Rudy Giuliani, el compañero de fracasos de Trump

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Lo que empezó con una carrera exitosa terminó con una serie de errores basados en mentiras y cálculos errados por parte del abogado de Trump.

Hubo un tiempo en el que Rudy Giuliani, la mano derecha y el abogado personal del presidente Donald Trump, defendía los derechos de los gais, estaba a favor del aborto y apoyaba el control de las armas. Cómo han cambiado las cosas. El exalcalde de Nueva York encarna hoy en día la imagen del político que busca el poder cueste lo que cueste, pasando por encima de su enemigos y, en ocasiones, hasta de la verdad. Las últimas elecciones en el país, celebradas el pasado 3 de noviembre, lo acaban de demostrar: sus constantes intentos de desprestigiar a Joe Biden y de sembrar teorías conspirativas alrededor de un supuesto fraude terminaron de desdibujar su imagen frente a millones de estadounidenses.

La situación se descontroló el pasado 19 de noviembre, cuando Giuliani tuvo que sustentar durante una rueda de prensa las razones por las que el equipo del mandatario denunciaba un fraude electoral. Momentos antes de que empezara, Trump tuiteaba que el funcionario dibujaría “un camino muy claro y viable a la victoria”. Sus palabras frente al micrófono tuvieron el efecto contrario. Cuestionó el voto por correo y a los medios de comunicación, y atacó a diestra y siniestra al que pudo, sin pruebas: “Lo que les estoy describiendo es un fraude masivo. No es algo pequeño. ¿Todos los líderes demócratas en Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Georgia, Nevada y Arizona se despiertan y todos por separado tienen lo mismo? ¿Idea?”.

Y agregó: “¿Tenían todos por separado la misma idea de que vamos a poner a los inspectores republicanos en bolígrafos, que no les vamos a dejar mirar las boletas por correo o en ausencia? ¿A todos se les ocurrió eso de forma independiente, como por coincidencia? ¿No es la conclusión lógica, que creo que cualquier jurado aceptaría al escuchar esta evidencia, que alguien tenía este plan? ¿Quizás ese fue siempre el plan? Creo que la conclusión lógica es que este es un plan común, un esquema común, viene directamente del partido Demócrata y viene del candidato. Claramente”. Las críticas de los medios de comunicación fueron despiadadas. Solo The New York Times, el cual hizo referencia al tinte oscuro que le escurrió por la mejilla debido al sudor, aseguró: “Parecía que estaba a punto de derretirse”. Y en efecto, parecía una oportuna alegoría a lo que ocurría dentro del equipo presidencial en su defensa electoral.

Justo hace unos días, en una entrevista con Fox Business, aseguró, también sin pruebas, una presunta influencia irregular de Smartmatic, una empresa creada en Florida a la que se atribuyeron vínculos con la Venezuela de Hugo Chávez, y que en estas presidenciales solo aportó el desarrollo de un sistema de votación para el condado de Los Ángeles. Lo cierto es que la relación entre el chavismo y Smartmatic tuvo un duro punto de quiebre en 2017, cuando la firma, ya con sede en Londres desde 2012, aseguró que en las “elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela hubo manipulación del dato de participación”.

En la Casa Blanca parece incontrolable el caos. A mediados de mes Trump decía: “¡Espero que el alcalde Giuliani encabece el esfuerzo legal para defender NUESTRO DERECHO a ELECCIONES LIBRES Y JUSTAS! Rudy Giuliani, Joseph diGenova, Victoria Toensing, Sidney Powell y Jenna Ellis, un gran equipo, se suman a nuestros otros maravillosos abogados y representantes”. De ese elenco poco queda, pues Sidney Powell fue sacada sorpresivamente por unas explosivas declaraciones que apoyaban teorías conspirativas, y Giuliani, la estrella, parece ir en caída libre con sus desaciertos.

En 1964, cuando aún estaba en la universidad, atacó con firmeza al senador de Arizona y candidato presidencial Barry Goldwater e instó a los ciudadanos a “encontrar hombres que se ocuparan adecuadamente de los problemas de discriminación, de pobreza, de la educación, de la vivienda pública y muchos más problemas que el senador Goldwater y compañía descartan en nombre del pequeño gobierno de laissez-faire”.

En 1993, cuando se convirtió en el primer alcalde de Nueva York republicano en 20 años, representaba más bien al ala moderada del partido. De hecho, un artículo de la revista Politico, publicado en 2007, ya ponía en entredicho la imagen que construía el abogado. “Rudy no solo apoya el aborto, sino que también ha abogado por el aborto por nacimiento parcial y la financiación gubernamental del aborto. Favorece el control de armas, los derechos de los homosexuales, las parejas de hecho y las leyes contra los delitos de prejuicio. Y esa es solo una lista corta”.

Cuando empezó a radicalizar su imagen hacia el conservadurismo, el abogado le respondió a Rudy Crew, excanciller de Escuelas Públicas de la Ciudad de Nueva York: “No se preocupe. Es solo una cuestión política, una cuestión de campaña. No voy a hacer nada”. No te lo tomes en serio “.Wayne Barrett, una de las personas que más conoce a Giuliani, y que hizo su biografía, habló con numerosas personas de su círculo que dieron pistas de su forma de actuar en la vida política. Quienes lo conocen aseguran que sus pasos nunca se basaron en verdaderos principios ideológicos, sino en una estrategia para ascender en cargos. “Solo se convirtió en republicano después de que comenzó a conseguir todos estos trabajos en el Departamento de Justicia. Definitivamente no es un republicano conservador. Él cree que lo es, pero no lo es. Aún siente mucha pena por los pobres”, le dijo en su momento a Barrett la madre de Rudy, Helen Giuliani.

The New York Times dijo mientras hacía campaña para su primera alcaldía que “señaló con frecuencia que contaba con el apoyo del ala liberal del Partido Republicano y sostenía que nunca abrazó la amplia agenda conservadora de Reagan”. Hoy, sin embargo,se cubre justamente con el manto del expresidente estadounidense. Desde 2017 se integró al equipo legal de Trump, asesorándolo en materia de ciberseguridad. Luego, en 2018, estuvo a cargo de la defensa de Trump en el caso de la trama rusa, es decir, las denuncias sobre presuntas injerencias extranjeras concertadas desde la Casa Blanca.

Eso sí, su papel más importante estuvo en la investigación en Ucrania para encontrar pruebas que inculparan a Joe Biden de haber presionado en 2016 al gobierno de ese país para que no investigara a la empresa Burisma, donde trabajaba su hijo Hunter. Todas estas acciones no han pasado de lo espectacular y lo excéntrico, pues no han tenido resultados positivos. Desde el año pasado lo sabe, sin embargo, cree que en un futuro será recordado como algo más que un hombre lleno de fracasos. “Seré el héroe. Cuando todo esto acabe, seré el héroe”, dijo.

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