Trump y Biden, en manos de las mujeres

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En todas las elecciones presidenciales de EE. UU. desde 1964, más mujeres que hombres han acudido a las urnas; ellas pueden decidir quién se sentará en la Casa Blanca. Por ahora, parecería que Joe Biden lleva la ventaja.

Si nos devolvemos en el tiempo, a mediados del siglo XIX, veremos a Elizabeth Cady Stanton y a Lucretia Mott, luchadoras incansables en pos de la igualdad, organizando la primera convención sobre los derechos de la mujer en Seneca Falls, Nueva York. No fue necesario esperar la 19ª enmienda en 1920 -que otorgó a las mujeres el derecho al voto- para que ellas tomaran decisiones políticas; Stanton y Mott comenzaron el primer movimiento de mujeres sufragistas. Y lograron lo que para muchos fue un cambio radical: la voz de las mujeres a través del voto.

Puede que su participación electoral no fuera nada contundente en las primeras décadas, pero con el tiempo se configuró la noción del “voto de las mujeres” casi que como un grupo, uno con preferencias políticas distintas entre ellas, y que ahora, exactamente un siglo después, puede llegar a decidir quién se sentará en la Casa Blanca. Un dato: en todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1964, más mujeres que hombres han acudido a votar. Y esa tendencia se confirmó en las últimas dos elecciones, donde las mujeres superaron a los hombres en cerca de 10 millones de votos.

En 2016, la mayoría de ellas votaron por Hillary Clinton. Estamos hablando de un 54 % de los votos femeninos, porcentaje superior al 41 % de las mujeres que votaron por Donald Trump, según el Pew Research Center. Es indiscutible que ellas son las grandes aliadas de los demócratas desde 1992. Aun así, la victoria de Trump desconcertó a muchos analistas, pues se creía que las mujeres eran el impulso de Clinton para llegar a la Casa Blanca. ¿Qué pasó?

Podemos hablar del “voto de las mujeres”, pero no podemos meter su cultura política y su comportamiento electoral en el mismo saco. Jennifer M. Piscopo, profesora de ciencia política en la Universidad en Los Ángeles, escribió en la Smithsonian Magazine que “las preferencias de las mujeres están determinadas por identidades como la raza, la clase, el nivel educativo y la edad”.

Y precisamente una de las tantas cosas que impulsaron a Trump entre las mujeres fue la raza. De acuerdo con un análisis del Washington Post, el 61 % de las mujeres blancas sin un título universitario votaron por el hoy mandatario. Una diferencia abismal si vemos el comportamiento electoral de las mujeres afroamericanas: Clinton se llevó más del 90 % de estos votos.

“La autopsia de las elecciones sugirió que, si bien la mayoría de las mujeres no votaron por Trump, las mujeres blancas sí lo hicieron (...). Las diferencias raciales ayudan a explicar en gran parte la brecha de género”, explicó Piscopo. Y es que esa brecha, de 11 puntos porcentuales, no se registraba desde 1996, según el Centro de Mujeres y Política de Estados Unidos.

Clinton y un sector de las feministas

Ahora, que Clinton sea mujer tampoco daba por sentado que todo el voto femenino fuera para ella; no para todas las estadounidenses merecía el título de la primera mujer presidenta de Estados Unidos. “La idea de votar por una mujer simplemente por el hecho de ser mujer es casi lo contrario de lo que estamos hablando en nuestro movimiento feminista”, explicó Carly Gilmore, estudiante de la Wesleyan University a la revista New York Magazine en febrero de 2016.

Aquí podríamos hablar de la noción de interseccionalidad, un concepto que propuso Molly Roberts, periodista del “Washington Post”, para explicar por qué no era suficiente para Clinton con ser mujer. “La palabra es una abreviatura de la idea de que es imposible separar las identidades sociales. El género, la raza o la clase se cruzan tan intensamente, que centrarse en una sola identidad, necesariamente descuidaría a la otra”.

“El género de una mujer, en esta forma de pensar, no puede considerarse por separado de su raza. Clinton puede ser una mujer, pero también es blanca y, por lo tanto, privilegiada (...) Puede que comprenda las preocupaciones de algunas estadounidenses, pero no comprende las preocupaciones de aquellas que han sufrido la mayor opresión: las pobres, las no blancas y las homosexuales”, argumentó Roberts.

¿Las mujeres le apostarán al demócrata?

La tendencia no muestra lo contrario. Encuestas nacionales de octubre -The New York Times / Siena- hablan de una brecha de género de hasta 16 puntos porcentuales, una cifra casi que histórica, con una clara ventaja de Joe Biden con el 58 % del voto femenino, frente a Donald Trump, que se llevaría el 35 % del voto de las mujeres.

Hay otros sondeos -como las cifras de The Economist / YouGov- que dicen que la brecha de género no superará los 11 puntos porcentuales que se dieron con Clinton y Trump. Aun así, las encuestas favorecen al candidato demócrata: El 51 % del electorado femenino le apostaría a Biden, mientras que el voto para Trump sería del 37 %.

Y no sería raro que ellas le dieran la espalda al hoy mandatario, ya que al menos 17 mujeres han acusado a Trump de conducta indebida o agresión sexual, según el Washington Post en 2016. Esto sin mencionar que Trump intentó a toda costa acabar con el Obamacare, que según cifras del Center of American Progress, son más de “61 millones de mujeres las que tienen cobertura de anticonceptivos por este programa y han ahorrado $1,4 mil millones anuales solo en anticonceptivos orales”.

Y si seguimos por la misma línea, Trump no solo cumplió su promesa de reducir los fondos federales para el aborto, sino que en 2016 el candidato se comprometió a nombrar jueces que defendieran la causa provida. Y así fue, semanas antes de las elecciones presidenciales llegó Amy Coney Barrett a la Corte Suprema de Justicia. Una ferviente católica de 48 años opuesta al aborto y al Obamacare. Ella sucederá a Ruth Bader Ginsburg, una feminista ícono del progresismo.

¿Qué buscan las mujeres?

“Ellas son votantes pragmáticas”, dijo la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, a AP. “Nos preocupamos por nuestros hijos. Nos preocupamos por nuestros padres. Nos preocupamos por la seguridad económica. Y entonces, los candidatos que defienden esos valores y demuestran que pueden ser seres humanos buenos y decentes es algo que sé que resuena. Y creo que este momento, con esta Casa Blanca, es más agudo que nunca”.

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