Trump: con la justicia en su bolsillo

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El presidente de Estados Unidos tiene a casi todas las cortes federales a su favor, y ahora va por la Corte Suprema. Dijo que tiene cinco candidatas para suceder a Ruth Bader Gingsburg, pero, al parecer, la elegida será Amy Coney Barret, religiosa y muy conservadora.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla de la Constitución y del sistema democrático como habla de las mujeres: con desprecio. “Cuando tienes el Senado, cuando tienes los votos, puedes hacer lo quieras siempre que lo tengas”, dijo el lunes en una entrevista con Fox & Friends.

Sus palabras revivieron inmediatamente el episodio de la cinta de Access Hollywood que se publicó en octubre de 2016, en la que el entonces candidato decía que “cuando eres una estrella (las mujeres) te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa… agarrarlas por el coño”.

Ambos comentarios reflejan la esencia de un hombre que está acostumbrado a hacer lo que se le antoja y a no encontrar oposición. Pero por degradante que suenen sus palabras ahora sobre la política, Donald Trump tiene razón: puede hacer lo que le plazca.

La concentración de poder en la que se encuentra elpaís es un peligro. El presidente ya no solo tiene al Legislativo de su lado sirviéndole a su antojo. La frecuencia con la que los senadores republicanos votan a favor de Trump es de un promedio del 90 %, de acuerdo con un análisis hecho por El Espectador a los datos recolectados del proyecto FiveThirtyEight.

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Además de esto, el presidente poco a poco se ha metido a las cortes en el bolsillo. Hasta julio, Trump había designado a casi una cuarta parte de todos los jueces federales activos en el país, cargos que son vitalicios. Ha designado a más jueces de tribunales de apelaciones federales que cualquier otro presidente reciente en el mismo período, casi en su totalidad blancos y conservadores. Ahora va por la Corte Suprema, en donde ya ha puesto a dos magistrados y está a punto de poner a un tercero. Pero, ¿cuál es el problema de que Trump ponga a un nuevo juez?¿es ilegal?

No, no es ilegal. Pero sí es una falta de ética histórica de parte de los republicanos. La muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg fue un terremoto político en el país, porque a 46 días de las elecciones dejó una vacante en el máximo tribunal. Es la muerte de una magistrada de la Corte Suprema que más cerca ha estado del día electoral después del fallecimiento de Roger Taney, en 1864, a 27 del día de elecciones. Y no pasaron ni dos horas para que el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, apuntara a que Trump tenía derecho de nominar a un juez para llenar esa silla. El Senado es el que aprueba las nominaciones, y ahí se concentra el lío ahora.

En febrero de 2016, cuando el juez de la Corte Suprema Anthony Scalia falleció, quedaban 269 días para las elecciones. El presidente Barack Obama se preparaba para nominar al jurista Merrick Garland para llenar esa vacante en marzo, un mes después de la muerte de Scalia. Pero los republicanos, que para ese entonces también controlaban el Senado, le dijeron que no podía presentar nominados porque el proceso le correspondía al próximo presidente, dado que estaban en la mitad de un proceso electoral. ¿Ven la contradicción?

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Los republicanos se negaron entonces, pero a Trump sí le aprobaron la nominación. El argumento de estar en medio de unas elecciones ya no es válido. Y sí, el Senado y el presidente tienen la autoridad legal para aceptar y confirmar a un nominado. Sin embargo, el hecho de que se hayan establecido dos conjuntos de normas para este proceso es peligrosamente antidemocrático. La confianza en el tribunal queda minada y se sienta un mal precedente para que la Corte quede politizada. El Partido Republicano le dijo abiertamente a los estadounidenses que las reglas se aplican dependiendo de si ellos están o no en el poder y si esto les conviene.

Nombrar a jueces es una tarea de una responsabilidad inmensa. Trump la ha usado para apremiar a su electorado y a los sectores que apoyan su reelección. De hecho, Trump estaba esperando por la muerte de Ginsburg hace dos años para satisfacer al sector religioso que lo acompaña. Dijo que tenía “cinco mujeres en la lista y todas me gustan”, entre ellas Bárbara Lagoa, jueza conservadora de Miami de origen cubano.

Sin embargo, analistas dicen que la nominada a la Corte que presentará el presidente este sábado será la jueza Amy Coney Barrett, miembro de la comunidad cristiana People of Praise, considerada para ocupar la silla que terminó llenando el juez Brett Kavanaugh en 2018. “La estoy guardando para Ginsburg”, sentenció el mandatario. Los jueces federales ejercen un poder inmenso en decisiones como quién puede casarse, quién recibe atención médica y hasta quién puede votar. Esta última es la más importante.

Y es que cuando pasen las elecciones, la Corte Suprema va a examinar casos muy importantes: los argumentos sobre el Obamacare serán escuchados el 10 de noviembre, una semana después de ir a las urnas. También se podría retomar el debate para terminar con el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). El derecho a la posesión de armas por la Segunda Enmienda también podría ser revisado próximamente, pero no para limitar la posesión, sino para ampliarla, pues los jueces están presionados por los activistas conservadores pro-Trump para establecer un derecho constitucional aún más indulgente.

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Pero hay muchos otros casos importantes que demuestran por qué es tan relevante la nominada de Trump. Coney Barrett, una mujer que ha sido comparada con los personajes del libro El cuento de la criada por sus posiciones sobre las mujeres, ha dicho que el hombre es la cabeza y debe tener la autoridad sobre todo.

La llegada de esta jueza conservadora y religiosa deja en evidente peligro los derechos de la comunidad LGBT, pero sobre todo a las protecciones al aborto que se consiguieron con el fallo de Roe vs. Wade en 1973. Un nuevo conservador en la Corte empujaría el apoyo del tribunal de su actual centro ideológico a la derecha.

Estos son quizá los fallos más mencionados en los medios, pero no hay que olvidar que los conservadores también están buscando reducir las normativas medioambientales que regulan a las compañías y la más importante de todas las batallas: las reglas electorales. Ahora mismo, varias cortes federales se disputan cuáles votos son válidos. Trump está apostando a que esas decisiones en los tribunales federales lo ayuden a obtener la victoria.

“Ahora contamos con el sistema judicial federal para lograrlo, para que podamos tener una noche en la que sepamos quién gana, no dónde se contarán los votos una semana después o dos semanas después”, dijo el presidente esta semana.

Con unas elecciones tan apretadas como estas, es probable que surja un litigio Bush vs. Gore en el que el vencedor de la carrera presidencial se decidió en la Corte Suprema.

Todo este escenario se pudo evitar si cuatro senadores republicanos hubieran votado a favor de tener el proceso de nominación luego de las elecciones, pero solo se consiguieron dos votos. Y acá es donde entra la última joya de estas elecciones. Los estadounidenses no solo están votando por el presidente, sino por la renovación de un tercera parte del Senado.

Hay 35 carreras senatoriales en las que los republicanos deberán defender 23 escaños. Si los demócratas consiguen cuatro de estos escaños, que es posible, obtendrán el poder tanto en la Cámara Baja como en la Cámara Alta para el siguiente periodo. Y con ello podrían comenzar a debatir, en caso de que Trump consiga llenar la vacante de Ginsburg ahora, cómo alterar la composición o los poderes de la Corte Suprema. Incluso se habla de sumar nuevos jueces para que ya no sean solo nueve.

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Estados Unidos ya no está votando por cuatro años de gobierno, sino por dos décadas. El próximo presidente también podría llenar dos vacantes de la Corte, considerando las edades de los jueces ahora. Las elecciones más interesantes de la historia del país.

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