Trump echa para atrás los avances de Obama con Cuba

EEUU castiga a la cúpula militar de Cuba con sanciones que pueden afectar a los cubanos.

AFP

En septiembre de 2015, Barack Obama pidió frente a la ONU el fin del embargo de 50 años de Estados Unidos a Cuba. En octubre de 2016, y por primera vez en la historia, su país se abstuvo de votar a favor del embargo, lo que simbólicamente significó un viraje enorme en cuanto a las relaciones diplomáticas de ambos países. Fue el mayor logro alcanzado en ese sentido por un mandatario demócrata.

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Pero una vez Donald Trump llegó al poder, prometió emitir nuevas sanciones contra la isla. Ya empezó a cumplir su promesa. 

Con las restricciones a los viajes a Cuba y los negocios con firmas vinculadas a las Fuerzas Armadas, EEUU busca castigar a la cúpula militar del país, que controla buena parte del sector turístico, aunque esas sanciones serán más nocivas para los emprendedores del sector privado que Trump dice proteger.

Las medidas, que entran hoy en vigor, suponen un cerrojazo a los negocios desde EEUU con el conglomerado Gaesa, dueño de Gaviota -principal grupo turístico con 83 hoteles, que albergan casi la mitad de las 65.000 habitaciones que hay en la isla, y cinco marinas-, o Cimex, que posee la mayor red de tiendas minoristas y controla en torno al 10 % del intercambio comercial de Cuba.

Desde hace un año tiene el mando de Habaguanex, la empresa estatal propietaria de los hoteles, comercios y restaurantes de La Habana Vieja, casco histórico de la capital cubana, el lugar de la isla por el que pasan más turistas.

"Gaesa tiene un peso importante, sobre todo en el turismo, pero el 70 % de la economía cubana se sustenta en sectores fuera de su control, como el azucarero, el níquel, la producción de ron o tabaco, la biotecnología o la explotación de petróleo", explicó a Efe Juan Triana, del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Hay poca transparencia en Cuba sobre la magnitud de Gaesa, cuyos tentáculos llegan también a la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, proyecto estrella de Cuba para atraer capital foráneo, y a entidades del sector de defensa y seguridad, con las que las empresas estadounidenses tampoco podrán hacer negocios.

Gaesa es también dueño de una mínima parte de Etecsa, el monopolio estatal de las telecomunicaciones, aunque esa firma no figura en la "lista negra" de empresas cubanas publicada por el gobierno estadounidense.

El conglomerado nació modestamente en los años 80 y experimentó un fuerte crecimiento cuando Raúl Castro llegó a la Presidencia del país y puso en manos de militares de su confianza numerosas empresas estatales, que según empresarios extranjeros con negocios en Cuba, son ahora las más serias y eficientes.

No en vano, el presidente de Gaesa es el general de brigada Luis Alberto López Calleja, que fue yerno del mandatario.
Pese a las restricciones de EEUU, Triana aseguró que los negocios de Gaesa no sufrirán demasiado, ya que los intercambios con empresas de EEUU son "casi insignificantes".

Sí se verán resentidos sus hoteles, que ya no podrán alojar estadounidenses, aunque éstos sí se podrán hospedar en otras cadenas estatales como Cubanacán o Gran Caribe, que no pertenecen a Gaesa.
Sin embargo, la peor parte del impacto de las nuevas sanciones de EEUU se la va a llevar el pueblo cubano, en particular el más de medio millón de emprendedores del incipiente sector privado, que indirectamente emplea a en torno al 25 % de la fuerza laboral.

Según Triana, la postura de EEUU es "absolutamente hipócrita, tonta e ingenua" al afirmar que su objetivo es "alentar al Gobierno a avanzar hacia una mayor libertad política y económica para el pueblo cubano".
"Si dificulta los viajes de estadounidenses, los que van a sufrir son los cuentapropistas que tienen restaurantes o casas de renta y que viven fundamentalmente del turismo", explicó Triana.

Aunque mantiene las doce categorías que permiten a los estadounidenses viajar a Cuba -el turismo libre sigue vetado-, la administración Trump ha eliminado los viajes individuales dentro de la categoría "pueblo a pueblo", que eran los más numerosos por ser más baratos y requerir menos trámites.

Ahora sólo podrán visitar Cuba en viajes en grupo organizados por agencias bajo los requisitos que impone EEUU.
Pese a Trump, EEUU es hoy el segundo mercado emisor de visitantes a Cuba: el año pasado visitaron la isla unos 285.000 visitantes y este año rondarán los 400.000, según agencias de viajes estadounidenses.

"A pesar de la retórica de Washington, no hemos notado un declive de la demanda. Muchos americanos siguen intrigados por conocer la rica cultura e historia de Cuba y todavía pueden viajar amparados en otras categorías", indicó a EFE Collin Laverty, presidente de Cuba Educational Travel, agencia que organiza viajes legales a la isla.

Laverty coincide con Triana en que el mayor impacto va a ser para el sector privado, que se ha beneficiado ampliamente del aumento de los viajes individuales desde EEUU: "Muchos estadounidenses se alojan en casas de Airbnb, comen en paladares y contratan taxis o guías privados".

En toda Cuba, hay unas 21.000 casas particulares de renta y más de 2.000 "paladares" privados, negocios que se han propagado como la pólvora al calor del "boom" del turismo de los últimos tres años, motivado en gran medida por el deshielo con EEUU.
"Ahora van a verse golpeados duramente por esas medidas dañinas y contraproducentes", aseveró Laverty, que también se refirió a la "hipocresía" de la administración Trump que retoma políticas de la Guerra Fría con Cuba mientras hace negocios con otros países comunistas como China y Vietnam.