Abuso de poder en conventos, el otro pecado de la Iglesia

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El pasado jueves se conoció una denuncia sobre abusos de poder por parte de algunas madres superioras en algunos conventos de la Iglesia Católica. Aunque al parecer no hay indicios de abuso sexual, algunas monjas se habrían aprovechado de su posición para tener derechos exclusivos dentro de la institución como el acceso a servicios médicos.

La Iglesia Católica tiene desde hace algunos años problemas internos por donde se la mira. Ahora una revista católica denunció los abusos de poder de algunas madres superioras que están a cargo de algunos conventos, aplicando malos tratos o beneficiándose económicamente. Según el medio, llamado Civiltá Cattolica, el tema “no recibió hasta ahora la atención que merece”, y ha permanecido oculto durante muchos años.

Estos abusos “en su mayoría no toman forma de violencias sexuales y no afectan a menores”, precisó la revista. Según la denuncia, algunas monjas se quedan en su puesto durante décadas, otras reciben en pensión completa a familiares, a cargo de la comunidad. La revista registra que a veces son sepultadas en el convento.

Una madre superiora, por ejemplo, “hizo ingresar a su madre en la comunidad de hermanas hasta su muerte, permitiéndole compartir el espacio durante 20 años”, revela la investigación.

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El título de esas religiosas, en algunos casos, "parece garantizar otros privilegios exclusivos, como beneficiarse de mejores atenciones médicas, mientras una simple monja no puede ni siquiera consultar a un oftalmólogo o un dentista, con el pretexto de que hay que "economizar".

A algunas monjas se les rechazó conseguirles prendas cálidas para el frío por las mismas razones. ”El clóset de la superioras está lleno de vestimentas que compran con los dineros de la comunidad sin consultar a nadie, mientras otras no tienen ni con qué cambiarse”, subraya Civilta Cattolica.

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"Desgraciadamente se trata de la realidad diaria de algunas hermanas: una realidad que no pueden denunciar, pues ignoran a quien dirigirse, o por temor a represalias", agregó.

En enero, el cardenal Joao Braz de Aviz, prefecto de la potente Congregación para los institutos de vida consagrada, reveló que exmonjas “abandonadas” por la Iglesia Católica, algunas de las cuales tuvieron que prostituirse para sobrevivir, hallaron refugio en una residencia del Vaticano abierta por petición del papa Francisco.

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