardashian, de quien, se rumora, está interesada en alquilar un vientre en Guatemala. Del mismo modo que sucede en Portugal, el acuerdo debe hacerse en un acto de amor con una mujer cercana, no por dinero.

En California, en cambio, está permitido que la mujer gestante reciba una compensación económica por participar en un acuerdo de este tipo. Se considera una forma de salario por un servicio prestado.

El Reino Unido y Australia establecen en el papel que el acuerdo debe ser solidario. Pero, en la práctica, las mujeres reciben compensación por su tiempo, sus molestias y todo tipo de consideraciones.

Mientras el resto del mundo se decide, por ahora, el caso de Isabel conmociona a Portugal. Según ella, se trata de “un acto de amor”.

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