Más de 200 muertos y 400 heridos

Sri Lanka: sangriento domingo de resurrección

Seis explosiones en la mañana y otras dos en la tarde del Domingo de Pascua sacudieron la turística isla del sudeste asiático en un atentado que no ha sido reivindicado, hasta el momento, por ningún grupo armado. Iglesias, hoteles y complejos residenciales fueron los principales objetivos.

Tras los atentados, las autoridades decretaron estado de emergencia y ordenaron toque de queda de inmediato y de duración indeterminada. / EFE

Sri Lanka, una isla de 65.000 km2 ubicada al sur de la India, de la que pocos colombianos habrán escuchado, fue testigo este domingo de uno de los peores actos de terrorismo en la historia del país. La incertidumbre, el caos y el terror envolvieron a los esrilanqueses —como se conoce los habitantes del lugar—, quienes revivieron los recuerdos de hace una década, cuando atravesaban por una larga y sangrienta guerra civil, que duró 26 años y culminó en 2009.

Aunque en Sri Lanka es poco común la violencia contra los cristianos (en comparación a los enfrentamientos entre budistas y musulmanes) y contra los complejos turísticos (sector que se ha vuelto foco de atracción para viajeros del mundo), iglesias cristianas y lujosos hoteles fueron el objetivo principal de los ocho ataques con explosivos perpetrados el 21 de abril.

Sobre las 8:45 a.m., hora local, se presentaron las primeras seis explosiones de forma casi simultánea. La primera, en la iglesia de San Antonio de Colombo, en la capital, un santuario nacional y uno de los edificios emblemáticos para los católicos del país. Otra iglesia en Katana, al oeste, y una más en Batticaloa, al este, fueron atacadas. En todas se celebraba la misa de resurrección.

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Tres de los hoteles de lujo más conocidos de la capital también fueron sacudidos por las explosiones de la mañana: el Shangri-La, el Cinnamon Grand y el Kingbury. Por la tarde, al menos dos personas más murieron en otra explosión en un cuarto hotel, ubicado en Dehiwala, en la periferia sur de la capital. La octava y última explosión tuvo lugar en Orugodawatta, al norte de Colombo, cuando un kamikaze se inmoló en un complejo residencial, matando a tres policías, según informaron autoridades.

Las imágenes que llegaban de los lugares siniestrados mostraban la magnitud de la tragedia, con una de las iglesias con el techo del templo semidestruido, escombros y cuerpos esparcidos, mientras la gente trataba de socorrerlos.

“Escenas horribles. He visto miembros arrancados esparcidos por todos lados. Equipos de emergencia están desplegados en su totalidad en todos los puntos. Hemos llevado a muchas víctimas al hospital, esperamos haber salvado muchas vidas”, relató en Twitter el ministro para las Reformas Económicas, Harsha de Silva.Según el portavoz de la Policía de Sri Lanka, Gunasekara, los muertos ascienden a 207 y los heridos a 450. Entre los fallecidos se encuentran por lo menos 32 extranjeros provenientes de Dinamarca, Bélgica, Estados Unidos, Holanda, Portugal y Reino Unido, y se estima que otra treintena más de hospitalizados sean del exterior, detalló el presidente de la Autoridad de Desarrollo del Turismo, Kishu Gomas.

Tras las explosiones, el gobierno del país decretó estado de emergencia y ordenó un toque de queda de duración indeterminada que entró en vigor de inmediato, así como un bloqueo temporal de las redes sociales.

El Ministerio de Educación, por su parte, anunció el cierre de todos los colegios del país este lunes y martes, y el Banco Nacional de Sangre pidió a los ciudadanos que dejaran de acudir en masa a donar, pues contaba ya con suficientes reservas y persistía el temor de nuevos ataques.

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Al cierre de esta edición, ningún grupo armado había reclamado la autoría de los atentados coordinados. Las autoridades se limitaron a clasificarlos como ataques “extremistas” e insistieron en prestar mucha atención a la difusión de noticias falsas que pudieran generar confusión o actos de represalia contra grupos étnicos o religiosos.

 
 

El anuncio es importante, no solo porque el país —mayoritariamente budista (70 %), en el que los hindúes representan un 12 %, los musulmanes un 10 % y los cristianos un 7 %— ha atravesado por conflictos étnicos y religiosos que no terminan de sanar; sino también porque Sri Lanka ha sido uno de los países más afectados por la utilización de plataformas y redes sociales para la difusión de noticias falsas.

Frente a esto, el presidente, Maitriipala Sirisena, realizó un llamado al público para mantener la “calma” e invitó a la población a “no dejarse influenciar por la información inadecuada y los rumores” que puedan difundirse en redes sociales “para generar pánico”.

