Asesinan a Javier Valdez

Sinaloa pierde al rostro de su lucha contra el olvido

Un paro digital. Esa fue la respuesta de varios medios de comunicación en México, luego de enterarse del asesinato del cronista y periodista de investigación Javier Valdez. Su muerte es una prueba más de que la violencia en Sinaloa no cesa sino que, por el contrario, se recrudece.

Javier Valdez, de 50 años, fue asesinado saliendo de su periódico en Culiacán, Sinaloa. / AFP

Cuando la gente dice que lleva más de media vida haciendo algo, usualmente exagera. No Javier Valdez. Él realmente llevaba más de media vida haciendo periodismo. Y no cualquier periodismo. Un periodismo que, como dijo alguna vez, se dedicó “a suministrar pastillas para el olvido”. Si hubiera podido, creen sus amigos, lo habría hecho no solo media vida, sino la vida entera. Pero lo mataron a balazos en Sinaloa.

“Sinaloa es un poco la Medellín de Colombia. Ya sabes: el cartel histórico, tres generaciones dedicadas a eso, por razones naturales y también por razones de vacío de poder y de vacío de derecho. En este momento estamos enfrentando una pugna entre grupos de crimen organizado. Los hijos de Joaquín Guzmán y su anterior lugarteniente”, cuenta Adrián López Ortiz, director del diario local Noroeste, en donde Valdez empezó su carrera. De allí salió a fundar su propio medio, Ríodoce, dedicado específicamente a mirar con lupa las historias de los narcos de la zona, a denunciar la corrupción, a hacer crónica e investigación. Saliendo de Ríodoce, le dispararon.

Joaquín Guzmán, alias el Chapo, es el narcotraficante más poderoso de Sinaloa. Está preso en Estados Unidos desde enero de 2016, pero su detención no provocó una disminución de la violencia. Todo lo contrario. Según cifras del periódico Noroeste, los asesinatos aumentaron 60 el año pasado. “Y ya la cosa estaba mal”, agrega López, mientras marcha junto a un grupo de colegas hacia la gobernación de Sinaloa, para exigir justicia en este caso y en el de los otros seis periodistas asesinados. Van seis en el 2017.

“Javier era el periodista más famoso de Sinaloa. Sus crónicas y libros sobre el narcotráfico hacen parte del anecdotario de los sinaloenses. Creíamos que estaba del otro lado del pantano, la verdad. La policía nos cuenta que no tenían denuncias de él o de su medio reportando amenazas a su seguridad. Esto nos toma por sorpresa, aunque aquí en Sinaloa todo es una sorpresa”, agrega López.

Durante el lanzamiento de Narcoperiodismo, su último libro, que fue publicado con el sello Aguilar, Valdez dio una explicación que tal vez podría explicar la ausencia de denuncias. “Yo he vivido la inseguridad. Por ejemplo, fuentes mías han sido asesinadas, también en Ríodoce nos aventaron una granada en 2009, así como otras situaciones que no puedo mencionar con detalles porque es peligroso, pues si yo digo que el narco o un policía me amenazó, cualquiera puede aprovechar para hacerme daño”.

Valdez se dedicó a contar historias de narcos, conocía su zona como nadie y sentía que lo que estaba pasando allí, debía ser contado. Gina Morelo, periodista colombiana, dedicada a la investigación como él y directora de la organización Consejo de Redacción, que integra periodistas de todo el país, escribió que gracias a Valdez recuperó muchas veces la energía para seguir contando historias “duras”, en las que tanto la vida del periodista, como la de sus fuentes, están en peligro.

Tanto ella como López, quienes conocieron a Valdez de cerca, coinciden en que el lenguaje políticamente correcto no era la suyo. “Él era en sí un personaje. Muy simpático, mal hablado”, cuenta López. “Muy de su región”, escribió Morelo.

La vida le alcanzó para ganarse varios reconocimientos. En el 2011 obtuvo el Premio Moors Cabot, que entrega la Universidad de Columbia, y ese mismo año recibió el Premio Internacional a la Libertad de Prensa, que otorga el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

Pero los premios no salvan a los periodistas, a los que se meten de cabeza a pelear con la indiferencia, sobre todo en las regiones. Valdez lo sabía. Al recibir el premio de la CPJ en Nueva York, que para él fue el más importante de su carrera, dijo: “donde yo trabajo, Culiacán, en el estado de Sinaloa, México, es peligroso estar vivo, y hacer periodismo es caminar sobre una línea invisible trazada por los malos —que están en el narcotráfico y en el gobierno— en un campo sembrado de explosivos. Esto es lo que la mayoría del país vive. Uno debe protegerse de todo y de todos, y no parece haber opciones ni salvación, y a menudo no hay nadie a quien acudir”.

La agencia de noticias AFP, donde Valdez fue colaborador, reseñó que días atrás, cuando una periodista lo llamó a preguntarle su opinión sobre la problemática actual de Sinaloa, le respondió que la situación no estaba fácil y que ahora no podía hablar.

“La impunidad es del 99,75 % en los casos de periodistas”, cuenta López. Y agrega: “Javier muerto a balazos fue un mensaje muy contundente. El mensaje es cállense todos porque los podemos callar a todos. Sabemos que con esta impunidad no va a pasar absolutamente nada, pero nuestro trabajo es exigirle a las autoridades que se haga justicia”, dice. Javier Valdez, el de los premios, la cara de la lucha por contar la verdad en Sinaloa, el de los 25 años de experiencia, parecía al otro lado del pantano. ¿Qué le espera al resto de periodistas en Sinaloa?

 

 

 

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