A propósito del atentado en Londres

¿Son locos los del Estado Islámico?

El Estado Islámico asumió la autoría de los atentados en Londres. Para Philippe-Joseph Salazar, filósofo francés, el califato no actúa con lobos solitarios sino con células de apoyo muy bien conformadas. Ya se han detenido 12 personas relacionadas con los últimos ataques en el Reino Unido.

Mensajes como este, en los que los jóvenes se dirige a los terroristas, inundan las calles de Mánchester. / AFP

De nuevo se repite el libreto: hombres armados con armas comunes (carros y cuchillos) siembran el terror. Igual a lo que sucedió en Niza o Berlín, el sábado en la noche tres terroristas, en nombre de Alá, mataron a 7 personas e hirieron a 48. El Estado Islámico se adjudicó los hechos, mientras la primera ministra británica, Theresa May, decía que había que atacar a los terroristas en sus zonas seguras, que no bastaba lanzar bombas a diestra y siniestra sino luchar contra una ideología. 

En pocas palabras, el califato está ganando la guerra más importante: la del lenguaje y las ideas. Eso explica el filósofo francés Philippe-Joseph Salazar, autor del libro Palabras armadas: Entender y luchar contra la propaganda terrorista. Este profesor de retórica de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y exalumno de Jacques Derrida y Roland Barthes, se ha consolidado como una de las voces más agudas frente a los ataques terroristas del Estado Islámico. Después de pasar años estudiando su propaganda y comportamiento, Salazar concluye que “internet se volvió contra nosotros cuando el califato comenzó a usarla como un arma de guerra”.

La música ha sido el lenguaje elegido por ciudades como París, Niza y ahora Mánchester para responder al terror. ¿Es una buena estrategia?

Para el califato, los conciertos son un signo de la degeneración de Occidente, porque, según ellos, exaltan la humanidad como algo puramente humano: sexo, canción y diversión. El espectáculo de Ariana Grande, cuyo público son niños y adolescentes, es una prueba para los ideólogos del califato de que en Occidente hemos reducido la humanidad al entretenimiento y medimos nuestros derechos y valores sólo a ese nivel. Cuando vi el ataque en Mánchester pensé inmediatamente en una famosa canción de Daft Punk: “Vamos a celebrar una vez más”. Bueno, sí, “dejemos que celebren una vez más”, dice el califato, “porque será su última vez” —Orlando, París, Mánchester— . “Cantas y luego lloras, pero no sabes que la humanidad sólo puede tener valor frente a un ideal y no a canciones pop”, dice la canción.

Dice usted que el califato es experto en el uso del lenguaje; su propaganda convence a más y más gente. ¿Cómo enfrentar eso?

Hay algo muy diciente: todavía estamos discutiendo cómo llamarlos: ISIS, ISIL, EI, Daesh, etc., mientras ellos están reclutando con éxito a miles de jóvenes en Europa para luchar por lo que hace tiempo llamaron califato.

¿Qué discurso usar?

Nuestro lenguaje se ha devaluado tanto que después de cada ataque decimos lo mismo: “barbarie”, “intolerable”, “incomprensible”. ¿Ha reflexionado la señora Ángela Merkel sobre lo que realmente significa “incomprensible”? Si el califato es incomprensible, entonces significa que ya no tenemos los recursos mentales para comprenderlo, que hemos perdido lo que era la energía de la civilización occidental: la razón. Si es intolerable, como dijo el expresidente francés François Hollande, muchas veces, ¿qué hacemos? Intolerable significa que no se puede tolerar, pero toleramos a los predicadores salafistas, pretendemos que cualquier crítica del islam es islamofobia, y así sucesivamente. Nuestra propia lengua se devalúa. En lugar de decir “ley islámica”, decimos “sharia”, una palabra que no tiene sentido en nuestros idiomas.

¿Cómo es la propaganda del Estado Islámico?

La propaganda del califato es rica, erudita y brutal, por supuesto. Pero ¿qué propaganda de Estado utiliza la teología y la filosofía, además de referencias bíblicas, con tal destreza para reivindicar sus objetivos? Ninguna. Es tiempo de que armemos nuestro lenguaje y volvamos a los fundamentos de la cultura occidental, esos que dieron forma al mundo como lo conocemos.

