Brasil, el país de A. Latina que más consulta safe2choose sobre aborto

Safe2choose, la organización sin ánimo de lucro que distribuye pastillas abortivas por todo el mundo

Más de un millón de mujeres han ingresado a su sitio web este año y ocupan los primeros lugares en búsquedas de Google. cuando una mujer se pregunta cómo abortar.

La aprobación de la venta de pastillas de mifepristona y misoprostol, que permiten abortar en casa, ha sido polémica en el mundo. / Getty Images

Mariela

Mariela viajaba en bus con su mamá, en uno de esos recorridos por tierra que dejan tiempo para todo. Estaba en plena adolescencia. Los 13 años le habían llegado con el furor de las dudas sobre su rol en el mundo, su país y su género. “Yo aborté a los 16”, le contó de pronto su mamá, rompiendo con la parsimonia del momento. Luego tuvo otro aborto los 17, esta vez espontáneo. Ella creía que había sido consecuencia del primero. “Mi mamá hizo su primer aborto con ganchos porque no sabía, no había información y estaba desesperada. No quería ser madre”, cuenta Mariela.

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“Me decía que había sido muy duro no poder contarle a su mamá, a mi abuela, lo que estaba viviendo. Fui la primera persona a la que le habló de esto, después de su novio de la época”. Por eso, Mariela siempre ha estado convencida de que el aborto es un derecho para todas las mujeres y que garantizarlo podría salvar la vida de miles de ellas en el mundo. Habría podido salvar a su mamá de mucho sufrimiento.

Entonces a eso se dedicó toda su vida: al activismo por los derechos de las mujeres que, como dice ella, “no es fácil, sabes que en mi país hay un gran estigma”.

Y aunque se convirtió en un blanco de disparos de muchos que le decían loca y asesina, dar a conocer sus posturas en las redes sociales empezó a acercarla a otras mujeres que buscaban ayuda. “Incluso personas que públicamente estaban en desacuerdo sobre el aborto, me escribían en privado porque querían asesoría para hacerlo y no sabían a quien acudir”.

Mariela las acompañaba a comprar las pastillas. “Usualmente nos tocaba buscar a traficantes blancos. La experiencia solía ser muy difícil. No porque el aborto en sí mismo sea algo difícil, sino por todo lo que venía alrededor: el miedo, el estigma, la ilegalidad. Numerosos estudios demuestran que es más probable generar traumas por esto último que por practicarse un aborto”.

En ese recorrido se encontró con safe2Choose, una organización sin ánimo de lucro y sin sede física, que distribuye por todo el mundo pastillas abortivas y que hace campañas de educación y prevención, especialmente en países en desarrollo de África y América Latina. Mariela se encarga de las comunicaciones, tal vez lo más difícil.

“Para mí ha sido muy importante tener la confianza de que las pastillas son verdaderas, muchas veces me pasaba que comprábabamos las pastillas y pagábamos precios altísimos; no sé, 300, 400 dólares y las pastillas no eran verdaderas. Los abortos no lograban salir bien”.

El tema funciona así: una mujer que toma la decisión de practicarse un aborto busca el portal de safe2chosse, disponible en español, inglés, portugués y francés,polaco e hindi o se suscribe a las redes sociales de la marca. El siguiente paso es escribir a través del chat. Del otro lado le responderá una mujer, que la escuchará sin juzgarla, que hablará su idioma y que la acompañará a resolver sus dudas. Las pastillas tienen un costo de 50 a 90 dólares, dependiendo del país, incluyendo el envío.

Ana

Cuando estaba terminando el colegio, Ana tenía una relación con uno de los mejores del curso. La pasaban muy bien y se divertían mucho, pero había algo que le molestaba: “Él era como de los más reconocidos, solo que si a una chica también le iba bien, decía: ‘seguro es porque está bonita’, o ‘seguro lo logró porque se le está insinuando al profesor’. Yo le respondía: ¿no piensas que por su cabeza pueda lograrlo?”.

Él empezó a decirle que era feminista y que tuviera cuidado con “las feminazis”. “Estaba confundida. Yo me preguntaba ¿qué será eso del feminismo, estará bien o mal?”.

Finalmente estudió comunicación y paulatinamente empezó a alejarse de su pareja porque se desencontraron en su manera de aproximarse a “todo”, cuenta ella. Al graduarse, empezó a trabajar en publicidad y en una entrevista le hicieron una pregunta poco convencional: “¿Estás de acuerdo con el aborto?”.

Ana empezó a hablar desde su intuición: “Claro que sí. Yo no quiero tener hijos, no porque no me gusten los niños, sino porque sostenerlos en una ciudad como esta no es posible”. La contrataron y, para su sorpresa, su cliente era safe2choose. Empezó a conocer el nuevo trabajo y terminó comprometida. Conoció el caso de una joven de su país, que tuvo un aborto inseguro y se estaba desangrando, así que acudió al hospital. Las enfermeras la obligaron a besar el feto y a “despedirse de él”.

“Eso me movió. Me parecía increíble trabajar en una red de feministas y conocer de primera mano de qué se trataba su labor. Ahora estoy contratada directamente con ellas, ya no a partir de la agencia. Es tan gratificante. Una marca de refrescos, que está llena de sodio no te da la satisfacción que te da vender salud, derechos y la idea de empoderamiento de las mujeres. Me quedo con este lado del marketing”, afirma.

Sin embargo, tiene sus retos. La comunicación digital, de lo que Ana se encarga, y el eje que hace posible el contacto de la organización con las usuarias, tiene muchos enemigos.

“Bajo el argumento de que en su país no es legal, varios se aliaron en los comentarios y lograron cerrar nuestra cuenta de Instagram en español. A pesar de que apelamos, haciéndoles ver que Instagram es global, no nos escucharon. Es muy triste, ¿sabes?”, dice.

Además, deben lidiar a diario con comentarios conservadores, citas de la Biblia y amenazas de hackear el resto de sus cuentas.

“Una de las políticas de Instagram está en contra de usar temas controversiales para promover un sitio. Y el feminismo lo ven como controversial. Al igual que el cuerpo desnudo, así no tenga una connotación sexual o pornográfica”, agrega Ana. Y Mariela interviene: “Esa creencia de que internet es un lugar libre, la verdad es que no es tan cierta”, remata Mariela.

Por fortuna, cuentan ambas, las mujeres están defendiendo sus derechos sin que las administraddoras de las cuentas de safe2choose deban intervenir. Y no pasa solo en las redes. En un encuentro organizado por ellas en Kenia, un ginecólogo interrumpió a las mujeres que contaban sus historias, para pedirles que no “sonrieran durante las consultas”, porque él como hombre tenía sentimientos frente al aborto.

En ese momento, las mujeres reaccionaron. Le dijeron “abusivo” y le recordaron que esa decisión era “sólo de las mujeres” y que nadie podía juzgarlas basado en sus prejuicios. Al final del encuentro, después de escucharlas, el ginecólogo pidió excusas.

Los nombres de las mujeres fueron cambiados y sus países de origen omitidos para proteger su identidad.* Invitación del Foro Idea a la ciudad de Quito.