Rafael Correa estudia pedir asilo internacional para esquivar llamado a juicio

De llevarse a cabo la solicitud del expresidente ecuatoriano, quien asegura que ha vivido días difíciles luego de conocerse su llamado a juicio, la decisión pasaría a estar en manos de organismos internacionales.

Expresidente ecuatoriano, Rafael Correa. AFP

Tras haber sido llamado a juicio, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa estudia pedir asilo en Bélgica, una decisión que dependerá de la respuesta de los organismos internacionales a los que ha pedido asistencia contra la supuesta dictadura de Lenín Moreno.

"Lo sigo estudiando, utilizaré todos los derechos que tengo para defenderme a mí y a mi familia", aseguró en una conversación telefónica con Efe desde Bélgica, al descartar informaciones que apuntaban a que habría solicitado asilo en el mes de junio.

Y agregó que vive una situación complicada, pero que utilizará todos los derechos que tiene para defender su integridad, y el asilo político es uno de ellos.

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Las autoridades belgas aseguran que no pueden ni confirmar ni desmentir que Correa haya hecho esa petición aludiendo motivos de privacidad, en tanto que el Ministerio de Exteriores en Quito dijo que "no tiene constancia" de ese hecho.

En un tono de voz que denotaba preocupación, Correa insistió en que es objeto de "una persecución brutal", tras conocerse el auto de llamamiento a juicio que dictó el miércoles la jueza nacional ecuatoriana Daniella Camacho, como presunto autor intelectual del delito de secuestro del opositor y exasambleísta Fernando Balda.

"Ayer fue un día muy duro, no nos hacíamos ninguna ilusión, todo estaba condicionado. Hay una persecución brutal en Ecuador pero nadie hace nada", se quejó el exmandatario, quien niega cualquier participación en ese caso y aseguró desconocer a los agentes que le han implicado, Raul Chicaiza y Diana Falcón.

"Yo no conozco a ese policía que presuntamente habló conmigo tres veces. Nunca en mi vida le he visto y no he hablado. Hay cosas muy oscuras ahí", sostuvo.

Sobre su eventual solicitud de asilo en Bélgica, donde reside desde julio de 2017 y de donde es oriunda su esposa, matizó que esa decisión solo la tomará después de ver cómo avanzan los procesos de protección que ha solicitado a instancias internacionales y a las decisiones de Interpol. "Lo daremos a conocer en el momento oportuno si es que lo hacemos", precisó.

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"Medidas de protección nos quedan solo a nivel internacional, a nivel nacional no tenemos oportunidad", insistió, y explicó que la petición de asilo dependerá de los "resultados" de esas instancias.

Entre ellas mencionó la resolución de Interpol sobre el pedido de captura contra él -que cree que ha sido ya desestimado porque de lo contrario lo habrían dado a conocer- y de si "se puede sacar medidas provisionales en el sistema interamericano que deroguen la prisión preventiva" que se le ha impuesto.

Sobre la opción que regrese voluntariamente a su país, dijo que que por el momento la descarta porque iría directamente a prisión durante "tres meses", aunque se muestra convencido de que ganaría el caso porque la acusación "es muy débil" y "el caso no tiene ni pies ni cabeza".

"No me voy a prestar a eso, pero es horrible esta situación. ¿Cómo explicas acá en Bélgica, que confían en la justicia, que tienes una orden de arresto?", se pregunta al quejarse del sistema judicial de su país, que dice estar interferido desde círculos políticos.

Y pone como ejemplo de una presunta persecución los casos de su exvicepresidente, condenado por corrupción a seis años de cárcel en una sentencia que aún no es firme, el proceso legislativo contra la asambleísta Sofía Espín por visitar a una testigo del caso Balda, y el proceso por peculado contra quien fuera su secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, fugado tras despojarse de un grillete electrónico.

Correa, que en mayo de 2017 dejó el Gobierno en manos de quien entonces era su correligionario, a quien ayudó a llegar a la Presidencia, se declaró profundamente decepcionado de la gestión de Moreno, de quien dice ha dado un "viraje" y establecido una "dictadura".

"Yo creo que es algo patológico, algo le pasa, no es normal", dice de él.

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"Sabíamos que no era una persona de izquierda, siempre supimos que era una persona sin convicciones (..) No sabíamos que era un traidor de esa magnitud".

Tras acompañar a Correa, Moreno inició un viraje hacia el centro político nada más entrar en funciones, en la creencia de que tras diez años que dejaron el país dividido se requería una política de diálogo.

El exmandatario está convencido de que la única forma de que su situación, y la de sus excolaboradores, cambie, es solo posible cuando cambie la situación política del país.

"En las condiciones actuales, regresar a Ecuador sería ir al suicidio. Si eso sirviera de algo iría con gusto, pero mira de qué sirve, mira lo que le han hecho a Glas", vuelve a recordar, y concluye con que en Ecuador "no hay posibilidad en estos momentos de un juicio justo".