Inundaciones dejan 300 muertos

Sierra Leona, ¿un país de tragedias?

Esta vez fueron los deslizamientos e inundaciones los que se llevaron cientos de vidas. En 2014 fue el ébola que mató a 4.000 y la guerra que se llevó a decenas más. ¿Qué pasa en esta nación africana?

Un niño reza por todas las víctimas de la última tragedia en Freetown, Sierra Leona. AFP

Sierra Leona comenzó a enterrar a los centenares de víctimas mortales que dejaron las fuertes inundaciones y desprendimientos de tierra del pasado lunes y sigue inmersa en el rescate de más de 600 personas que permanecen desaparecidas.

Según informó hoy a Efe el coordinador de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja, Abdul Bakar, hasta el momento se han recuperado 297 cadáveres, de los que anoche fueron enterrados 139. Entre las víctimas mortales hay casi un centenar de niños, según medios locales.

El área afectada por las inundaciones es una zona de la capital, Freetown, donde se habían construido numerosas viviendas ilegales, muchas de ellas literalmente absorbidas por el río de lodo.

Fuertes deslizamientos de tierra derribaron edificios de varias plantas y al menos mil hogares han sido cubiertos de barro en las zonas más golpeadas, como el suburbio costero de Racecourse, en el extremo oriental de la ciudad, así como en Regent y Lumley, donde predominan los asentamientos improvisados.

Otras 3.000 personas se quedaron sin hogar y buscan un lugar en el que refugiarse de las lluvias, que aún continúan, mientras que las líneas de comunicación y la electricidad han quedado interrumpidos en muchos puntos del país.

La ONU declaró que sus equipos humanitarios están analizando las necesidades del país y preparando planes para prevenir brotes de enfermedades infecciosas.

Esta no es la primera vez que Sierra Leona afronta una situación similar ya que en esta época del año son frecuentes las fuertes lluvias. Las de hace dos años causaron una decena de muertos y dejaron a varios miles de personas sin techo en Freetown.

¿Una tragedia tras otra?

Sierra Leona ha sigo golpeado por varias tragedias. Hace tres años, en junio de 2014, el ébola se cobró la vida de al menos 4.000 personas y dejó huérfanos a 12.000 menores de edad. 

Una situación que dejó al país descompuesto. El regreso a sus casas de los enfermos recuperados se convirtió en un infierno. Nadie quería acoger a los niños sin familia y trabajadores, sepultureros y médicos comenzaron a sufrir la discriminación. 

Esto generó embarazos no deseados, inseguridad y desempleo. El estigma social provocó más daños en un tejido social descompuesto por el conflicto. Y en medio de este panorama que apenas comenzaba a mejorar, la Organización Mundial de la Salud informó en 2016 que el ébola había reaparecido.

Una hora atrás había declarado la extinción de la epidemia. El rebrote de Sierra Leona supone un nuevo golpe para el sistema sanitario de un país que intenta reiniciar su reconstrucción. La comunidad internacional, en especial los organismos vinculados a organismos de ayuda médica y humanitaria, han hecho un nuevo llamamiento en el que piden que no se olvide que el peligro de expansión del ébola sigue presente.

Entre otras razones, por el desconocimiento preciso del lugar, o animal, en que el virus se preserva latente, y de la cadena de coincidencias que lo pone en contacto con un ser humano. El inicio que desencadena una epidemia de ébola sigue siendo una incógnita.

Además, Sierra Leona vivió una guerra civil, entre 1991 y 2002, que causó miles de muertos, la huida de cientos de miles de personas a Liberia y Guinea y el abandono de sus aldeas por más de un millón de personas. 

A pesar de la gran riqueza que tenía gracias a los diamantes, su mala gestión terminó por convertir el país en uno de los más pobres de África y sumiéndolo en el tráfico de drogas y armas. Pero en esta guerra hubo mucha participación: Charles Taylor, ex presidente de Liberia se enriqueció a base de diamantes obtenidos a cambio de armas y dinero de las partes del conflicto en Sierra Leona.

Es decir, el Frente Revolucionario Unido (FRU), con Foday Sankoh a la cabeza y que se oponía al gobierno interino, recibió armas de Taylor. El FRU pronto logró atemorizar a la población. Capturaba a sus miembros, principalmente niños, a los que usaba para conseguir las piedras preciosas, para perpretar matanzas y mutilaciones y para actividades de explotación sexual.

El resultado fue una guerra que dejó más de 120.000 muertos y que finalizó en 2002 gracias a la intervención internacional y varias condiciones. Hoy las heridas siguen abiertas.