Trump, entre el amor de Hong Kong y el enojo de Beijing

La última jugada diplomática del presidente estadounidense, en apoyo a las manifestaciones en Hong Kong, ha despertado alabanzas por parte de los hongkoneses y represalias por parte del gobierno chino. ¿Por qué lo hizo?

Bajo el lema "Hagamos de Hong Kong grande de nuevo", miles de manifestantes pro-democracia demuestran su apoyo al presidente estadounidense Donald Trump en Hong Kong.EFE

Cientos de banderas estadounidenses y carteles de una versión surrealista de Donald Trump en el cuerpo de Rocky Balboa desfilaron por las calles de Hong Kong el fin de semana. Los manifestantes hongkoneses, que desde hace ya casi nueve meses protestan por mayor democracia en su región, se han entregado en alabanzas al presidente estadounidense luego de que este firmó la ley de Derechos Humanos y Democracia para vigilar el trato que reciben del gobierno chino. Con esta nueva normativa, de ahora en adelante el secretario de Estado de EE. UU. deberá certificar anualmente que este territorio goza de un nivel de independencia y que mantiene su estatus comercial preferente, además de que abre la posibilidad a sanciones y restricciones a funcionarios chinos que cometan violaciones a los derechos humanos en esta región semiautónoma.

La respuesta de Beijing, desde luego, no se hizo esperar, y el gobierno chino ya comenzó a tomar represalias por la decisión del mandatario de Estados Unidos que incluyen la suspensión de visitas de la armada estadounidense a Hong Kong y sanciones a cuatro organizaciones no gubernamentales con sede en Estados Unidos. Los medios nacionalistas chinos, como el Global Times y el Diario del Pueblo, tampoco desperdiciaron prosa en atacar la medida, a la que calificaron como una “provocación” y una “práctica mezquina” que seguro sería “condenada por la comunicad internacional”. La decisión de Trump se encargó de minar más las relaciones entre estas dos potencias, por lo que muchos se preguntan por qué en medio de las negociaciones de un acuerdo comercial con el gigante asiático Trump hizo una jugada tan arriesgada.

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“Firmé estos proyectos de ley por respeto al presidente Xi Jinping, a China y al pueblo de Hong Kong. Se están promulgando con la esperanza de que los líderes y representantes de China y Hong Kong puedan resolver sus diferencias de manera amigable, lo que conducirá a la paz y la prosperidad a largo plazo para todos”, dijo Trump tras firmar la ley.

La aprobación de Trump a esta ley de solidaridad con los manifestantes en Hong Kong es una jugada arriesgada, pero era inevitable. Más que tratarse de apoyo a la lucha democrática de los hongkoneses, se trató de evitar una lucha con el Legislativo. El Congreso estadounidense había presionado a la Casa Blanca para firmar el proyecto. Esta no era una acción de un solo partido, pues tanto demócratas como republicanos trabajaron en la legislación, mostrando un infrecuente consenso partidista en medio del polarizado clima político al que está acostumbrado el Legislativo. Por ello, era imposible para el presidente rechazar la medida. Le puede interesar: El motivo de las banderas de EE. UU. en las protestas de Hong Kong

“Ha habido un fuerte apoyo bipartidista para las protestas de Hong Kong, y ambos proyectos de ley fueron aprobados por unanimidad en el Senado de Estados Unidos el martes pasado. Incluso si Trump vetaba los proyectos de ley, había suficiente apoyo para que el Congreso anulara su decisión. Probablemente hizo los cálculos y decidió firmar la legislación en lugar de abrir un nuevo duelo con el Congreso”, explica el analista de asuntos internacionales de la BBC y CNN, Michael Bociurkiw.

El otro proyecto de ley firmado por Trump sobre la crisis en Hong Kong prohíbe la exportación de municiones de control de multitudes elaboradas en Estados Unidos, tales como pistolas aturdidoras, gases lacrimógenos y balas de goma, a Hong Kong. Esto es muy significativo si se tiene en cuenta que las autoridades hongkonesas han usado este tipo de elementos contra la población causando varios heridos, y muchas de esas armas son producidas por NonLethal Technologies Inc., una compañía con sede en Pensilvania. Así que ahora, los policías de Hong Kong tendrán que abastecerse de suministros elaborados en China. Todo esto hizo que los manifestantes agradecieran al gobierno estadounidense y que ahora lo vean como una especie de protector al que incluso le piden ayuda para su “liberación”. Pero ¿qué significa esto para la diplomacia y las conversaciones comerciales entre las dos potencias?

Esta decisión le ha dado sin dida un golpe a las relaciones entre ambos países. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, describió la legislación como “una locura que dañará la relación entre ambos países” y que había “sacudido la confianza mutua entre las dos naciones”.

“En este momento, la relación China-Estados Unidos ha alcanzado una encrucijada crítica. Lamentamos ver que algunos políticos en los Estados Unidos ahora están difamando, atacando y calumniando a China en un nivel cercano a la locura”, dijo Wang respecto a las posiciones en el Congreso estadounidense.

Las palabras de ira del gobierno de Beijing demuestran que, en efecto, la decisión de Trump trastocó los lazos entre las dos naciones que ya se veían severamente afectados por la guerra comercial.

“Beijing desprecia sufrir una pérdida de la cara. Quizás sepa que la legislación firmada por Trump viene con malas relaciones públicas. Pero, por otro lado, también sabe que Trump, que puede no desear dañar aún más las relaciones con China o dañar a las empresas estadounidenses con operaciones sustanciales en la ciudad. Así que probablemente usará las disposiciones con moderación, si es que lo hace. China parece de mala gana convertir la legislación de Hong Kong en un irritante comercial importante. Está ansiosa por un acuerdo, y sabe que Trump, presionado por la creciente desesperación entre su base (como los agricultores) antes de las elecciones presidenciales, necesita sellar un acuerdo. Por otro lado, China, ante una desaceleración de la economía que podría desencadenar disturbios, tiene poco espacio para maniobrar”, recalca Bociurkiw.

Sin embargo, la “diplomacia de berrinche” de Trump, como dice Bociurkiw, es impredecible, contraintuitiva y egoísta. Este martes el presidente republicano ofreció un nuevo giro sobre la batalla con China al minimizar la posibilidad de un nuevo acuerdo comercial, afirmando que le gustaría esperar hasta después de las elecciones presidenciales de 2020 para sellarlo. El secretario de Comercio de EE. UU., Wilbur Ross, confirmó que los aranceles a las importaciones de bienes chinos serán impuestos el 15 de diciembre “a menos que haya una razón de peso para posponerlos”, por lo que se prevé que la guerra comercial no tenga fin este año y que continuará siendo un tema fundamental en la agenda mundial.

 

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- Redacción Internacional

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Trump, entre el amor de Hong Kong y el enojo de Beijing

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