Con gas sarín, uranio y fósforo

Siria: una guerra tóxica

EE. UU. denunció que el gobierno sirio podría estar preparando un nuevo ataque con agentes químicos. Sobre la coalición dirigida por ese país también pesan denuncias por usar armamento ilegal.

Según la Casa Blanca, los movimientos de los últimos días en la base militar siria de Shayrat recuerdan en gran medida a los que se registraron justo antes del bombardeo con agentes químicos que sufrió la población de Jan Sheijun, el pasado mes de abril. El saldo que dejó ese ataque, atribuido al gobierno de Bashar al Asad, incluyó más de 80 personas muertas, 557 heridos y una tormenta de 59 misiles Tomahawk que, por orden del presidente estadounidense, Donald Trump, azotó la base siria de la que despegaron los aviones responsables del ataque químico, la misma que ahora se encuentra bajo la sospecha de preparar un ataque parecido.

Desde el comienzo se supo que la ofensiva contra la base de Shayrat había sido inútil. Un día después del bombardeo, el Observatorio de Derechos Humanos Sirio (OSDH) anunció que dos aviones del régimen de Al Asad despegaron desde allí para efectuar ataques en Palmira. También se sabe que, a pesar de que el gobierno estadounidense ha prometido que el régimen sirio pagará un “alto precio” si un ataque como el de Jan Sheijun vuelve a ocurrir, ellos mismos han llevado a cabo ataques con agentes químicos.

El pasado 16 de junio, Amnistía Internacional denunció a la coalición militar encabezada por EE. UU., la misma que opera en Siria para hacerle frente al autoproclamado Estado Islámico, por usar munición con fósforo blanco. Según la ONG, Jezra y El Sebahiya, dos poblaciones ubicadas en las afueras de Raqqa, fueron atacadas con proyectiles de fabricación estadounidense cuyo uso es ilegal y puede llegar a constituir un crimen de guerra.

“El uso de fósforo blanco en zonas densamente pobladas supone un elevado e inaceptable peligro para la población civil y constituiría, casi invariablemente, un ataque indiscriminado”, dijo Samah Hadid, directora de Amnistía Internacional en Oriente Medio.

Otro ejemplo claro de que Estados Unidos no es una autoridad para hablar en contra de los ataques químicos llegó en febrero de este año, cuando oficiales de ese país admitieron para Foreign Policy que habían usado uranio empobrecido para atacar al Estado Islámico en Siria. El contacto con ese material, cuya dureza permite penetrar vehículos blindados, también produce cáncer y malformaciones congénitas.

“El Departamento de Defensa sigue concentrando sus operaciones para derrotar a ISIS. Sin embargo, la brutalidad del régimen de Al Asad y su uso de armas químicas presenta una clara amenaza a la estabilidad regional, así como a los intereses en seguridad de Estados Unidos y nuestros aliados”, dijo el mayor Adrian Rankine-Galloway, portavoz de la cartera de Defensa del gobierno Trump.

En Europa, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, se unió al estadounidense al subrayar “la necesidad de trabajar en una respuesta común en caso de un ataque químico en Siria”. La insistencia de Francia en mantener la mano dura en Siria viene de la administración anterior, cuando múltiples ataques yihadistas llevaron al presidente François Hollande a intensificar el apoyo francés a la ofensiva militar en Siria.

Mientras tanto, el gobierno sirio protestaba contra las amenazas de EE. UU. y Al Asad visitaba la base de Latakia, una de las cuatro instalaciones militares rusas con las que Vladimir Putin apoya su régimen.

Para los rusos, que tienen en siria un aliado estratégico desde la era soviética, el anuncio es la antesala de un ataque diplomático y posiblemente militar contra el gobierno de Al Asad, al que apoyan militarmente desde 2015, cuando el mandatario sirio estuvo a punto de perder el poder.

Al Asad dijo haber entregado todas las armas químicas de su régimen después de 2013, luego de que un ataque con agentes químicos tóxicos dejara cerca de mil muertos a las afueras de Damasco. Los hechos desencadenaron un programa de desarme impulsado por Obama y cuya poca efectividad quedó comprobada con el ataque a Jan Sheijun hace tres meses.

Debajo del ruido y de la tensión geopolítica que tiene al conflicto sirio como escenario, miles de civiles siguen sufriendo los excesos de las partes enfrentadas. Los crímenes de guerra cometidos por cada uno de los bandos y las pocas medidas efectivas que se han tomado para evitarlos hacen pensar en que durante mucho tiempo los sirios seguirán desamparados.