Por su parte, el portavoz de la Policía del país anunció el arresto de 13 sospechosos de estar vinculados con los ataques, sin dar más detalles. Sin embargo, un documento mostrado a la agencia AFP por el jefe de Policía, Pujuth Jayasundara, incluye una alerta a los agentes hace diez días por “hipotéticos” atentados suicidas en “importantes inglesias”. El documento señala que los atentados estaban siendo planeados por el National Thowheeth Jamaath (NTJ), grupo musulmán racial que ha atacado varias estatuas budistas.

Un conflicto étnico-religioso que no cesa

Sri Lanka carga hasta hoy los vestigios de un conflicto que no sana. El país atravesó durante más de dos décadas por un conflicto étnico entre el gobierno nacional (de mayoría cingalesa) y el movimiento insurgente de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (los tamiles, la minoría étnica más importante, que se concentra en el norte y el noreste de la isla y representa el 15 % de la población).

Tras la independencia de Reino Unido, organizaciones de la etnia tamil (de mayoría hinduista) pelearon contra lo que consideraban una discriminación de la mayoría, perteneciente a la etnia cingalesa (budista), de la que formaban parte los miembros del gobierno. Su poco reconocimiento y participación en asuntos del país los llevaron a pedir la creación de un Estado independiente y exclusivo para ellos, los tamiles. Sin embargo, con el paso del tiempo, grupos extremistas (entre esos los Tigres) terminaron eliminando a sus rivales moderados y tomando el control del norte y el este del país, estableciendo un Estado de facto.

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Las respuestas de los gobiernos cingaleses que fueron tomando el poder solo agravaron el panorama. Enfoques de mano dura, cero tolerancia y persecución contra las guerrillas tamiles (consideradas un grupo terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea) desencadenaron en miles de torturas, asesinatos y desapariciones de civiles y críticos y opositores del gobierno. La Organización de las Naciones Unidas estima que entre 1983 y 2009, durante la guerra civil y étnica, murieron entre 80.000 y 100.000 personas. Sus devastadoras consecuencias persisten hasta hoy.

En los últimos cinco años, enfrentamientos entre budistas y musulmanes también han sido recurrentes. En 2017 se produjeron cerca de 16 incidentes violentos contra musulmanes, que generaron la creación de “comités de reconciliación” en todos los distritos del país. El mismo año, la Alianza Nacional Evangélica Cristiana de Sri Lanka registró un centenar de casos de discriminación contra los cristianos de la isla. Todo esto llevó a que, en 2018, el Gobierno declarara 12 días de estado de emergencia.

Hoy, en el país, reina la paz de los vencedores, pues la sangrienta guerra civil terminó cuando el líder de los Tigres, Velupillai Prabhakaran, murió el 17 de mayo de 2009 en un combate. Sus seguidores, diezmados, y aislados, se rindieron dos meses después. Sin embargo, desde entonces, la reconciliación no ha tenido cabida. Los tamiles, víctimas de violaciones de derechos humanos por ambos bandos del conflicto, siguen sin autonomía política y muchos no han podido regresar a sus hogares.

Reacciones internacionales

La comunidad internacional reaccionó con conmoción ante la tragedia. Mandatarios y autoridades de países vecinos, como la India, Pakistán e Indonesia, así como miembros de la Unión Europea (UE), Estados Unidos, países latinoamericanos y comunidades religiosas se pronunciaron frente a los atentados.

Colombia lamentó los hechos y aunque no se han reportado víctimas colombianas, hasta ahora, la Cancillería activó sus canales (www.cancilleria.gov.co) para recibir solicitudes de asistencia tanto de los connacionales como de sus familiares que hayan podido resultar afectados.

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“He escuchado con tristeza la noticia de los graves atentados, precisamente hoy, día de Pascua. Deseo mostrar mi cercanía más afectuosa a la comunidad cristiana, golpeada mientras se encontraba en oración”, aseguró el papa Francisco.

“No logro imaginar cómo un ser humano pueda atacar a personas pacíficas durante su día de fiesta”, comentó el gran imán de la institución del islam sunita Al Azhar, el jeque Ahmed al Tayeb, en el Twitter de la organización. “El instinto de estos terroristas contradice los preceptos de todas las religiones”, agregó.

Rusia y Estados Unidos también se pronunciaron: “Rusia ha sido y sigue siendo un socio fiable de Sri Lanka en la lucha contra la amenaza del terrorismo internacional. Espero que los autores de este cínico crimen reciban el castigo merecido”, dijo Vladimir Putin. Donald Trump, por su parte, dio “unas sentidas condolencias de la gente de Estados Unidos a la de Sri Lanka. ¡Estamos listos para ayudar!”.