Opinión

Torre de Tokio: Teruo y las batatas

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Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Con el pretexto de conocer mejor a su futuro yerno (un agrónomo recién graduado de la Universidad de Tokio), una familia amiga lo invitó a cenar y quedó sorprendida con el fervor del joven para exponer, promover y defender el futuro mundial de la batata.

Las dos horas de la cena no le alcanzaron al aplicado joven, llamado Teruo, para explicar el impacto económico y social que tendrá el nutritivo tubérculo cultivado desde hace cinco siglos en países asiáticos como Japón y Corea del Sur, además de China, donde crece cerca del 90 % de la producción mundial. Como Teruo habló de la popularidad en América del también llamado camote o boniato, y se explayó en sus milenarios orígenes caribeños, mis amigos le prometieron presentarnos de inmediato. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Estaban convencidos de que el único colombiano que conocen en Tokio tendría una enorme colección de recetas y anécdotas infantiles relacionadas con aquella prima lejana de la papa que, según algunas versiones, fue llevada por Colón al Viejo Mundo y llegó a Asia a bordo del Galeón de Manila en el siglo XVI.

Tuve que explicarles que solo la había probado en la costa atlántica, en la casa de la familia de un compañero de universidad, y aclaré que en mi infancia caldense, mi adolescencia paisa y mi juventud bogotana, la batata había brillado por su ausencia. En internet encontré mensajes indignados por la displicencia colombiana hacia el cultivo de la planta, famosa por no requerir apenas fungicidas y con un instinto casi animal para protegerse de sequías y huracanes.

Lo incipiente de su cultivo causa aflicción entre los agrónomos y nutricionistas colombianos conscientes de que, además de ser una bomba de vitamina A, la batata es la candidata de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura para remediar la deficiencia de vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales de casi 2.000 millones de personas víctimas de la “hambre oculta”.

En Japón la llaman “papa de Satsuma” (Satsuma-imo), pues entró al archipiélago por esa región sureña y se fusionó con ingredientes locales, dando origen a una larga lista de recetas que incluye sopas, guisos, ensaladas, pasteles, jugos y postres. Los japoneses mayores la veneran por recordar que, en tiempos de hambruna y guerras, los modestos huertos de batatas fueron la tabla de salvación de muchas familias.

Como nada de esto será novedad para Teruo, prometí suplir mi carencia de recuerdos colombianos compartiendo la receta de mis amigos costeños, que consiste en una sencilla ensalada de remolachas, zanahorias y batatas, cocidas, cortadas en cubos y bañadas en una salsa de mayonesa y crema de leche. Irresistible, según comprobé, para paladares de cualquier continente.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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