¿Qué tan importante es el arte, la música, en esta guerra?

El califato utiliza toda una gama de herramientas: oratoria, cantos, himnos, poesía, videos. Ejerce una verdadera influencia cultural, semejante a la del viejo comunismo cuando tenía alcance global.

¿Se está perdiendo frente al Estado Islámico?

La guerra en el terreno puede perderla el califato, pero la guerra de ideas no se detendrá: el califato es la primera ideología que usa internet y sus recursos como arma de guerra a gran escala. Nada de lo que el califato ha hecho desaparecerá: permanecerá para inspirar, dar ideas, motivar y dar forma al yihadismo del futuro.

Entonces, ¿la guerra es virtual?

Nosotros creamos internet para expandir las relaciones sociales, compartir información, etc. La herramienta se volvió contra nosotros como un arma que recluta millennials, expande una ideología y provee recursos para la guerra. ¿Y qué hacemos? Nada, los reducimos a locos y desadaptados. Pero resulta que son cultos e informados. ¿Qué hace Silicon Valley? El califato señala, con sarcasmo, que los grandes nombres de la industria cibernética son traidores a la humanidad porque sólo están impulsados por intereses económicos.

¿Qué fue lo que se nos escapó del Estado Islámico?

El resurgimiento de la religión en la política, y no sólo del islam sino de las religiones en general. Esto es lo que no hemos aprendido: el peligro que representan las religiones para la humanidad —a menos que utilicen las ideas religiosas como instrumentos, en cuyo caso no serían buenas ni malas, simplemente convenientes—. Las que están en crecimiento, como el islam, el catolicismo, el protestantismo evangélico, entre otras, quieren asignar objetivos a la política. Ese es el peligro. El califato es un movimiento populista con un gran carisma social y muy idealista.

¿Sirve seguir bombardeando en Siria e Irak?

Se han lanzado decenas de miles de bombas contra el califato, con pocos resultados. Su territorio es metamórfico, reaparecerá en el oriente, Indonesia o Filipinas, por ejemplo. El problema principal es que queremos una guerra limpia: no queremos muertos en nuestras tropas. Por el contrario, el califato ha resucitado la virilidad de la guerra, el guerrero cuerpo a cuerpo, la batalla de los hombres.

¿Cómo luchar, entonces?

Queremos una guerra abstracta, con aviones teledirigidos, armas controladas a distancia, armaduras inteligentes y el menor número de víctimas posibles. El califato se burla abiertamente del hecho de que Occidente conoce mejor lo que implica la guerra y critica que nuestras poblaciones vayan a conciertos mientras los soldados están muriendo.

El suicida en el concierto de Mánchester tenía 22 años. ¿Seguiremos viendo a jóvenes matando jóvenes?

El atacante del Manchester Arena representa lo que la juventud no debería ser para el califato. Ellos buscan despertar lo que nuestra cultura rechaza: que se puedan desarrollar ideales tan altos como para matar o morir por ellos. Y, a menos que reflexionemos y analicemos todo esto de manera tranquila y sin prejuicios, no entenderemos por qué el califato ha atraído a su causa a miles de jóvenes occidentales, la mayoría convertidos.

¿Convertidos o radicalizados?

El término radicalización es malo, hay que hablar de convertidos. No por gritar varias veces “Alá es grande” usted se entrega por una causa. Ellos desarrollan un sentido de camaradería extraordinario que no hemos entendido. No me creo eso de los lobos solitarios, todos tienen detrás una red inmensa de respaldo. A sus filas llegan ingenieros, pilotos, médicos, abogados... Atraen a las élites.

¿Cuál es la ideología del Estado Islámico?

Vivir una vida que vale la pena y morir una muerte que tenga sentido. Ellos van en contra de ser consumidores de bienes y morir de satisfacción material. Para el califato, vivimos vidas no mejores que las de los animales: nacemos, comemos, tenemos sexo, comemos, morimos…

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2017-06-04T21:14:33-05:00

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ANGÉLICA LAGOS CAMARGO

El Mundo

¿Son locos los del Estado Islámico?

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